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‘LOS SILENCIOS DEL ATLÁNTICO’, DE ELÍAS MEANA DÍAZ

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NAUCHERglobal, Miguel Aceytuno 1 16/12/2016

Me hablaba el otro día el capitán Juan Zamora, con un cierto deje de amargura, como ha evolucionado el papel de quien el Consolat del Mar llamaba "senyor de la nau". Aún hollan la tierra marineros que recuerdan al capitán como autoridad no solo marítima, sino judicial y policial desde que cae la última estacha. Dios menor, sí, pero dios solo por debajo de Dios (y porque éste es más antiguo) de quilla a perilla, de proa a popa. Ahora, me dice, es solo una cabeza de turco cuando sucede cualquiera de esos imprevistos tan previsibles en la mar.  En lo mismo incide el capitán Agustín Montori en su jugoso comentario sobre la película "Sully".

Me gustaría hablarles de lo que a un lector no avezado podría parecerle simplemente una novela de espionaje: Los silencios del Atlántico, de Elías Meana, editorial Noray, 2012. Trata de un hecho histórico poco conocido: la participación de españoles en ambos bandos de la batalla del Atlántico. Con el régimen haciendo el don Tancredo, mercantes y pesqueros españoles suministraban combustible y vituallas a los U-Boot alemanes… mientras otros españoles tripulaban los valientes mercantes aliados que serían su presa.  La trama nos lleva también al robo de una máquina de criptografía alemana, la famosa Enigma, que permitirá descifrar las comunicaciones de los submarinos. Nos encontraremos con Hemingway, con… pero no desvelemos la trama.

Ya ven que el tema daría para una película de Humprey Bogart. Pero el libro es más. Don Elías es marino, marino de la vieja escuela. El libro está contado desde el punto de vista de Emilio Ballvona, al mando del mercante Galveston Bay, y la descripción del día a día, de talante, del zeitgeist de un puente de aquellos tiempos es simplemente magistral. Extraño en tierra extraña, en una guerra que no es la suya, Ballvona sabe que cualquier decisión trivial suya tendrá consecuencias importantísimas, pero aún así no vacila en su papel de mando, no le tiembla la mano al seguir a su corazón… aunque este le lleve hacia la bella Esther. Pero hemos dicho que no vamos a desvelar la trama.  Cuando Ballvona baja a puerto, o se enfrenta a los mil quehaceres diarios de un capitán, resulta de una credibilidad absoluta. Quizás será porque es materia que don Elías conoció en vivo y en directo navegando en esos barcos.

Lo que si voy a revelarles es un secreto que nos reveló don Elías en la presentación del libro allá por el 2013, en Madrid. En uno de sus viajes, estando el Filadelfia, se vio sin comerlo ni beberlo en medio de una manifestación por la muerte de Luther King (sí, ha llovido).  La policía le rescató del tumulto, y en medio de la confusión conoció a otro marino español, este más mayor. Lo ha adivinado usted, se trataba de la persona que esconde bajo el pseudónimo de Emilio Ballvona. Este le relató la historia que ahora don Elías nos cuenta, y es que como dice Ricard Ibáñez, la realidad supera a la ficción. Y en este libro de dos formas. Primero como se puede ver en el fondo de una historia que es real, en la que el autor solo ha añadido acción y una bella dama para hacerla más amena. Y segundo en las formas, en la entrañable descripción de unos capitanes de otros tiempos no tan lejanos, que fueron nuestros maestros y ahora navegan por siempre Allá Donde No Hay Malos Vientos, y cuyo espíritu, gracias a libros como este, no será olvidado.

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