UNA NOVELA EXTRAORDINARIA: ‘LOS MARINOS PRUDENTES LEEN LAS OLAS ENTRE PARÉNTESIS’

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NAUCHERglobal, Juan Zamora 1 19/01/2017

Recibí por la mañana el libro “Los marinos prudentes leen las olas entre paréntesis”. Suelo tener desparramados por la casa distintos libros de los que voy tirando en los momentos que necesito leer algo más que textos académicos o profesionales y artículos para publicar en NAUCHERglobal. En estos momentos: “Historia de Cataluña”, de Jordi Canal; “La vida cotidiana en el antiguo Egipto”, de José Miguel Parra; “El compromiso del creador. Ética de la Estética”, de Félix Ovejero; y “La isla del padre”, de Fernando Marías. En algunas ocasiones me sucede que empiezo a leer un libro y quedo atrapado en sus páginas. En estos casos el placer de leerlo me dura un par de días, tres a lo sumo. Me pasó en octubre de 2016 con “Hombres buenos”, de Pérez Reverte, y poco después con “Patria”, de Fernando Aramburu.

Ayer sobre las tres de la tarde empecé a leer “Los marinos prudentes leen las olas entre paréntesis”, de Carlos Fernández Salinas, RBA Libros, 2016, y no pude dejarlo hasta que lo acabé casi a las diez de la noche. Una novela espléndida. Durante siete horas estuve viviendo en un pueblo asturiano, San Andrés, conocí una mojigata moralista, luego despendolada en el Movimiento Comunista de España, fui vigilante del FULMAR atracado sin tripulación en El Musel, donde conocí el placer y la fatiga del sexo, trabajé en la cocina del ALMUDENA DEL MAR a las órdenes del gran Genaro, y finalmente alcancé el fin de mi viaje entre la juventud y la madurez comiendo con mi madre hallada en un lupanar de Tamarildo. Siete horas frenéticas de vida intensa junto a Darío, junto a la Paca, el Taheño, Patricia y los ausentes de carne y hueso, Emilio y Cecilia, siempre discretos, siempre presentes.

La novela de Fernández Salinas, premio Eurostar de narrativa de viajes 2016, es una historia de amor con ecos de “El amor en los tiempos del cólera”; y también es un libro de barcos construido con algunos de los códigos de la novela negra: acción a raudales, prosa limpia sin grasa alguna, la búsqueda de algo o de alguien que le permite al escritor adentrarse en la sociedad con una mirada crítica, cínica a veces, irónica y compasiva. Nada es lo que parece en la novela de Carlos Fernández, cuyos personajes yerran por el paisaje asturiano de los años setenta con la voluntad de sobrevivir sin añadir más sufrimiento, y a quienes el autor acaba rescatando. Todos nos equivocamos por algo y hacemos daño, nos hacemos daño, cuando, muchas veces sin saber por qué, nos sentimos angustiados.

El final asombroso de la novela tal vez peque de ingenuidad. Tal vez. En todo caso es un fin de fiesta que te regala un término feliz, optimista y esperanzado.

Creo que Carlos Fernández Salinas, marino, empleado de Sasemar en el centro Jovellanos si no estoy errado, tiene ante sí una brillante carrera como escritor. Posee el talento de los narradores, ese don que desarrollan muy pocas personas. Sólo hay que pedirle que persevere. Paciencia y tesón. Si ha sido capaz de crear “Los marinos prudentes leen las olas entre paréntesis”, no habrá historia que no pueda convertir en un placer para los lectores.

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