La Organización Marítima Internacional (OMI) ha condenado el recrudecimiento de los ataques contra buques mercantes civiles que operan en el mar Negro y el mar de Azov, una escalada que vuelve a situar la seguridad de la navegación comercial en el centro de las preocupaciones del sector marítimo internacional. En una declaración emitida ayer, el secretario general de la OMI, Arsenio Domínguez, ha expresado su «profundo pesar» por la sucesión de ataques registrados durante la última semana contra embarcaciones civiles, al tiempo que recordó que las amenazas a la libertad de navegación continúan agravándose en distintos escenarios geopolíticos.
Domínguez ha advertido de que, aunque la atención internacional se ha concentrado recientemente en la crisis del estrecho de Ormuz, los riesgos para la navegación comercial persisten en otras rutas estratégicas. En este sentido, ha subrayado que la seguridad de la gente de mar sigue viéndose comprometida por conflictos que afectan directamente al transporte marítimo internacional.
El máximo responsable de la OMI ha condenado «todos los ataques injustificados contra buques mercantes civiles derivados de conflictos geopolíticos», al considerar que estas acciones ponen en peligro la vida de las tripulaciones, amenazan la seguridad de la navegación, alteran las cadenas de suministro globales y debilitan los principios que sustentan el comercio marítimo internacional.
Respetar el derecho internacional
Asimismo, ha hecho un llamamiento a todas las partes implicadas en los conflictos para que respeten el derecho internacional, eviten cualquier acción que comprometa la navegación mercante o el medio marino y garanticen la protección de los marinos civiles. «La gente de mar nunca debe convertirse en víctima de conflictos de los que no forma parte», ha afirmado Domínguez, quien ha insistido en que todos los profesionales del sector marítimo tienen derecho a desempeñar su trabajo en condiciones de seguridad, con independencia de la zona en la que operen. La declaración coincide con un nuevo incremento de la tensión en las aguas del mar Negro y del mar de Azov, dos espacios estratégicos para el comercio internacional cuya estabilidad continúa condicionada por el conflicto en la región.

