Me es muy difícil escribir este artículo, una vez conocida la triste noticia del fallecimiento de mi amigo Juan Zamora Terrés.
La amistad entre ambos comenzó cuando éramos unos jóvenes oficiales en los buques, allá por los albores del Sindicato Libre de la Marina Mercante. La profesión nos separó, pero nunca la amistad. Nos volvimos a reencontrar, Juan en el Instituto Social de la Marina y el que suscribe en la Escuela Náutica de Barcelona como profesor no numerario (los antiguos llamados PNN) y transcurridos unos años después de nuevo en Madrid, cuando desempeñaba por aquellos tiempos el cargo de director general de la Marina Mercante y Juan creó NAUCHERglobal.
Recuerdo como si fuera hoy el brillo que desprendían sus ojos, la ilusión, el ímpetu y la fuerza con la que me exponía su proyecto periodístico de crear una un nuevo medio informativo e introducirlo en el mercado, lo que logró con éxito no sin algún disgusto y que vino a demostrar, a pesar del tiempo pasado, el enorme espíritu de lucha y empuje que siempre tuvo a lo largo de toda su vida.
Este espíritu de lucha, su integridad y su rigurosidad en el planteamiento de sus opiniones resultaba molesto al poder político y sus adláteres e hizo que surgieran ciertas animadversiones hacia su persona, lo que le origino multitud de contratiempos y prueba de uno de ellos, fue cuando se le propuso para presidente de la Comisión Permanente de Investigación de Accidentes e Incidentes Marítimos (Ciaim), presentando su amplio currículo profesional y los diferentes títulos académicos. La contestación que se dio desde el Ministerio de Transportes, después de una ardua discusión fue: “cumple todos los requisitos, pero no es el idóneo”. Una vez más se había perdido la oportunidad de tener una Ciaim digna y de acuerdo al peso específico que España tiene en el mundo marítimo, y no el deshecho técnico que había en ese momento en el referido organismo.
Juan Zamora Terrés fue un gran profesional, una gran persona y un amigo leal que supo llevar con inteligencia la soledad de la enfermedad que le iba corroyendo poco a poco, hasta en eso fue un marino digno, siempre peleó contra el temporal que le venía encima y nunca abandonó el barco de la vida.
Todavía lo recuerdo en la última comida que tuvimos juntos en Madrid, donde ya se le notaban los estragos de la enfermedad, pero a pesar de ello continuaba batallando por su diario NAUCHERglobal. Esa fue la última vez que estuvimos juntos personalmente y lo que no puedo olvidar fue el calor del abrazo que nos dimos al despedimos, ambos, en nuestro interior ya sabíamos que no habría vuelta atrás y a partir de entonces, fueron simples y breves conversaciones, dado que el cansancio había hecho profunda mella en él y al final solo quedaron los WhatsApp.
Con Juan Zamora Terrés se nos ha ido un marino de raza y un profesional de excelencia, perteneciente a una generación de navegantes que serán irrepetibles.
Querido amigo Juan, ha sido un honor haberte conocido y compartido muchas cosas juntos en esta singladura terrenal y ahora emprendes otra, con otros rumbos y otras estrellas. Buena proa colega. Tus amigos nunca te olvidaremos.

