No vamos nada bien. Un informe reciente, publicado por Pacific Environment, ONG que trabaja en el área del Pacífico Noroccidental en la preservación del medioambiente, destaca la necesidad urgente de abordar las emisiones de partículas de carbón y CO2 derivadas de consumo de combustibles fósiles, carbón y madera por parte del creciente tráfico marítimo en el Ártico.
El tráfico marítimo en aguas árticas ha experimentado un drástico aumento, con un incremento del 108 % en la distancia recorrida por los buques, pasando de 6,51 millones a 12,7 millones de millas náuticas entre 2013 y 2024. El número de buques que entraron en aguas árticas aumentó un 37% durante este período, pasando de 1.298 a 1.781.
La publicación del informe se produce antes de una audiencia crucial del subcomité de la Organización Marítima Internacional (OMI) en febrero para abordar el uso de combustibles más limpios en el Ártico. “A pesar de más de una década y media de debate, la OMI, el organismo de transporte marítimo de la ONU sigue ignorando la solución simple: exigir a los buques que cambien inmediatamente a combustibles más limpios cuando operen en el Ártico”, declaró Kay Brown, directora de políticas para el Ártico de Pacific Environment.
Nuevas rutas de navegación
El problema es especialmente crítico, ya que el retroceso del hielo marino abre nuevas rutas de navegación y extiende la temporada de navegación. La mayoría de los buques utilizan actualmente combustibles residuales, que producen altas concentraciones de partículas de carbono al quemarse. Estas emisiones tienen un impacto en el calentamiento hasta 1.500 veces mayor que el CO2 y aceleran el derretimiento de la nieve y el hielo en la región ártica.
El subcomité de Prevención y Respuesta a la Contaminación (PPR13) de la Organización Marítima Internacional se reunirá en febrero de 2026 para considerar los requisitos obligatorios para que los buques cambien de combustibles residuales a ‘combustibles polares’ más limpios cuando operen en aguas árticas.
Más allá del impacto ambiental, las partículas de carbón (black carbon) representan importantes riesgos para la salud de las comunidades árticas, contribuyendo a enfermedades cardiovasculares, enfermedades respiratorias y mortalidad prematura. Estas emisiones afectan especialmente a las poblaciones indígenas que dependen de prácticas tradicionales de caza y pesca. La duda está en que la OMI pueda actuar y lo haga de forma efectiva.

