LA GRAN PERSONALIDAD DE ERNESTO ANASTASIO

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NAUCHERglobal, Anna Lozano 1 19/03/2017

Encontré hace unos días, mientras me dedicaba a revolver libros en una librería de viejo de Canet -población marinera a unos 50 kilómetros de Barcelona- un librito de 1952 que llamó inmediatamente mi atención. Intervengo en el proyecto de NAUCHERglobal de escribir una biografía de Ernesto Anastasio Pascual, el capitán de la marina mercante española más eminente de los últimos cien años, y el librito que encontré ostenta en la portada: “Bodas de oro del Excmo. Sr. D. Ernesto Anastasio Pascual como Capitán de la Marina Mercante – 1902, 7 de enero, 1952”. Lo compré de inmediato sin regatear el precio.

En puridad no se trata de un libro, sino de un cuaderno que recoge los discursos que se pronunciaron en la comida de homenaje a Ernesto Anastasio que tuvo lugar en el Hotel Palace de Madrid el lunes 7 de enero de 1952, al que asistieron 508 personalidades. Fuera se quedaron otras numerosas demandas de personas que desearon asistir, según apunta el texto Razón y organización del homenaje que, a modo de prefacio, firma Compañía Trasmediterránea. El librito incluye también una breve nota biográfica y algunas adhesiones escritas de personas y entidades que no pudieron asistir al homenaje.

Los discursos de Manuel Cencillo de Pineda, conde de Pernia, director de la Compañía Trasmediterránea; de Fernando Canals Alvarez, secretario general de Trasmediterránea y procurador en Cortes; de Vicente Gallart, párroco de la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Cañamelar (Valencia), donde nació Anastasio; del almirante Rotaeche, subsecretario de Marina Mercante; y del almirante Salvador Moreno Fernández, ministro de Marina, tuvieron sin excepción el aire marcial y solemne -hoy diríamos rancio y gazmoño- que requerían las épicas loas al homenajeado. Entonces Ernesto Anastasio presidia la Compañía Trasmediterránea, Unión Naval de Levante y La unión y el Fénix Español, entre otras muchas, y era presidente del Comité Español del Lloyd’s Register of Shipping y de la Sociedad Española de Derecho Marítimo. Una personalidad inmensa.

Lo mejor del libro, sin duda, es la transcripción del discurso que pronunció el propio Ernesto Anastasio. Un discurso sincero, cargado de emoción y talento. El tiempo, afirma, es como un inmenso recipiente vacío, como es el espacio, y hay que llenarlo de acontecimientos (…) Y yo como actor en esos cincuenta años, ¿cómo os voy a contar lo que ha sido mi vida, si lo único extraordinario de mi vida es que en ella no ha habido nada de extraordinario? Confiesa Anastasio que es hijo de padres humildes y quizá en ello encuentro mi mayor orgullo. Mi padre era marino, y eran marinos los hermanos de mis padres y eran marinos mis abuelos.

Además de capitán de la marina mercante, con mando en el bergantín SOBERANO entre 1902 y 1906, y al mando del vapor CASTRO hasta 1907, Ernesto Anastasio fue práctico del puerto de Barcelona a los 26 años de edad, y abogado con 33. El derecho y la navegación, sus dos vocaciones. Magnífico oficio el de navegante, exclama Anastasio, citando una escena de la película “Alba de América”. Yo no lo cambiaría por ningún otro (…) Sí señores. Yo soy, ante todo y sobre todo, y quiero continuar siendo un Capìtán de la Marina Mercante.

Tras analizar con agudeza el tránsito de la verla al vapor, una revolución que vivió en primera persona, Ernesto Anastasio acaba su discurso con una admirable sencillez: yo no aspiro ni a pasar a la posteridad ni a que se me atribuyan -como he dicho antes- méritos excesivos, porque me remordería la conciencia. Yo aspiro a que se me tenga por un hombre de bien, amante de mis hijos, que no siente odio por nadie, que ama el trabajo y sobre todo, ya que estamos en esto, que ama la Marina (…) porque quizá haya sabido, durante estos cincuenta años, hacer honor al título de capitán de la Marina Mercante.

Fue en el transcurso de ese homenaje cuando el almirante Rotaeche, tras elogiar los méritos de Ernesto Anastasio en la Compañía Trasmediterránea, empresa que este año celebra su centenario (…colaboró en su concepción, colaboró en su creación, colaboró en sus primeros pasos, porque luego la madurez ha sido obra exclusivamente suya), rogó a los consejeros de Trasmediterránea que a la primera unidad que, construida en los astilleros nacionales, ostentase el gallardete de la Compañía Trasmediterránea, que sea de rango y categoría parecidas a las del DÓMINE, la pusieseis el nombre de don Ernesto Anastasio. Y así fue. Tuve hace años un profesor, marino, que un día me contó que en ese buque, en el ERNESTO ANASTASIO, logró enamorar a su esposa con el recurso de explicarle con pasión los elementos del buque, sus instalaciones y navegaciones.

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