Irremediable, acaparador, monopolizador. Son muchos los adjetivos que podemos adjudicarle al fenómeno singular que acongoja a media humanidad a día de hoy.
Y es que, ¡hasta el director ejecutivo de la Autoridad Portuaria de Nueva York se ha contagiado del coronavirus! Uno no sabe ya si merece la pena poner blanco sobre negro, porque al día siguiente las condiciones pueden cambiar sensiblemente….
En los lugares de máxima expansión (China, Japón y Corea) ya –parece- estar remitiendo y parece estar controlado. Como muestra, ya se han reanudado los procesos de fabricación y de recepción de mercancías en estos países y, en consecuencia, las cadenas de suministro Este-Oeste se reanudan.
Sin embargo, entre nosotros, en el mundo Occidental, el alarmismo cunde. Colegios y universidades cerrados, los actos sociales se cancelan, sobre todo si en ellos van a intervenir personas mayores (no así –parece- para los conciertos al aire libre de jóvenes conjuntos musicales (¿?).
Opiniones, como decimos, ¡hasta en la sopa! Todo el mundo tiene un amigo, amiga, conocido que sabe que… ¡lo que sea! Y poco se ajusta a la realidad.
Nuestra actividad económica, al menos en los puertos, que es lo que nos ocupa, se mantiene. Los buques escalan en nuestras dársenas con las razonables medidas preventivas, descargan sus mercancía de llegada y cargan las de salida.
Lo que parece claro es que el mundo se enfrenta a una pandemia, que todavía tardará en decaer. Posiblemente deberán llegar tiempos más cálidos para que veamos remitir los efectos del Covid-19 y mientras, deberemos aclimatarnos y tratar de evitar su expansión.
La ciudadanía del autodenominado mundo libre no es, afortunadamente, una ciudadanía sometida y sí que es (o, al menos, debería) ilustrada y capaz de tomar sus propias decisiones. Si la información que recibimos es la correcta y actuamos en consecuencia, nada hay que nos impida llevar una vida más o menos satisfactoria. Y, en caso contrario, circula por las redes un mensaje acerca del vino como agente antivirus muy interesante…
No parece adecuado suministrarles más datos ya que estos cambian continuamente. Sí que, en cambio, resulta tentador lanzarse a la mar hoy más que nunca en busca de Ítaca.

