LUIS DELGADO BAÑÓN, UNA SAGA MARINERA ESPAÑOLA

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NAUCHERglobal, Miguel Aceytuno 1 28/11/2016

En aquellos viejos libros de historia del bachillerato se llevaba uno a veces  la impresión que la historia naval española se reduce a Lepanto, la Invencible, Trafalgar y si el alumno iba para nota el 98. Mucho (y muy triste) se ha escrito sobre las guerras, duelos y quebrantos que arrasaron a un imperio en el que no se ponía el sol. Pero muy poco sobre los hombres que descubrieron y midieron ese mundo, establecieron las vías de comunicación para permitir el comercio, y las defendieron hasta el amargo final. Llegamos a establecer bases en Alaska (¡Sí, con los esquimales!), en la Cochinchina (liándonos a cañonazos con los mismos piratas que describe Salgari en Sandokán) en una realidad que supera en mucho cualquier loca ficción. Esta es la obra de don Luís Delgado Bañón que hoy quiero presentarles.

Es un trabajo rigurosamente histórico. Comienza en el siglo XVIII y a fecha de hoy, en su volumen 27, andamos por 1858. Sí, he dicho volumen 27. Ya les decía yo que es una verdadera barbaridad. Pasa revista de quilla a perilla a los más importantes acontecimientos de nuestra historia naval con el rigor que le da ser historiador y marino (don Luís es capitán de navío y fue director del Museo Naval de Cartagena).  No espere usted aventuras más o menos ambientadas en mares imaginarios: todo lo que cuenta pasó, y así exactamente.

Bueno, todo no. Don Luis añade una familia de ficción, los Leñanza, para dar continuidad a la narración. Es una saga de oficiales de la Real Armada cuyo protagonismo como marinos pasa de padres a hijos y así ayudan a situarse al lector a partir de unos diarios. De paso aprovecha el autor para añadir siempre que puede y sin faltar a la verdad muchos pistoletazos y sablazos y algún eventual relato de alcoba. No olvidemos que hablamos de novelas. Uno de los elementos más importantes de esta colección es que podría haber creado a esos personajes de forma presentista, con la moral propia del siglo XXI, para así introducir un juicio moral actual sobre aquellos hombres, pero no ha sido así. Cada Leñanza es un hombre de su época, con sus vicios y virtudes, y así, por ejemplo, en los recios tiempos de la vela no dudará en saltar los ojos en sangre de un pistoletazo a un grumete ariscado simplemente por haber dado un paso atrás en combate. Mi personaje favorito es María Antonia, la matriarca de la familia.  Mucho se habla de los hombres que navegaron… que navegan los mares. Muy poco de aquellas mujeres sobre las que caía el peso de sostener una casa, en este caso en el sentido amplio propio de una familia de la nobleza.  Es un personaje fuerte, valiente, pero muy alejado de muchos personajes femeninos que vemos en otras novelas actuales y que se comportan en el siglo XVIII como lo haría una mujer de hoy en día. El lector encontrará también en la obra a personajes históricos de cada época como Barceló o Escaño. En la medida de lo posible don Luís pone en su boca citas exactas que se conservan de los reales (en cursiva) o al menos intenta respetar a las personas tras el personaje. Recurre habitualmente al truco de empotrar a un Leñanza en el estado mayor de un mando principal, o ponerle en el lugar de un capitán determinado, pero siempre respetando los hechos tal y como ocurrieron, explicando al final de la obra las pequeñas licencias que haya podido emplear.

En cuanto al estilo, don Luís es tan implacable como con el contenido. Estamos en el siglo XIX, y así se escribe, con la retórica propia de aquellos tiempos. Pero no se espante el lector: no va a encontrar ningún tedioso ensayo, sino intrigas políticas, combates navales, mucha acción, eso sí, dentro del marco histórico y formal de aquellos tiempos, en los que precisamente lo que no faltaban era pistoletazos.

Claro, esperando el lector de esta columna que le recomendaran un libro, se encontrará sorprendido viendo que hablamos hoy de veintisiete (y sigue avante toda).  Me atrevo a sugerirle que busque en la serie algún elemento histórico por el que sienta curiosidad, y se deje sorprender. La saga, si bien escrita como una saga familiar en la que las aventuras de los Leñanza se van sucediendo en el conjunto de novelas, se puede disfrutar igualmente con una lectura salteada o intermitente, o simplemente ocasional, pues al comienzo de cada obra don Luis nos sitúa  brevemente en el momento histórico y en las aventuras de sus personajes. Permítame recomendarle, por ejemplo, mi favorito: la fragata Princesa (vol. V), que cuenta como España… invadió una vez Alaska, pero con un barco solo. Como se lo cuento. Siga por favor don Luís: mientras nadie se anime a hacer la película, la apasionante historia de nuestra Armada merece ser contada.

 

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