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PASO DE JORGE JUAN POR LA ACADEMIA DE GUARDIAMARINAS

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NAUCHERglobal, José María Sánchez Carrión 2 02/07/2018

La vida de Jorge Juan marino y docente estuvo muy ligada a la academia de guardiamarinas, a la que llegó con dieciséis años con una “personalidad forjada, una formación exhaustiva y cierta experiencia de navegación”. Llega decidido a incorporarse a la armada para la que, al parecer, se estaba preparando desde los seis años.

Sobre sus conocimientos adquiridos en Malta he localizado tres referencias [1] de comentarios que Ulloa, pone en boca de Jorge Juan, posiblemente, por no explicarse en la Academia de Guardiamarinas. En la primera explica cómo son las maderas de las balsas que ven en América [2]:

“don Jorge Juan la ha visto en Malta, donde se cría, y no ha encontrado más diferencia entre ella, y la Balza o Pulcro, que el ser la “caña beja” (llamada también por los malteses “férula) mucho menos que aquel”.

La segunda es sobre la navegabilidad de las balsas de los indios que, a pesar de ser extensa, creemos conveniente reproducirla ya que fue escrita en la memoria de Jorge Juan sobre el viaje al Perú:

“La particularidad de esta embarcación es que navega y bordea cuando tiene el viento contrario, lo mismo que cualquiera de quilla, y es tan segura en la dirección del rumbo que se le quiere dar, que discrepa muy poco de él, esto se logra con distinto artificio que el timón, y se reduce a unos tablones de 3 a 4 varas de largo y media de ancho, que se llaman guares, los cuales se acomodan verticalmente en la parte posterior, o popa y la anterior o proa, entre los palos principales de ella, por cuyo medio y el ahondar uno en el agua y sacar hasta lo cofa otros, consiguen que orce, arribe vire de bordo, por delante o en redondo y se mantenga a la capa según conviene la faena para el intento.

Invención que hasta ahora se ha ignorado en las más cultas naciones de Europa y que descubierta entre los indios y no solo su maniobra, sino los fundamentos de ella ni fueron penetrados de sus incultos entendimientos, ni aún los han concebido todavía.

Si su noticia se hubiera divulgado antes en Europa, habrían (...) salvando muchos naufragios (…) como sucedió el año de 1730 con la fragata del Rey la Genovesa que naufragó en la Víbora (que no consiguieron salvarse (...) por haberse entregado a la voluntad de las olas sin mas gobierno, que el de las corrientes, ni otra sujeción que la de los vientos”.

La tercera, extraída también de sus memorias, explica las razones técnicas sobre este tipo de gobierno:

“ La determinación (dice) en que se mueve una embarcación impelida del viento es en una línea perpendicular a la vela (….) y como la reacción es igual y contraria a la acción, señala la fuerza con que se opone el agua al movimiento de la embarcación, en una perpendicular que va de sotavento a barlovento”.

Después sigue Ulloa describiendo cómo se manejan los guares y dice que:

“El manejo de estos guares es tan fácil, que una vez puesta la embarcación en su rumbo, solo es el que se maneja, sacándolo o metiéndolo, cuando es necesario, uno o dos pies, con cuyo corto intervalo tienen suficiente, para mantenerla a camino”.

Es importante señalar que el hundimiento de la Genovesa lo relaciona con el desconocimiento de ciertas artes de navegación, que a Juan no le explican cuando llega a la Academia en 1729.

Dentro de esa política de ensalzamiento irracional de todo lo que realizó Juan, hay quien considera su llegada a Cádiz como un acontecimiento histórico planetario por la coincidencia con Ensenada en la capital gaditana. Como tantas veces la hipérbole se sale del papel [3]. Es verdad que Ensenada estuvo en Cádiz, pero en octubre de 1720 se fue con José Patiño a Madrid como funcionario de marina, es decir nueve años antes de llegar Juan, por tanto nunca coincidieron en esta ciudad.

Otra segunda hipérbole es la de considerar que su llegada en 1729 no fue casual, sino que estaba planeada para que coincidiera con la firma en noviembre del Tratado de Sevilla con Francia, Inglaterra y Países Bajos, en el que a cambio de concesiones comerciales con las colonias españolas, España contaría con 6.000 hombres de apoyo en Parma, Piacenza y Toscana, para asegurar a Isabel de Farnesio que su hijo Carlos fuese nombrado rey de Nápoles.

La cruda realidad es que con la carta-orden de guardiamarina marcha a Cádiz en septiembre de 1729 y, por no existir plaza, su ingreso se demora seis meses, tiempo en el que consiguió ser admitido como oyente, pero siguió estudiando sobre lo aprendido en Malta de forma que al cabo de esos seis meses sentó plaza con el número de orden 527 [4] y fue embarcado en el primer buque al corso que partió de Cádiz.

Durante cuatro años compaginó sus estudios con campañas por el Mediterráneo, Juan lo resume en 1752 en su “Relación de servicios del capitán de navío d. Jorge Juan [5]:

“Desde junio hasta octubre del año 30 en el navío Santa Ana, del mando del señor conde de Clavijo y D. Luis de Arias. Desde diciembre del año 30 hasta febrero de 32 en la Fama Volante, del mando de D. Feliz Celdrán. Desde octubre del 32 hasta febrero de 34 en el León [6], del mando de D. Gaspar La Roux y Don N. Nicolás Geraldin”.

Lo que parece una relación inconexa y rutinaria de efemérides encierra una parte importante de la historia de España de la primera mitad del siglo XVIII, que Jorge Juan vivió en primera persona [7].

- El navío Santa Ana de 70 cañones había sido construido en Guarnizo por Autrán y Boyer, entregado a la Armada en ese mismo año y embarcado en la primera estancia del buque en Cádiz realiza su primera campaña desde febrero a junio.

Incorporado al Santa Ana en octubre de 1731, en la escuadra del teniente general Esteban Mari y finalmente embarcado en la fragata Fama Voladora [8], como parte escolta a cuarenta y ocho para trasportar siete mil quinientos hombres al mando de conde de Charny y para trasladar al Infante Carlos a Liorma a acceder al trono de Nápoles como Carlos VII [9]. La escolta del conde Charny la formaban dieciocho navíos, cuatro fragatas y dos avisos al mando de Esteban Mari, siete galeras al mando de Miguel Recio y unos cuarenta y ocho transportes. Esta escuadra junto con doce navíos, dos fragatas y dos avisos estaba al mando del capitán Warger.

La flota española no se desarmó y formó parte de las seiscientas embarcaciones reunidas en Alicante capaces de movilizar veintisiete mil hombres y que, bajo las órdenes del teniente general Francisco Cornejo, salieron el 15 de junio de 1732 a reconquistar Oran ,ciudad en la que se entró 5 de julio de ese año. De esta flota se dijo que “Nunca antes en el Mar Mediterráneo cubría tal variedad de banderas” [10]. En esta expedición y bajo el mando del capitán de navío Juan Navarro, futuro marqués de la Victoria, navegaban dos navíos (Castilla [11] y San Fernando), en el primero de ellos estaba embarcado Jorge Juan.

- Blas de Lezo se encontraba en Cádiz al mando de los navíos Princesa y Real Familia, cuando recibe la orden de pasar a Barcelona a la escuadra Bena de Masserano, en la que en el navío León se encontraba Juan. El 10 de noviembre de 1732 sale hacia costas argelinas, volvió a Barcelona el 15 de febrero de 1733.

Reparados los barcos, se ordena a Lezo una tercera expedición que desde Alicante cruzaría la Galita hasta cabo Negro y Túnez, para impedir que a los argelinos les llegasen víveres, hombres y armas desde Estambul. Navegaron unos cincuenta días y por la putrefacción de los alimentos se decidió hacer escala en Cerdeña para provisionarse. El navío León, al mando de Geraldín, en donde viajaba Juan, recibió la orden de volver a Cádiz y por el lamentable estado de la tripulación afectada con calenturas atabilladas, arribó en Málaga después de arrojar más de quinientos hombres. Los enfermos fueron desembarcados y llevados al Hospital y a casas particulares, los tratados con agua caliente murieron todos y sin embargo, los que lo hicieron con agua fría o hielo sanaron. Entre estos se encontraban seis de los ocho guardiamarinas embarcados incluyendo a Juan, que después de un periodo de recuperación de varios meses en casa de Damián Valentín Rosique, cónsul de Malta en Málaga, llega a la Academia en enero de 1734.

Miguel Sanz señala que:

“Recobrado ya Don Jorge Juan, y restituido a Cádiz a principios del 34, proseguía los estudios con tanta aplicación y progreso en la Teórica, como había sido su aprovechamiento en la Práctica, así de la Maniobra, como del Pilotaje, encargándose en la Academia de la enseñanza de varios compañeros, a quienes también convidó a su casa para repasarle, y lo verificó con quantos gustaron de ello”

Durante estas experiencias de navegación sucedieron algunas peripecias y anécdotas que pueden resumirse en:

- Con la escuadra bajo el mando del Conde de Clavijo y a bordo del Hércules [12] bajo el mando de Juan de Jordán incoporado a la escuadra del Marqués de Mari, Jorge Juan, enterado que se había producido un incendio en el pañol, bajó corriendo y encontró ardiendo un barril de aguardiente provocado por un descuido de un marinero. Jorge Juan sofocó el incendio salvando al marinero y al navío.

- Fondeado en Barcelona, en una noche con temporal y fuertes aguaceros, uno de los navíos pedía ayuda por los destrozos sufridos a cañonazos. Jorge Juan solicitó acudir al salvamento a bordo de una lancha, que llevaba un anclote y calabrote, y después de muchos riesgos logró salvar el navío.

 

José María Sánchez Carrión

Dr. Ingeniero Naval                                                     

Socio de Honor de la Asociación de Ingenieros Navales

Académico de número de la Real Academia de la Mar

Presidente de la Fundación ingeniero Jorge Juan

 

[1] Jorge Juan y Antonio de Ulla: Relación histórica del viaje a la América Meridional. Tomo primero, Libro IV, Capítulo IX

[2] También es verdad que Ulloa, por haber ingresado vía aventurero podría no estar enterado

[3] Los Ingenieros navales de la XXXI promoción recordarán que eran “los entramados” los que se salían del Papel como se decía en una de las canciones que para la promoción escribiera Francisco Ruiz-Morote

[4] Dalmiro Valgoma. Libro de hidalguía, AMNM, Mn 477, vol. 1

[5] AMNM, Ms 0812, doc. núm. 6, f.36,

[6] León, navío de 70 cañones, construido en La Graña en 1731 y construido por el asentista Fernández de Isla

[7] Jorge Juan Santacilia. Síntesis de una vida al servicio del estado. RGM, agosto-septiembre de 2013

[8] Fragata, a veces aparece como navío que se incorporó a la armada al comprarla, unos dicen que en Génova y otros en la Habana. Montaba 50 cañones

[9] La escuadra, sin contratiempo, desembarcó dos meses más tarde de lo previsto debido a las malas condiciones atmosféricas.

[10] https://es.wikipedia.org/wiki/Expedición_española_a_Orán, página visitada por última vez el 01.01.2018.

[11] Castilla, navío de 62 cañones, construido por Autrán en Guarnizo en 1729

[12] Hércules de 60 cañones empezado a construir en Puntales y acabado en La Carraca por el constructor francés Belletrud en 1729

 

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