LEJOS DEL CORAZÓN: BEVILACQUA Y CHAMORRO SE BAJAN AL MORO

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MIGUEL ACEYTUNO 14/11/2018

Veinte años después de la primera novela y con un Nadal y un Planeta en las tirillas del pecho, Lorenzo Silva y nuestros guardias civiles favoritos vuelven en "Lejos del corazón" (Ediciones Destino). Como bien saben los seguidores de esta serie, el apellido Bevilacqua viene de uno de los descendientes de la famosa saga de corsarios tiroleses que plantó sus reales en Barcelona atraído por unos ojos negros y pasó al mucho más noble, –pero también trufado de aventuras– servicio del Marqués de Comillas. El tiempo pasa, pero Rubén no lo lleva mal: aunque ya anda descontando cuánto le queda para pasar al retiro, sigue pegándose esos panzones estajanovistas de currar y mantiene ese liderazgo paternal que ha hecho que le salga una estrella de subteniente en esa guerrera que solo se pone para ver cómo su hijo jura bandera en la picolicie. (Hay que joderse, que el niño dice que no necesita más héroes que ese padre que siempre ha dudado tanto de si está haciendo bien las cosas).

Cuando pasa a tu lado Virginia Chamorro sigues girando la cabeza, y no solo para saludar las tres tirillas con las que en su día Vila le bajaba los humos cada vez que la joven guardia osaba toser. Está en lo mejor de su vida, como guardia y como mujer, pero siente que se le escapa de las manos la arena del reloj biológico y, en el frío de la noche. busca en Rubén no solo al compañero, al jefe y al hombre, sino algo más que ambos desean pero no se permiten. Resulta soberbia la evolución de estos personajes a través de toda una vida, y ello solo ya justificaría zamparse la serie, plato abundante, pero de buena digestión.

«Magnífico», dirán ustedes. Leamos la novela, pero esta es una revista de navegación. Ahora voy a eso. Un punto muy importante de la trama argumental es el paso de costo –y otras cosas que no voy a revelar– a través del duro estrecho de Gibraltar. Bevilacqua embarca con los compañeros de la Guardia Civil del mar, y tenemos un vibrante abordaje en la noche que nos recuerda la lucha entre las Heineken y los cabezones que contaba Pérez-Reverte en La Reina del Sur. No hay aquí RIPA ni mondongos, sino co… razones contra corazones, en esa mar dura donde la ley es un papel –nunca mejor dicho – mojado.

¿Qué más tenemos? Una trama informática inteligente. Quien suscribe lo es de profesión y está hasta la galleta de la mayor de leer novelas donde un presunto “hacker” de chicha y nabo entra en los ordenadores del Sursum Corda de Sebastopol con una PlayStation 2 y un móvil Motorola. Don Lorenzo tiene amigos en la policía científica que sin duda le han revelado… hasta donde han considerado conveniente. Desde mi conocimiento profesional, un diez a lo que dice, y otro, a lo que calla.

¿Qué más? Muchas cosas. La novela nos cuenta algo, muy poco, sobre los inicios de Vila en la Benemérita en los duros años de plomo del País Vasco.  El Moro… quiero decir, el ahora capitán Álamo, es un adicto a vivir en el filo de la navaja. Compartió con un Bevilacqua apenas salido de la academia muchas noches de frío y miedo en los bosques vascos; el cetme siempre a punto. Ahora vuelve del pasado para recordar a Rubén que todo pasa y todo queda.

Carreras por La Línea persiguiendo –y perseguidos por– narcos, cafés sosegados con delincuentes protegidos por la verja de Gibraltar, y un brillante elenco de secundarios que incluye a familiares que odian a la Guarda Civil. pero que terminan a su lado, un abogado con pocos escrúpulos que muerde más de lo que puede masticar, y la habitual patrulla verde oliva, que tendrá sus defectos, pero ni duerme ni descansa, serena ante el peligro… al menos, de uniforme para afuera, que bajo el tricornio, ojú, parece mentira, hay currantes que marchan cada mañana al tajo y que llaman de tapadillo a esa persona ‘importante cuando tienen un segundillo entre marrón y marrón para pedirle perdón por no poder estar a su ladito, que alguno tiene que cazar a los malos.

Podría seguir contando, pero no quiero destripar la novela. Y si le gusta –que le gustará, tiene mi palabra de Boy Scout– eche un vistazo a una de las mejores series de novelas policiacas que haya escrito nadie en este país. Sherlock y Watson, de verde oliva.

 

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