La Inteligencia Artificial (IA) ha dejado de ser una herramienta experimental para convertirse en un utensilio real usado, tanto en procesos, como en las actividades de construcción en el sector naval. El diseño, el mantenimiento predictivo, la navegación autónoma, la gestión de operaciones portuarias o la seguridad marítima son algunas de las áreas donde se experimentan sus beneficios.
En los astilleros más innovadores, ya se están optimizando los diseños, los procesos de ingeniería, a través de los algoritmos que pueden analizar una gran cantidad de datos, incluidos los datos de diseño históricos, los patrones de rendimiento y los factores medioambientales, que permiten perfeccionar las estructuras, organizar la distribución de los pesos o mejorar la eficiencia energética e hidrodinámica, sugiriendo diseños de buques más eficientes e innovadores. En ellos, los gemelos digitales pueden simular el comportamiento de los buques en diversidad de condiciones mucho antes de ser botados. La IA puede analizar datos en tiempo real de los sensores a bordo, incluyendo las condiciones climáticas, consumos de combustible y rendimiento del motor para optimizar las operaciones y elegir las rutas de navegación que evitan el clima adverso y establecer la velocidad óptima para el consumo de combustible.
Una vez construido el barco, el uso del mantenimiento predictivo, a través de sensores a bordo, permite anticipar fallos, tanto en los motores, como en los sistemas eléctricos o la propulsión, lo que se traduce en una reducción de costes operativos y en tiempo de inactividad del buque.
Por lo que respecta a las operaciones portuarias y las actividades de logística, los algoritmos predictivos permiten optimizar el atraque, la carga y la descarga de los buques, además de mejorar la trazabilidad y eficiencia del transporte marítimo. Sin olvidar que puede ser una ventaja competitiva para que los buques cumplan con la reglamentación medioambiental al proporcionar la monitorización real de las emisiones en tiempo real.
Y en la aún incipiente navegación autónoma, ya hay empresas que están probando prototipos capaces de funcionar sin un humano al timón en recorridos cortos y regulares. No obstante, todavía estamos lejos de su implantación generalizada en el ‘mundo real’. Porque, a pesar de que la tecnología para construirlos existe, deben funcionar inmersos en un entorno que aún no está automatizado, por lo que es necesario garantizar que podrán navegar de forma segura en océanos llenos de barcos tripulados y adaptar las normativas internacionales.
Además, pese a los avances que se están logrando, todavía hay importantes retos que afrontar para una implantación plena de la IA en el ámbito naval. Uno de los principales es la falta de estandarización y regulación. A ello se suman riesgos en ciberseguridad, la necesidad de una formación especializada de los empleados o la dificultad que tienen los astilleros tradicionales, especialmente los de menor tamaño, para adoptar estas tecnologías debido a la elevada inversión y las actualizaciones tecnológicas que hay que realizar para integrarla en las infraestructuras existentes.
Para el futuro, se espera que el desarrollo de la IA navegue hacia la automatización total de algunos tipos de buques, hacia la optimización de la gestión energética para reducir emisiones y hacia un uso más intensivo de gemelos digitales, tanto para la operación, como para la formación de tripulaciones.
Lo que está claro es que la IA no solo representa una mejora técnica, sino una transformación estructural que exige una visión estratégica a largo plazo. El reto está en convertir la innovación en una ventaja competitiva real para la industria naval española. Se puede decir que acabamos de zarpar en el proceloso mar de los algoritmos y debemos invertir para que la innovación tecnológica nos ayude a sortear las vicisitudes que nos depare la travesía.
Eva Novoa
Directora general de Soermar

