Las navieras, los transportistas, el sector logístico, las empresas de contenedores, las comunidades portuarias e incluso la administración coindicen en que están preparados para la aplicación de la IMO 2020, que entrará en vigor el 1 de enero del año que viene, y exige que los buques reduzcan su contenido de azufre en el combustible desde el 3,5% actual al 0,5%. Los agentes del sector respondían así a la pregunta que servía para iniciar la mesa redonda titulada ‘¿Estamos preparados para el 1 de enero de 2020?’ en el marco de la jornada final de la feria ‘Smart Ports. Piers of The Future’.
Hasta ahora, según ha explicado el responsable de desarrollo corporativo de Hapag Lloyd, Pyers Tucker, “las navieras nos hemos centrado, impulsadas por la crisis económica, en reducir costes. Ahora nos toca escuchar más al cliente, que nos demanda calidad en el servicio y valor añadido”. La afirmación del representante de la naviera alemana sirve para ejemplificar la nueva era de incertidumbre que se inicia con la normativa IMO 2020. Tucker ha añadido que el combustible será otro de los elementos que tendrán que tener en cuenta los barcos a la hora de planificar sus operaciones.
De momento, Hapag-Lloyd ha confirmado que aplicará un recargo en sus cargas por la reducción del límite de azufre. En este caso, Tucker ha anunciado que, ante la volatilidad del precio del combustible y los gastos de transición, “hemos planteado un cargo por transición hasta saber cómo evoluciona la situación”.
Transparencia y tecnología
El incremento del coste de los servicios no solo se producirá por el precio del combustible, sino por la necesidad que tienen las empresas de utilizar herramientas tecnológicas para cumplir con la normativa. En este sentido, la IMO 2020 plantea nuevos retos de integración y automatización para el sector. El responsable de proyecto del entorno marino de la Agencia Europea de Seguridad Marítima (EMSA), Sergio Alda, ha explicado que el 70% de las emisiones de azufre marítimas se producen en un entorno de apenas 250 millas.
En estos momentos, las empresas están analizando cuál es el sistema técnico más adecuado para cumplir con la norma IMO 202. Los ‘scrubbers’ (limpiadores de partículas), el Gas Natural Licuado (GNL), el metanol, los biocombustibles y la electricidad son algunas de las alternativas. Independientemente de la elección, los ponentes de la mesa redonda han admitido que el costes de adaptación a la nueva regulación se situará entre los 10.000 y los 15.000 millones de dólares.
Ante el nuevo escenario legislativo y económico, el entorno marítimo puede y debe ganar eficiencia tecnológica. Esa es la tesis que ha defendido el responsable de transformación digital de la Digital Container Shipping Association (DCSA), Henning Schleyerbach. Para hacerlo posible, Schleyerbach ha apostado por estandarizar los procesos de las operaciones, “ofreciendo soluciones de inteligencia artificial, que reduzcan los costes y permitan que un contenedor esté monitorizado desde su almacenamiento, pasando por la navegación y hasta el momento que se descarga en el puerto”.
La incertidumbre económica por la gestión del coste del combustible por la obligatoriedad de reducir el contenido de azufre y el uso de las nuevas tecnologías como herramientas para integrar los nuevos procesos marítimo han sido los factores protagonistas de la jornada sobre la IMO 2020, celebrada en ‘Smart Ports. Piers of The Future’.
Las navieras y propietarios de buques ya han repercutido sus sobrecostes de operaciones y de combustible. Pero, los ponentes han precisado que la medida es solo el principio de un camino, ya que a la subida de las tarifas y a una previsible caída de la actividad, resta la incertidumbre de saber los efectos y riesgos que la normativa tendrá en los rechazos de carga o en el recorte de la capacidad de los buques.









