La caída del Port Olímpic de Barcelona en manos de los concejales del Ayuntamiento ha supuesto la salida de Joan Guitart Roy, el mítico director del puerto desde su inauguración en 1992. Joan Guitart accedió a la dirección del Port Olímpic cuando dejó el mando del RAINBOW WARRIOR, el buque enseña de Greenpeace, con el que había participado en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, la llamada “Cumbre de la Tierra”, reunida en Río de Janeiro en junio de 1992. Capitán de la Marina Mercante desde 1982 (tuve el honor de compartir con él el curso de capitán en la entonces llamada Escuela Superior de la Marina Civil de Barcelona), Joan Guitart, fundador de una memorable escuela para la formación de patrones y capitanes de yate, Alioth, era y es un profesional conocido y admirado en el mundo marítimo de Barcelona, de modo que desde sus primeros años como director del Port Olímpic se convirtió en un referente imprescindible para los puertos y la náutica de recreo. Junto a su amigo Alfonso Echegaray, director de Port Ginesta, impulsaron la asociación de puertos y crearon un modelo exitoso de dirección en la que primaba el conocimiento técnico al servicio de los usuarios del puerto. Ambos eran dos excelentes marinos.
Durante su largo mandato, Guitart ha tratado con los sucesivos equipos municipales, del Partido Socialista de Cataluña y de Convergencia y Unión, que vinieron tras la etapa del alcalde Pascual Maragall, y con todos ellos supo establecer puentes de diálogo y cooperación que hicieron del Port Olímpic un destacado destino de ocio para los ciudadanos de Barcelona sin dejar de ser uno de los puertos deportivos más importantes de España. En sus numerosas reuniones con quien detentaba la concesión, el Ayuntamiento de Barcelona, Guitart solicitaba que no se adjudicaran tan alegremente las licencias de apertura de locales que, con los años, acarrearon numerosos problemas, pues era el Ayuntamiento, y no la empresa que gestionaba el puerto, Pobasa, quien otorgaba los permisos. No le escucharon, o no lo suficiente, y, como es costumbre entre los políticos, cuando esos locales que el Ayuntamiento había autorizado aparecían en la sección de sucesos de los medios de comunicación, escondían su responsabilidad y dejaban que el Port apareciera como causante del desmadre. Quien sufrió más directamente los conflictos planteados por los numerosos locales de ocio del Port fue Joan Guitart y el equipo de profesionales que supo aglutinar, un grupo reducido de personas que gestionaban con eficiencia los variados y a veces complejos problemas de un puerto que estuvo siempre cerca del límite de su capacidad.
En los próximos meses, la potencia mediática del Ayuntamiento presidido por Ada Colau, con el apoyo de la rama catalana de Podemos y el Partido Socialista de Cataluña, pondrá en marcha una campaña propagandística en la que vincularán la toma de poder del Port Olímpic con las reformas de su estructura y de su funcionamiento. Hemos asaltado el puerto para que funcione mejor, dirán, al servicio de los ciudadanos y del deporte y del medio ambiente y de bla bla bla. Los políticos suelen ser pésimos empresarios, pero unos linces vendiendo arena en el desierto. Ocultarán, por supuesto, que Joan Guitart les suplicaba desde hace años la necesidad de modificar el dique de abrigo; y que, también desde hace años, Pobasa venía trabajando en un ambicioso proyecto de remodelación del puerto y de los accesos. El mismo proyecto que ahora propagarán como suyo, pero más caro y seguramente peor.
El cese de Joan Guitart como director supone, como es obvio, una pérdida de gran calado para el Port Olímpic. Es la persona que mejor y con mayor profundidad conoce los entresijos de la instalación, las dificultades y los compromisos de la gestión, y ha demostrado tener una enorme capacidad para resolver con acierto todos los problemas técnicos, sociales y laborales que han ido surgiendo en los casi treinta años, toda la vida, que lleva al frente del puerto. Demasiada sabiduría, demasiada inteligencia para el estómago agradecido de los nuevos gerentes, que prefieren gente con menos personalidad y menos talento; más dócil, digamos. Así se garantizan en el futuro la justificación de sus errores y el incumplimiento de sus ofertas propagandísticas por la herencia recibida. Una falacia muy socorrida. Una pena.
Nota del editor. La foto de portada corresponde a un momento de la entrevista que BTV le hizo a Joan Guitart en 2015
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