PENSAR GLOBALMENTE Y ACTUAR LOCALMENTE

  • Investigación y Ciencia

JESUS E. MARTÍNEZ MARÍN 1 15/12/2014

La historia muestra como los mayores focos de crecimiento económico, social y cultural han estado siempre vinculados a rutas comerciales. Por el contrario, las experiencias de cierre a ultranza y de autarquía comercial, son ejemplos de involución. Desde las épocas de las villas medievales, donde el negocio se establecía alrededor de la plaza del mercado y según la estructura social, dicha plaza estaba ubicada en las cercanías de las catedrales, erigiéndose en centros neurálgicos de las actividades económicas y sociales de ese entorno, las cuales, si tenían acceso a puertos marítimos, fluviales o lacustres, tenían todos los números de convertirse en las villas con mejor calidad comercial y posicionamiento en el mercado de la época.

La producción evolucionó gracias a los requerimientos de los consumidores y las economías de escala, las cuales, con el tiempo, generaron diferencias en las capacidades productivas en todo el mundo para todos los productos. Por otra parte, las viejas teorías sobre la ventaja competitiva no han perdido nada de su sentido. Sería absurdo que todos nos fabricásemos lo que necesitáramos ya que es algo impracticable, y las economías de escala, derivadas de la especialización, mejoran la eficiencia general, y además, el valor de la diferenciación de productos, fruto de la variedad de orígenes, mejora las elecciones de los consumidores y estimula a los productores.

El transporte marítimo, lejos de ser un área exclusiva para el sector de negocios Internacionales, ha pasado a ser un área que afecta a la vida de toda la sociedad, en especial la de países productores, donde la explotación de la mano de obra garantiza lamentablemente la desigualdad social y económica a nivel global.

Una muestra de esta evolución es que a lo largo de los últimos 50 años, el proceso liberalizador del comercio internacional ha incrementado los intercambios como nunca antes había ocurrido. Las mercancías que se comercializaron entre países en 2013 eran, en volumen, 43 veces más que las que lo hicieron en 1950.

Y es aquí cuando pensamos en la frase Think globally, act locally (piensa globalmente, actúa localmente), que nos hace reflexionar sobre las dos tendencias mayoritarias en las economías de consumo. En primer lugar la considerada por algunos investigadores como conservadora (Ann Reeves,2003), que tiende a solo consumir aquello que se produce, en contraposición de la considerada como liberal, que consume todo cuánto puede comprar, recurriendo a la cadena logística internacional y, por supuesto, a las economías de escala.

¿Pero cómo casar la globalización con la calidad local para mantener una producción más cercana al cliente? Es entonces cuando surge la externalización, una palabra cuyo significado ha derivado en dos sentidos: productores pequeños y locales que establecen su producción en tierras lejanas para poder ser competitivos (deslocalización); o bien quienes mantienen la producción en la misma ubicación, pero importan parte de los componentes, por tanto no los fabrica, para ensamblar el producto final con la misma calidad con la que se elaboraba localmente.

Otro de los factores importantes del pensamiento global y la acción local es el respeto al medio ambiente, generando procedimientos que siempre permitan prevenir la contaminación en todas sus fases; además pasa a ser una ventaja competitiva ya que el compromiso ambiental es sin dudan un valor añadido que cualquier empresa muestra a sus clientes.

La deslocalización puede ser vista desde perspectivas antagónicas, ya que está estrechamente relacionada con las políticas comerciales, que no son más que los obstáculos o facilidades que las leyes de un país ofrecen a la importación y a la exportación de bienes y servicios. En principio, esto no debería ser algo que cada país pueda aplicar o no a su antojo ya que hay acuerdos internacionales que regulan ciertas prácticas, si bien, no siempre es posible garantizar su cumplimiento. En este sentido, una educación a la altura de las exigencias del mercado actual aseguraría, al menos, una conciencia colectiva que entienda y garantice el cumplimiento de los acuerdos comerciales firmados por los países. De aquí la importancia de que los Gobiernos establezcan políticas enfocadas a facilitar el intercambio, como factor imprescindible de la actividad económica, y al pedir esto no se pide nada extraordinario, ya que la función de facilitar debería ser prioridad de toda institución, como sucede en la mayor parte de empresas privadas, pulmón de la economía actual.

Hay una tendencia de gestión empresarial que comienza a ganar terreno denominada empresas conscientes, de las cuales hablaré en otra ocasión, estrechamente relacionada con potenciar dentro de las empresas el valor de la política ecológica y de auto-gestión.

Es bien conocida la necesidad de estimular la economía local, sin proteccionismos exagerados, pero que permita no sólo mantener los productos más cercanos a los consumidores, sirviéndose de las bondades de la logística actual, sino también generar empleos directos e indirectos en un momento en que nuestra sociedad tanto lo necesita.

 

 

 

 

 

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