Lo que comenzó como una travesía de expedición en aguas del Atlántico se transformó en cuestión de horas en una operación sanitaria internacional. La aparición de varios casos sospechosos de Hantavirus infection a bordo del MV HONDIUS, un buque especializado en rutas polares y expediciones remotas, obligó a activar protocolos médicos, epidemiológicos y logísticos poco conocidos fuera del ámbito marítimo.
En alta mar, lejos de hospitales, ambulancias y redes sanitarias convencionales, cada minuto adquiere otra dimensión. Cuando un pasajero presenta fiebre alta, dificultad respiratoria o signos de deterioro clínico, la respuesta no depende de una llamada al 112, sino de la capacidad del propio barco para actuar como una unidad médica autónoma. Fuentes del sector marítimo explican que este tipo de incidentes, aunque infrecuentes, son uno de los escenarios más sensibles para cualquier capitán. Gestionar una posible enfermedad infecciosa en un espacio cerrado, con cientos de personas conviviendo durante días y a gran distancia de tierra firme.
Es muy importante tener en cuenta que no todos los barcos tienen médico. Este aspecto resulta fundamental para entender la magnitud del sistema sanitario marítimo. En los buques de pasaje, como cruceros y barcos de expedición, es habitual contar con médico y personal de enfermería a bordo, además de equipamiento médico básico y de emergencia. Esto permite estabilizar pacientes, realizar primeras evaluaciones y activar evacuaciones si es necesario.
La dinámica de a bordo
Sin embargo, en los buques mercantes, que representan la mayoría del tráfico marítimo mundial, la situación es muy diferente, no suelen llevar personal médico, sino oficiales formados en primeros auxilios avanzados. En esos casos, la asistencia depende de telemedicina, protocolos internacionales y evacuaciones coordinadas con servicios en tierra. Esa diferencia explica por qué, en un crucero como el MV HONDIUS, la respuesta sanitaria puede ser inmediata, mientras que en un carguero la gestión de un caso grave depende mucho más de la distancia al puerto y de la coordinación externa.
El MV HONDIUS, operado por Oceanwide Expeditions, tiene capacidad para más de 170 pasajeros, además de tripulación internacional. Diseñado para navegar en algunas de las regiones más aisladas del planeta, el buque dispone de clínica médica propia, personal sanitario y equipos de estabilización para emergencias. Pero incluso en barcos preparados para operar en condiciones extremas, una sospecha epidemiológica cambia por completo la dinámica de a bordo. Según expertos en medicina marítima, el primer indicio suele parecer inofensivo: fiebre, malestar general, dolor muscular o síntomas compatibles con una gripe. Sin embargo, cuando aparecen signos respiratorios o una evolución clínica rápida, la sospecha cambia de escala.
Eso fue lo que obligó al equipo médico del MV HONDIUS a activar el protocolo de aislamiento. El paciente es separado del resto de pasajeros, trasladado a la enfermería o confinado en su camarote, mientras médicos y enfermeros comienzan una carrera contrarreloj para reconstruir sus movimientos de los últimos días. En un barco de expedición, donde los pasajeros participan en salidas en embarcaciones neumáticas y visitas a ecosistemas remotos, la investigación va más allá del entorno del barco. Los especialistas analizan también posibles exposiciones ambientales, contacto indirecto con fauna o materiales contaminados.
El hantavirus es una infección viral asociada principalmente al contacto con secreciones de roedores infectados. Aunque la transmisión entre personas es excepcional en la mayoría de variantes conocidas, su evolución clínica puede ser rápida y, en algunos casos, derivar en complicaciones respiratorias severas. Eso explica por qué, ante una simple sospecha, la reacción sanitaria es inmediata. No se espera una confirmación de laboratorio para actuar.
Se aísla primero, se investiga después
La mayor dificultad no es solo médica, sino geográfica. En mitad del Atlántico, una evacuación no depende únicamente del estado del paciente. También influyen la meteorología, la posición exacta del buque, la autonomía de los helicópteros de rescate y la coordinación con autoridades internacionales. Si el cuadro clínico empeora, el capitán puede verse obligado a tomar una de las decisiones más complejas de una travesía oceánica: modificar la ruta, reducir actividades, acelerar hacia el puerto más cercano o solicitar una evacuación aérea.
Se intensifican los controles médicos diarios. Se restringen algunas actividades colectivas. El personal sanitario aumenta la vigilancia sobre pasajeros y tripulación. Y, en ocasiones, la incertidumbre empieza a extenderse entre quienes hasta pocas horas antes fotografiaban el horizonte o participaban en conferencias científicas de expedición.
Para la mayoría de viajeros, la infraestructura sanitaria de un barco pasa desapercibida. Sin embargo, detrás de cada travesía internacional existe una red de protocolos médicos, telemedicina por satélite, coordinación epidemiológica y planes de evacuación diseñados para actuar cuando la tierra firme está demasiado lejos. Casos como el del MV HONDIUS recuerdan que, en medio del océano, un crucero deja de ser únicamente un destino turístico. En cuestión de minutos, puede convertirse en la primera línea de una emergencia sanitaria internacional.
Capt. Agustí Martin i Mallofré
Decano de la Facultat de Nàutica de Barcelona 2017-2025
Presidente de l’Associació Catalana de capitans de la marina mercant
President de la Federación Estatal de Marinos Mercantes

