PASAJE EN BUQUES DE CARGA

  • Libros

NAUCHERglobal. Joan Cortada 27/02/2018

En 1988, hará treinta años, el actor, escritor y presentador televisivo Michael Palin emprendió, en compañía de un equipo de filmación de la insigne BBC, la empresa de dar la vuelta al mundo en 80 días. Se trataba de seguir con la mayor fidelidad posible la ruta del personaje creado un siglo atrás por Julio Verne –Phileas Fogg- y de hacerlo con arreglo a las mismas reglas, o sea utilizando los mismos medios de transporte que estaban a disposición del viajero en el último cuarto del siglo XIX.

Palin completó su aventura en 79 días y medio y sus experiencias se plasmaron en una serie televisiva de notable éxito y en un libro que, un poco por casualidad, he tenido ocasión de releer recientemente. La buena acogida del público hizo que Michael Palin, hasta entonces conocido sobre todo por su faceta de actor humorístico, miembro del grupo Monty Python, continuase posteriormente incidiendo en la especialidad de la literatura y el reportaje de viajes, lo cual le ha llevado a recorrer rincones tan dispares de nuestro mundo como el Sahara, el Himalaya, ambas regiones polares, casi toda Asia, África o la Europa del Este.

Centrándonos en su primer trabajo en este campo, el citado “Around the World in 80 days”, el relato consiste en un periplo realizado principalmente por medio del barco y del ferrocarril, Palin señala en la introducción a su libro que “El ritmo de este tipo de viaje no ha cambiado mucho desde que Fogg lo emprendiera en 1872. Los trenes puede que sean algo más rápidos, pero todavía no existen ferrocarriles de alta velocidad a través de India, China o Estados Unidos. Los buques de pasaje han desaparecido prácticamente de las rutas marítimas mundiales, mientras que la batería de obstáculos burocráticos —visados, permisos, pasaportes o carnets— ha proliferado...”.

De hecho, el protagonista de la serie y su equipo de cinco cámaras y técnicos de sonido de la BBC, a falta de otro buque mejor, llegan a viajar desde Dubái a Bombay (actualmente rebautizada como Mumbai) en un típico dhow árabe, durmiendo sobre los sacos de dátiles estibados en cubierta. Posteriormente, en el tramo Madrás (ahora llamada Chennai) a Singapur, se ven obligados –sólo Palin y un cámara, pues el barco no puede admitir más “intrusos”- a realizar el trayecto en un carguero yugoeslavo utilizando la enfermería como camarote.

Esa fue, por consiguiente, la copla con la que me quedé al visionar la serie y leer el libro, hace ya mucho tiempo. Que viajar por mar como pasajero era ya algo limitado a los ferries que conectan las islas con sus respectivos territorios metropolitanos o países limítrofes, o bien a través de la floreciente industria de los cruceros turísticos, donde la característica esencial es aquello de “si hoy es martes, esto es Bélgica”. No se rían, no, quienes lean estas líneas. Un conocido mío se embarcó recientemente en un breve crucero por el Mediterráneo Occidental y a su regreso fue incapaz de precisarme si el mastodóntico buque que le tocó en suerte había escalado en Córcega o bien en Cerdeña. Eso sí, sabía perfectamente cuantos bares, restaurantes, piscinas o gimnasios se encontraban a bordo a disposición de los intrépidos viajeros.

Pasados los años, la relectura de “Around the World in 80 days” ha despertado mi curiosidad sobre este asunto y las nuevas tecnologías, en este caso Internet, han venido en mi auxilio a fin de resolver la incógnita. La sorpresa, agradable en este caso, ha sido más que notable. Sí, definitivamente todavía es posible viajar por mar a la guisa de Phileas Fogg.

Tras una sencilla búsqueda en la red, resulta que hay, alrededor del mundo, no menos de media docena de agencias de viaje especializadas en ofrecer a las personas interesadas en ello la posibilidad de embarcar como pasajero en buques de carga, casi siempre portacontenedores o graneleros. Por lo general, las compañías navieras que brindan este servicio son de gerencia alemana, francesa o británica, aunque sus buques ondeen las banderas más variopintas y el abanico de posibilidades de travesías es sumamente amplio, desde la travesía del Atlántico a la costa Este de Estados Unidos o a Brasil o Argentina, hasta la ruta de Europa a Extremo Oriente a través del Canal de Suez. Por las fotografías que dichas agencias incluyen en sus webs, los alojamientos consisten por lo general en camarotes dobles exteriores bastante amplios y con baño privado. Eso sí, advierten que las vistas hacia proa suelen estar obstaculizadas por las estibas de contenedores sobre cubierta.

Naturalmente, se trata de una forma de viajar apta sólo para personas que dispongan de mucho tiempo, que no resulten demasiado o nada exigentes en cuanto a entretenimiento a bordo y que tampoco les preocupe mucho el tema económico. El costo de uno de estos viajes viene a ser de media de unos 100 euros diarios, por supuesto en régimen de pensión completa. Mientras que un billete aéreo de Barcelona a Buenos Aires se puede obtener por unos 500 euros, la francesa CMA-CGM ofrece un viaje de aproximadamente 22 días a bordo, para el mismo trayecto (con diversas escalas, eso sí) por 2.250 euros. Claro está que el planteamiento es por completo distinto: el avión nos lleva de un punto del planeta a otro de forma rápida y económica, mientras que el barco brinda además la posibilidad de unas relajantes vacaciones en la mar. Para quienes dispongan de menos tiempo, o menor presupuesto, nuestra conocida Grimaldi, entre otros muchos trayectos, ofrece llevarnos desde el Adriático italiano a Croacia, Grecia, Israel y Turquía en viaje redondo de unos 14 días por sólo 1.150 euros.

Lo que sin duda resulta más peliagudo es emular a Phileas Fogg o a Michel Palin y dar la vuelta al mundo en sólo 80 días, si se utiliza exclusivamente el transporte marítimo. El uso del ferrocarril para cruzar grandes espacios continentales como los de la India o Estados Unidos resulta imprescindible para conseguir igualar o rebajar aquella marca.

De todos modos, es posible hacerlo en algo más de tiempo, alrededor de 95 a 100 días, de Rotterdam a Rotterdam y con sólo un cambio de buque en Sydney. La lista de escalas es profusa: Nueva York, Jamaica, Cartagena de Indias, Canal de Panamá, Tahití, entre otras, a la ida y Singapur, Colombo, Oman, Djibuti, Canal de Suez, Valencia y Londres, al regreso.

Tentador, ¿no es cierto? ¿El costo del pasaje? Algo más de 10.000 euros, tasas de puerto incluidas. Quien disponga de esa suma y suficiente tiempo, así como de las ganas de emprender tal aventura, que no se lo piense demasiado, sólo se admiten pasajeros de edades comprendidas entre los 16 y 75 años...

Buscador

Introduzca los términos de búsqueda