"LLEGENDES DE PESCADORS I ALTRES HISTÒRIES DE LA MAR"

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NAUCHERglobal. Joan Cortada 1 19/07/2016

Desde hace ya algunos años, ha ido menguando mi entusiasmo por la jornada dedicada al libro en Catalunya, en coincidencia con la Diada de Sant Jordi. En mi modesta opinión, se trata de una más entre otras tantas tradiciones que, si no se modifica el rumbo, corren el peligro de “morir de éxito” víctima del más prosaico y banal de los mercantilismos. Como afortunadamente a veces suele suceder en este país, es gracias al entusiasmo popular por salir festiva y masivamente a la calle en una jornada primaveral y a la felicísima asociación en el imaginario colectivo de dos elementos simbólicos tan potentes como la rosa —símbolo del amor— y el libro —como paradigma de la cultura— lo que mantiene todavía un aceptable grado de autenticidad  y de encanto en esa jornada.

A nivel estrictamente editorial, en cambio, la monotonía, la rutina, el marketing más feroz y el afán por figurar entre los best sellers se imponen descaradamente. Acabo de leer en la prensa (15 de julio) que los editores proponen que el Dia del Libro... dure tres días, lo cual sería la muerte definitiva del espíritu que actualmente apenas mantiene. Puede decirse que, salvo raras excepciones, visto uno de los puestos de libros instalados en nuestras calles, vistos todos. En todas partes los mismos títulos de las grandes editoriales, cuya salida al mercado se ha hecho más o menos coincidir con Sant Jordi. En la última edición, el 23 de abril de este año, fueron varias las ocasiones en que pude escuchar el siguiente diálogo:

—Perdone, ¿tienen ustedes el libro XX, del autor YY?

—No señora, para eso tiene usted que ir a nuestro local, donde posiblemente lo encontrará.

—Pero se trata de un libro editado hace sólo seis meses...habia esperado hasta hoy para comprarlo con el descuento...

—Sí señora, ya lo imagino, pero aqui sólo tenemos espacio para exponer las últimas novedades.

El vendedor, a esta frase postrera, de “últimas novedades”, omite añadir “de las cinco o seis principales editoriales” (que en la práctica, se reducen a dos o tres holdings).

A pesar de ello, el lector impenitente no debe cejar en su empeño en hallar, entre tanto libro mediático de algun famosillo televisivo, entre tanta novela escrita por encargo y generosamente retribuida en premios convocados ad personam o entre las autobiografías de políticos redactadas por un “negro” complaciente, algún pequeño tesoro, alguna rara perla. Y a veces lo consigue, como me ocurrió con el libro que me propongo comentar hoy.

Se trata de Llegendes de pescadors i altres històries de la mar, firmado por Joan de Déu Prats, publicado por Ediciones B y, al parecer, distribuido con aceptable eficacia, ya que pude verlo en un par de stands callejeros. Como su título deja entrever, el autor ha recopilado muchas de las leyendas y mitos de la gente de mar de la costa catalana. Aquello que sorprende, sin embargo, es que lo ha hecho de una manera sistemática, ordenada y posiblemente exhaustiva, empezando por Portbou y terminando en Les Cases d’Alcanar. Además, no se ha limitado a la temática señalada, sino que el texto incluye también elementos históricos de la mayoría de las más de cincuenta poblaciones ancladas en nuestra costa, la etimología del nombre de muchas de las mismas y el impacto producido en ellas por algunos sonados naufragios o ataques de los corsarios ocurridos en sus aguas.

Un libro delicioso, fascinante y de escritura impecable, que en algún momento, en algún que otro pasaje, aparece impregnado de un hálito poético que nos lleva a recordar a la centenaria y modélica en el género Pinya de Rosa del maestro Joaquim Ruyra, que tuve ocasión de evocar hace algunos meses. Un libro el del señor Prats, por lo tanto, imprecindible para la preservación de la memoria de una tradición marinera en trance de desaparición, sumergida bajo toneladas de cemento y el incontenible tsunami de turismo de sol y playa.

Hemos sentido curiosidad en profundizar en el proceso creativo de esta obra y, a tal fin, hemos conseguido ponernos en contacto con el autor. Joan de Déu Prats (Barcelona, 1962)  ha tenido la amabilidad de mantener con nosotros el siguiente diálogo:

 

Lo primero que sorprende, en relación a “Llegendes de pescadors...” es que usted no parece ser un hombre de mar, por lo menos en el plano profesional y académico. Sus estudios han sido los de periodismo. ¿Cual fue la razón, el impulso, que le llevó a plantearse escribir ese libro?

—La iniciativa del libro no fue mía, sinó que fue de la editorial, la cual había detectado la falta de una recopilación de las leyendas marineras de nuestra costa, que es —por cierto— sumamente extensa. Yo no tenia ninguna relación directa con la mar, salvo que consideremos como tal el hecho que mis abuelos regentasen una pescateria, pero sí que, en los últimos años, he profundizado en el tema de las leyendas populares. Esa fue la razón por la cual la editorial me sugirió esta obra y yo acepté el encargo

—En el plano literario, usted aparece como autor de más de un centenar de libros de literatura infantil y juvenil. Algo que, como su background profesional, también aparece como muy alejado de la temática de “Llegendes de pescadors...”. Veo, sin embargo, que hace un par de años publicó otro libro, “Barkeno, Barcino, Barcelona” que representaría un giro más hacia una literatura de divulgación histórica “para todos los públicos”. ¿Es el libro que hoy comentamos una consolidación de dicho giro?

—Efectivamente. Profesionalmente, yo inicié mi andadura en el campo humorístico y satírico —la revista El Jueves, por ejemplo— y allí hice muchos amigos ilustradores que, en vista de mi inclinación por el mundo de la fantasia, me animaron a escribir cuentos infantiles. Para mí, la leyenda està a caballo de la fantasia y la realidad, ya que recoge también muchos ecos del pasado, hechos ciertos que la fantasia popular reelabora y, como usted señala, últimamente me he ido interesando más en este campo.

—En otra entrevista que le hicieron, a la pregunta de cómo se escribe un libro para niños, usted contestó: “Siendo un niño también”. ¿Se ha transformado en hombre de mar, para escribir “Llegendes de pescadors i altres històries de la mar”? Se lo pregunto porque es infrecuente que un hombre de tierra escriba “la mar” y no “el mar”; es todo un detalle de compenetración en el rol, por decirlo de algún modo...

—Bien, se trata de una cuestión de profesionalidad. Si se produce una película en la cual aparece un pescador, ese papel lo hace un actor, no un pescador. Por lo tanto, el actor ha de saber compenetrarse en el rol. Con el escritor sucede algo parecido, pero en mi caso fue más fácil al haber ya trabajado el tema de las leyendas anteriormente. Sin embargo, una vez entrado en materia, pronto me di cuenta que el tema podia y debía ser más amplio: los corsarios, el contrabando, los marinos mercantes, hechos históricos varios, etc. Lo consulté con la editorial y aceptaron mi sugerencia de no limitar la obra a sólo las leyendas de pescadores

—Al leer “Llegendes de pescadors y altres històries de la mar” lo primero que pensé fue: “Este hombre o bien es un pozo de ciencia o bien ha realizado un trabajo de campo o de búsqueda de documentación impresionante...” ¿Puede explicarnos en síntesis el método empleado en el trabajo de redacción del libro?

—Cuando alguien lee un libro que le agrada, tiende a pensar que hay detrás una gran labor y una gran dificultad, pero debo decir que en este caso no lo es tanto. Había muchísimo material disperso: ensayos, tesis doctorales, hemerotecas, webs municipales, material en museos, cartografia, estudios parciales, etc., que me he limitado a ordenar, sintetizar y darle el toque de magia propia del divulgador para explicarlo de forma amena. Me hubiese encantado hacer un trabajo de campo intensivo, recorrer cada rincón de los más de 500 kilómetros de costa catalana, pero no dispuse del tiempo necesario para hacerlo y, por lo tanto, mi labor de investigación ha sido más bien documental.

—¿Cree usted que la tradición oral de muchas de las leyendas e historias que plasma en su libro se mantienen todavía vivas en poblaciones como Llançà, Blanes, Mongat o Altafulla? ¿Es posible encontrar aún viejos pescadores que las recuerden?

—Quedan los últimos. Por ello es tan interesante recoger ese acervo. Las leyendas y las historias más o menos ciertas son muy importantes, ya que han configurado el imaginario colectivo, nuestra forma de ser y pensar. A mí las leyendas me interesan y me sirven como trampolín para explicar nuestra cultura y forma de pensar. Si fuésemos griegos, su gran mitologia, no superada por ningún otro pueblo, nos lo pondria fàcil; en nuestro caso se trata de una labor más difícil y prolija, queda todavía mucho por recoger, ordenar y recopilar. Las de los marinos y pescadores es posible que sean actualmente profesiones muy minoritarias o incluso en trance de extinción, pero durante siglos los hombres de mar ejercieron una actividad épica, ya que enfrentarse a la mar es algo épico. Suceda lo que suceda en el futuro, al pueblo esa épica le seguirà interesando y deseará conocerla.

—Se observa, en las historias que usted recopila en su libro, un cierto hilo conductor, un cierto común denominador, representado por los monstruos marinos míticos, las brujas, las sirenas, las “dones d’aigua”, les “xucladores”, así como de determinados prejuicios. En uno de los pasajes de la obra indica que “La gente de mar creía que embarcar mujeres, jorobados, bizcos o tuertos y llevar un cadáver a bordo, hace naufragar” Ello me recuerda cómo un escritor inglés de novelas de ambiente marítimo, Patrick O’Brian, relata determinadas creencias muy arraigadas entre los marinos del siglo XVIII: Hacerse a la mar en viernes o con una mujer o un clérigo a bordo era de mal augurio, como también el hábito de señalar a determinada persona de la tripulación de un barco como “gafe”, la creencia de que silbar en períodos de calma podia atraer el viento, etc. ¿Cree usted que los marinos y pescadores han sido tradicionalmente más supersticiosos que la gente de tierra firme?

—Para empezar, creo que el termino “superstición” debemos relativizarlo. Antes del siglo XVIII, cuando aparecen la ilustración y el racionalismo, la gente vivia en un contacto mucho más intenso con la Naturaleza. Ello todavía es más claro en el caso de los marineros y pescadores: al hacerse a la mar pierden contacto con la cilivización para convertirse en “islas” rodeadas de pura naturaleza. Ello podria hacerles más sensibles a percibir muchos elementos y fenómenos de la misma que no tienen explicación científica clara y que forman parte esencial de sus leyendas. Creo que hay mucho más en la naturaleza de lo que el telescopio y el microscopio ponen al alcance de nuestros ojos. Y a todo eso, actualmente, nos limitamos a llamarle superstición, pero si pudiesemos hablar con los marineros, o con gente de tierra adentro que ha vivido en un contacto intenso con el medio natural, podríamos leer entre líneas de sus leyendas, prejuicios y supersticiones y descubrir que en ellas hay algo —poco o mucho, no lo sé— que posiblemente sea cierto. En cuanto a las sirenas, hadas y animales míticos, hay que tener en cuenta que formaban parte de las antiguas religiones. Detras de cada fuente, arbol o viento, había una divinidad concreta que el cristianismo transformó en demonios u otros seres malignos, o bien entraron a formar parte de los cuentos infantiles gracias,sobretodo, a los hermanos Grimm.

—Una pregunta un poco más comprometida: En determinados pasajes de su libro da la impresión que aflora en cierta medida el creador de cuentos infantiles, que existe una dosis de fantasía e incluso de poesia que “adorna”, que tiende a sublimar las sencillas leyendas populares. ¿Tiene usted conciencia de ello o bien cree haber sido totalmente fiel a dicha tradición popular estrictamente tal como se ha trasmitido oralmente de padres a hijos?

—He intentado ser fiel a la síntesis de las diferentes versiones existentes de cada leyenda, ir a la esencia. No debemos olvidar que se trata de un tipo de tradición popular, son ecos del pasado que se han ido “reeditando” oralmente a lo largo de los siglos, a través de versiones varias. No he tenido un especial interès en adornar esas historias, pero sí las he querido barnizar de una cierta poesia y hacerlas de lectura fàcil y amena. Me interesa ante todo la divulgación, però no una divulgación fría, sino rica y que interese y que, si es posible, llegue al corazón del lector.

—Su libro, ademas de leyendas e historias, dedica también algún párrafo a la toponimia y a la etimología de los nombres de poblaciones, calas o cabos de la costa. Parece resultar un terreno donde a menudo aparecen serias dudas. Por ejemplo, Portbou no tendria nada que ver con el ganado bovino, sino que podría proceder del “bou marí”, una especie de foca mediterránea hoy extinguida en nuestras costas, o bien de los “baus”, escollos traidores sumergidos que dificultan la navegación; o que Sitges debería su nombre a la costumbre pretérita de utilizar como silos de grano (sitges, en catalán) las cuevas del macizo del Garraf. Tengo la impresión que es un terreno donde usted ha encontrado, sino escollos, notables arenas movedizas para determinar a ciencia cierta el origen de los nombres de algunos pueblos. ¿No existe documentación que permita despejar tales dudas? 

—A mí me interesa bastante conocer el origen de nuestros pueblos, ya que es algo que forma parte de nuestra historia. En muchos casos no hay dudas y en otros, en cambio, entramos en el terreno de la leyenda, del imaginario colectivo y por ello lo recojo en mi libro. No solo la toponímia, sino también otros temas interesantes, como el hecho de que la plataforma continental catalana sea muy reducida, más allá de la cual encontramos grandes abismos marinos que, por cierto, son los caladeros de pesca más ricos; o la presencia de diversos tipos de tiburones y cetáceos, el Mediterráneo no es un lago.

—Otra constante de su libro es también la presencia generalizada de la amenaza corsaria, especialmente berberisca, que obligaba a las poblaciones a fortificarse o a edificar algunos pueblos a cierta distancia de la costa o en puntos elevados de fácil defensa. Resulta sorprendente, para el lector de hoy en día, que en pleno siglo XVII, hacia 1615, e incluso más tarde, los piratas moriscos fuesen capaces de asolar Badalona, Castelldefels o la costa de Garraf  con ánimo de saquear las poblaciones y  capturar esclavos,  o que el barrio de Can Tunis pueda deber su nombre a la frecuente presencia de piratas tunecinos en el mismo pie de Montjüic. En aquellos momentos en que el Imperio Español era la primera potencia mundial, ¿cómo se explica usted que le resultase  tan difícil defender eficazmente las costas de su propia metrópoli?

—Es un tema muy importante y largo de responder. Generalmente asociamos los piratas al Caribe, olvidando que constituyeron una auténtica pesadilla para nuestros antepasados. Estas costas —hoy tan lúdicas y emporios del turismo de masas— hasta hace doscientos años eran un lugar muy peligroso para vivir; podias acabar siendo un esclavo vendido en cualquier mercado de Argelia, que por cierto dista sólo unos 500 kilómetros de Barcelona. Entre Cambrils y el Delta del Ebro, en el llamado Desierto de Alfama, encontramos los restos de diversos pueblos que fueron precisamente abandonados por causa del peligro corsario. Actualmente hemos perdido el recuerdo de ese pasado, pero en su momento fue real y terriblemente doloroso y, también, origen de muchas historias y leyendas. Se dice que Cervantes fue capturado por los piratas argelinos cuando estaba a punto de llegar a la costa catalana. Hoy ese peligro no existe, pero desgraciadamente persiste el desencuentro y el conflicto entre las riberas norte y sur del Mediterráneo. La desprotección y la inseguridad de las costas, agudizada tras la unión de Aragón con Castilla y por el auge del poder otomano que controlaba el Magreb y que llegó a las puertas de Viena, se debió a la la lejanía de la capital, Madrid, y motivó muchas quejas y lamentaciones que no siempre recibieron la respuesta oportuna. La administración española del momento tenia centrados su atención y sus medios materiales en el norte de Europa, Flandes principalmente, en la lucha contra los protestantes alemanes y en el Atlántico.

 

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