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LA ACADEMIA DE GUARDIAMARINAS

  • Historia

NAUCHERglobal, José María Sánchez Carrión 1 15/06/2018

1. Creación de la academia de guardiamarinas

Nos detendremos para analizar las razones de la creación de la Academia de guardiamarinas y las razones que hicieron en 1717 concebir una escuela de cadetes hijosdalgo con el fin de que: “una Compañía de juventud ilustre en mis reinos con el nombre de Guardias Marinas, y para su educación y enseñanza una Academia donde pudieran aprender las ciencias y las facultades matemáticas, (..) náutica, maniobra (..) y de la construcción naval, poniéndoles maestros capaces para su logro”[1] .

El penoso estado en el que se encontraba la marina española a finales del XVII impulsa con la nueva dinastía una profunda transformación. Solo nos ocuparemos de aquel empuje que le diera el Intendente General Jose Patiño, nombrado el 18 de enero de 1717, en lo que se refiere a la creación de dicha academia. No obstante, no puede obviarse que el gaditano Andrés de Pez, Gobernador del Consejo de Indias, tenía con anterioridad la idea de crear un centro de enseñanza, similar a los existentes en Francia (gardes-marine) o Inglaterra (midshipmen) y consecuente con los informes recibidos el 28 de noviembre de 2016, ordena al Príncipe de Campoflorido, comandante general de Guipúzcoa, que anime a la juventud a incorporarse al servicio de la Armada, una vez que el Rey había decidido crear el que sería el más importante cuerpo de las milicias. Por ello, Cervera Pery señala categóricamente que la decisión de fundar una academia de oficiales le corresponde al jefe de escuadra y Gobernador del Consejo de Indias[2].


Sin embargo, es innegable que Patiño quería para su academia que fuese un modelo en el que, aunque se exigiría una determinada hidalguía como en la francesa, atendería “a las necesidades de formación de una oficialidad instruida en consonancia del arte de navegar y de la guerra”.

La idea del Superintendente era que los guardiamarinas en base al modelo inglés, fuesen técnicos, constructores, navegantes o estrategas y esa idea caló en todos los estamentos y años más tarde Jorge Juan diría que la Armada para construir sus buques solo necesitaba “carpinteros”, que realizan su trabajo siguiendo las instrucciones de los oficiales.

Las ordenanzas de la Marina de 1717 señalan en el capítulo VI
“De los cadetes embarcados, se deben principalmente como gente de guerra y parte principal de la que guarnece los navíos, y por consiguiente, deben ejecutar lo mismo que los soldados, que se hallen en ellos en lo tocantes a guardias, con la sola diferencia del paraje y la forma que se les mandará ejecutar por los capitanes.”

La idea ya estaba tomando forma, pero ¿dónde dar las clases? ¿dónde se ubicará el cuartel? Después de mucho buscar, la academia se ubicaría en el aristocrático barrio del Pópulo en un viejo caserón al lado del ayuntamiento, propiedad de la marquesa de Villavicencio y, a falta de posada para los cadetes, que no estarían acuartelados, se utilizarían casas particulares[3]; para ello se habilitaron antiguas viviendas de los corregidores, cercanas al cuartel real, para comunicarlas con las de la marquesa de Villavicencio. Esta decisión motivó que el conde de Alcudia la recurriera, pleito que se resolvió favorablemente al Ayuntamiento al demostrarse que, por formar parte de la muralla, eran de titularidad pública.

También deberían arreglarse con anterioridad los sueldos de los futuros cadetes, así como su uniformidad. Los primeros se establecieron en quince escudos de vellón y razón y media de pan para los días embarcados[4] y el otro, cosa que obviamos describir, detallando cada una de las piezas del uniforme.

2. Implantación y evolución de los planes de estudios

Una vez resueltos los aspectos previos, se elaboró la normativa legal mediante la promulgación de dos instrucciones, una del 16 de junio de 1717 titulada “Instrucción para el gobierno del Cuerpo de la Marina de España” y otra de fecha de fecha 15 de abril de 1718 titulada “La instrucción para el gobierno, educación, enseñanza y servicio de los Guardias Marinas y obligaciones de sus oficiales y maestros de facultades”[5]. Con respecto a estas instrucciones hay suficientes indicios para suponer que la primera nunca entró en vigor y que fue considerada como un simple borrador[6]

Los planes de estudios, aunque estuvieran regulados por la Instrucción de 1718, sufrieron muchos cambios por el resultado negativo de sus aplicaciones, a pesar o tal vez por ella, de la excesiva minuciosidad con que detalla el desarrollo de las clases.

La grandilocuencia con que se describía el contenido a enseñar y la completa extensión de las materias predispone a los estudiosos a suponer que el resultado de introducción fuese “de una racionalidad geométrica pudieran asimilar las novedades técnicas y científicas del extranjero”[7].

“(..) el principal fin (..) es para que el Rey no solo consiga habilitar la Nobleza de los reinos y que le sirva en su marina (..) sino también aptos para otras profesiones, las que por falta de robustez o inclinación no puedan seguir con la profesión militas (..)

(La educación será) adornada de las ciencias y facultades de la matemática con las reglas de la cantidad: Discreta geometría, trigonometría, cosmografía, náutica, maniobra, fortificación militar, teoría de la artillería y construcción de navíos (..)

Pero la dura realidad les llevó por otros derroteros y, durante los primeros años de funcionamiento de esta academia, se confeccionaban los planes de estudio de acuerdo con los conocimientos del director de turno, al que además se le reservaba el cargo de primer maestro.

El primer director de la academia y primer maestro de matemáticas fue Francisco Antonio, nombrado por Patiño el 1 de marzo de 1717 y el 1 de abril de 1718 se le dice y fue director entre 1717 y 1723.
“Atendiendo a la inteligencia y circunstancias que concurren en don Francisco Antonio de Orbe para la dirección y facultades matemáticas a los Guardias Marinas de la Armada, lo que ha estado efectuando en virtud de orden mía... atendiendo también a los empleos que antes de este obtenía en Sevilla, he tenido por conveniente... se le asista mensualmente con el sueldo de trescientos escudos[8]…”[9] .

Cuando por fin, pasados casi veinte años, se dan cuenta de que dicho sistema no era el adecuado, en 1735 se encarga al Ingeniero Director y Brigadier del Ejército[10] Diego Bordick que prepare un auténtico plan de estudios para la academia:
“Instrucción que manda S.S. se observe por el Profesor Principal y Maestro de facultades matemáticas (..) en que se trata del método universal de la enseñanza de estas facultades y de las pertenecientes a las fortificaciones y su dibujo”[11] en las que se especifican las disciplinas para hacer buenos “Geógrafos, Ingenieros, Astrónomos y Náuticos (..) necesarias a la Marina, Fortificación y Artillería…”[12]

Tampoco con este nuevo plan se obtienen los resultados previstos y hay que esperar a la Ordenanza de 1748, para definir un plan de estudios y su claustro correspondiente. Este lo formaban diecinueve personas, diez maestros (3 para matemáticas y uno para cada una de las asignaturas siguientes: artillería, construcción de buques, maniobra, idiomas, dibujo, danza y esgrima), además del armero, porteros y barrederos.

El personal docente está compuesto por un director (que será además el primer maestro), un segundo maestro, un profesor de teoría y práctica de artillería, otro de construcción de navíos, otro de esgrima, otro de lenguas extranjeras, danza y el fabricador de instrumentos matemáticos. La escasez de libros para la enseñanza se mantuvo durante mucho tiempo, ya que cuando Jorge Juan va en misión de espionaje a Inglaterra uno de los encargos que recibe de Ensenada es que se agencie en Inglaterra de libros e instrumentos:

“Siendo constante que por falta de Libros e instrumentos que están en España en un estado infeliz las ciencias matemáticas y que nuestros Guardias Marinas aprovechan poco en la Academia, comprará y enviará a España Don. Juan los que de una y otra especie creyere será útiles con dirección al Intendente de Marina de Cádiz[13].

La ordenanza de 1748 establece un mando jerárquico doble: el capitán de la compañía de guardiamarinas y el director de la academia. El mando absoluto descansa sobre el primero, al que el director y por supuesto todos los maestros le quedan supeditados en todos los supuestos, excepto los estrictamente docentes.

La petición que Andrés Pez, Gobernador del Consejo de Indias, hizo al Príncipe de Campoflorido, comandante general de Guipúzcoa, dio su efecto y la mayoría de los 77 alumnos con los que contaba la academia el 31 de marzo de 1717 provenían de las provincias vascas y, embarcados en los navíos San Luis, San Fernando y San Juan Bautista, llegaron a la Bahía gaditana.

La Academia se abrió con ciertas limitaciones a alumnos libres, y mantuvo esta peculiar forma, políticamente correcta por supuesto, de aceptar oficiales del Cuerpo General sin haber podido ingresar en la Academia ni formar parte de la Compañía de guardiamarinas. Evidentemente, esta liberación de la prueba de hidalguía, carencia y ausencia a las clases, debía ser compensada de forma palpable[14] al prestar servicio como meritorio sin paga alguna, embarcado como aventurero sin graduación pero sometido al régimen militar y, cuando se considerara preparado con experiencia militar y naval, se le permitía presentarse a examen[15]. Es en 1897, ciento ochenta años después de su creación, cuando se establece para los aventureros un estipendio “como único haber la media gratificación de mesa”[16].

Ni el plan de estudios de Diego Bordick funciona, ni tampoco las consideradas en las reformas de 1748, así que cuando Jorge Juan después de volver de Inglaterra es nombrado Capitán de la Compañía de Guardiamarinas, Ensenada le pide que se centre en el establecimiento de un nuevo plan de estudios[17]. Juan, que sabe que su amigo Godín ha vuelto a Francia[18], le propone se le nombre director para así establecer juntos ese nuevo plan de estudios en el que, por cierto, se incrementan las enseñanzas de construcción naval.

Con la llegada de Arriaga a la Secretaría de marina, se paralizan las inversiones en la academia, al tiempo que se convierte en un foro de discusión permanente entre los oficiales del cuerpo general y del ministerio, lo que acarrea un nuevo fracaso del plan de estudios. Arriaga define que la academia “forma tenientes de fragata que apenas saben leer pero que manejan a la perfección las tablas de logaritmos (. y.) a los que los éxitos no acompañan a su fatuidad”[19]. Un nuevo plan de estudios empieza a gestarse, esta vez bajo la tutela del Marqués de la Victoria, que se acaba concretando con el director general Andrés Reggio.

La Armada era consciente del deficiente nivel general de conocimientos con que sus oficiales salían de la Academia debido a la irregular y deficiente formación previa (algunos sentaron plaza de Guardiamarina sin saber apenas leer), a los insuficientes planes de estudios y a la dificultad de disponer y retener personal docente altamente cualificado. Por eso en el artículo VIII punto 45 de las Ordenanzas, con la intención de conseguir nuevos maestros, se establece que:
“los oficiales de guerra, que quisiesen seguir la carrera de Maestros de la Academia, no sólo no desmerecerán por esa razón, sino que se les considerara este servicio por muy especial para sus adelantamientos”.

Tampoco estas disposiciones logran que buenos e instruidos oficiales se inclinen por la enseñanza abandonando la carrera de las armas y por ello, de acuerdo con la R.O. de 5 de junio de 1774 (un año después de la muerte de Jorge Juan y cincuenta y siete del establecimiento de la academia), se delega en el director la selección de cuatro cadetes “que manifiesten más talento, y aplicación y gusto a las ciencias”[20] para que reciban una enseñanza personalizada e intensiva y embarquen dos a dos al corso a fin de disponer “siempre sujetos en quienes dignamente recaiga el empleo de Maestro de Guardiamarinas, y la mayor instrucción de estos”.

No obstante, el problema sigue sin solucionarse y aunque nos apartemos de los tiempos de Jorge Juan, señalamos que la búsqueda de la excelencia en la enseñanza en la Academia siguió con los ministros posteriores a Arriaga como González-Castejón en 1776 y Valdés en 1783.

En 1776 se produce la división de la Compañía de Guardiamarinas de Cádiz[21] en tres (la principal de Cádiz y las subalternas de Cartagena y Ferrol)[22], división en principio copia a la marina francesa, ejecutando una idea larvada por Arriaga[23], cuando los franceses en 1773 deciden además de las de Tolón y Brest abrir una tercera escuela de Guardiamarinas en Havre[24],

Por parte española la R.O es el 13 de agosto de 1776[25] con el nombramiento de Francisco Winthurysen[26] como nuevo director de Ferrol. Se fijan las condiciones para los nuevos aspirantes, son las siguientes:

“Prevengo a V.S de orden del Rey que con los informes que diere en lo sucesivo de los sujetos pretendientes a Plaza de Guardias Marinas después de expresar si tiene los goces de hidalguía, el porte y situación de sus familias en los Pueblos de su establecimiento, y el máximo de circunstancias de Ordenanza, añada V.S. de cada uno si conviene o no conviene admitirlo, por ser esta la antigua práctica que conviene[27]”.

Por su parte Vicente Tofiño, director de Cádiz, en 1777 describe el plan de estudios, incidiendo en los puntos referidos a la construcción naval, obviando que desde hacía siete años existía un cuerpo patentado de Ingenieros de Marina con plenas competencias sobre ella, y establece que:

“En la Sala de construcción empiezan por el conocimiento de todas las piezas de un Navío, lo cual facilitan dos modelos muy al propósito que tiene la Academia: y después pasar à delinear, y hacer Planos y perfiles de Botes, Jabeques, Fragatas y Navíos, por las tablas de dimensiones que les da el Maestro instruyéndolos en el modo de trazar las curvas de diferentes especies de que se componen” [28].

Y en 1783, pasados sesenta y seis años del establecimiento y con Valdés sustituyendo a González-Castejón, manda a los tres capitanes[29] que establezcan un programa homogéneo y equilibrado entre la formación científica y la navegación con una duración de dos años, asignaturas semestrales y desterrando la práctica de que los más torpes marcan el ritmo de las lecciones[30] porque estas se adaptaban a su capacidad.

3. La vida de los primeros guardiamarinas de 1717

El primer asiento en el escalafón de la academia fue Esteban Reggio y Gravina (Stefano Reggio Gravina), príncipe de Yache (Palermo) [31], que murió a los noventa y un años como Capitán General de los Ejércitos de las Dos Sicilias y presidente de la Junta Real de Sicilia ante Nápoles. Tal vez su padre, Luigi Reggio, grande de España de 1ª clase y Capitán general de Guipúzcoa, quiso incentivar a los jóvenes vascos a dedicarse al servicio de la marina, siguiendo el llamamiento de Andrés Pez.

Entre el 7 de febrero y el 16 de diciembre de aquel año 1717, se incorporaron ciento ochenta y uno, de los que setenta y ocho eran andaluces (entre los que se encontraban cuarenta y tres gaditanos), cuarenta y tres vascos, ocho gallegos, siete madrileños, seis navarros y cuatro catalanes. El resto se repartían en nueve distintas provincias incluyendo al veracruzano Pedro Francisco de Ribera, catorce nacidos en territorios españoles en aquel año o en el de su nacimiento como debió suceder con los dos guardiamarinas llanitos.

Los meses de febrero y abril fueron los que recibieron más cadetes, el que menos julio y, como hecho digno de ser mencionado, se dice que de los diez que ingresaron en septiembre 7 eran vascos y tres gaditanos.

En 1719 aparecen por Cádiz una veintena de guardiamarinas rusos en donde permanecieron muy poco tiempo y en las cartas de Iván Neplujet describe la vida cotidiana de los cadetes españoles y su forma de comportarse. Ellos asistían a las clases sin entender nada e incluye que solo querían embarcar, que era para lo que les había enviado el Zar, pero no lo conseguían.

Guillén Tato incluye en un artículo, en el número 182 de la Revista General de Marina de 1972, un interesante trabajo que se analiza en el punto siguiente. Copio textualmente:

"Le sorprendió a los rusos la suntuosidad de los uniformes de nuestros guardiamarinas, pronto considerados como el primer cuerpo de la nación, nivelados a las reales Guardias de Corps: casaca y calzón azul, vueltas y medias rojas, botones y ojales de oro, y hasta a los embarcados se ke proveía de un sobretodo azul. Este vestuario, que consideraban pintoresco, les hizo lamentarse del suyo, de nuestro triste gris -escribió Iván Meplujet – y de su falta de abrigos.
Si un guardia marina enferma - prosigue-, en el hospital tiene medicinas y comida, descontándole cinco pesos, si marcha a cas, no se le descuenta del sueldo.

Un guardia marina no puede de ningún modos casarse antes de tener el empleo de oficial, no se les daba alojamiento, y si querían uno tenían que pagarlo de su sueldo, que era dos doblones, dos pesos, cinco reales de plata y cinco cuartos.
Por orden del rey, todo guardiamarina debía estar en su casa antes de la puesta del sol, y no alejarse, de los que se encargaban los brigadieres.

Si uno comete una falta, se le arresta en el piso la primera vez; a la segunda en meten en celda, pero si es grave lo llevan a la cárcel a pan y agua. Esto último lo considero una exageración -dice Guillen – del cronista improvisado Neplujet, quien no se recata en manifestar que uno de ellos, Alexis Arbusov, que quedó en la de Venecia por el asesinato de un compañero suyo.

El plan diario lo relata así: por la mañana se reunían en la iglesia y, bajo el mando del brigadier de servicio, iban a misa, que supongo se diría en el castillo. Después de dos horas de matemáticas en la academia; tras el almuerzo, regresaban a las tres, una cuarta parte daba clase de artillería, otra de ordenanzas, otra de maniobra y, la restante de danza.

Los rusos asistían a todas las clases, pero no hacían nada, por no entender el idioma, por lo que constantemente pedían se les embarcase".

4. Inventario de la biblioteca de la Academia de Ferrol

Aunque este inventario lo realizó Cipriano Vimercatí el 5 de febrero de 1787[32], creemos interesante incluirlo para conocer los textos de estos primeros marinos ilustrados:
- La ciencia de Ingenieros de Belidor.
- Tratado del Navío de Bouguer.
- Reglamento de maderas para un navío de 70 de Gautier.
- Examen Marítimo de Jorge Juan.
- Arquitectura Naval de Duhamel.
- Ciencia Naval de Euler.
- Teoría de la construcción y maniobra de los navíos de Euler.
- Construcción de navíos de Chapman.
- Arquitectura naval de Clairboy.
- Nueva teoría de la resistencia de los fluidos de D`Alembert.
- Sobre construcción de Diques o Malecones para contener las aguas.
- Arquitectura Naval de Sutherland.
- Tratado de Construcción de navíos de Guempy.
- Ordenanza de S.M. para el Cuerpo de Ingenieros de Marina.
- Ordenanza de S.M, para Arsenales de Marina.
- Ordenanza sobre el método de conservar los pertrechos y mando de los arsenales.

Su valor total es de casi treinta mil reales.

________________________________________
[1] López Sánchez, Juan Francisco: La Academia de Guardias Marinas de Cartagena. (Revista Andaluza de Arte Alonso Cano)
[2] Carlos Pérez Fernández-Turegan: Instrucciones fundacionales de la Academia de Guardiamarias, RHN, Nº 137, año 2017
[3] Esta forma de ubicar, academia por un lado y el cuartel en casas particulares se empleó también en 1776 cuando se crearon las academias de Cartagena y Ferrol
[4] Significa que los cadetes debían correr con los gastos de media dieta
[5] AMN, Ms 2423, fol 78-87
[6] Carlos Pérez Fernández-Turégano, Op. cit
[7] Hoy diríamos postverdad
[8] Sueldo muy alto, ya que el Capitán general ganaba, sin complementos, 350 escudos
[9] José María Caravaca de Coca, Apuntes para la historia. La nueva catedral de Cádiz y la academia de guardiamarinas. La figura de don Francisco Antonio de Orbe. Profesor de matemáticas y primer director de la academia en 1717. RGM, marzo 2004
[10] Los ingenieros del ejército como después los de marina estaban divididos el seis clases: Ingeniero ayudante, extraordinario, ordinario, en 2ª, jefe, director y el propio ingeniero general. Clases en las que también se diferenciaban los empleos desde alférez a general.
[11] López Sánchez, Juan Francisco: Op. Cit.
[12] AGS Guerra Moderna. Leg. 3003. Julio 1735
[13] AMN, Ms 2162. Carta de Ensenada a Juan con las instrucciones secretas de su viaje a Inglaterra. 27.10.748
[14] No es infrecuente que hoy haya oficiales que intenten minimizar los éxitos de marinos del XVIII y XIX que alcanzaron los empleos de Capitán o teniente general añadir a sus comentarios, si, pero ingresó como aventurero”
[15] O´scalan, Timoteo: Diccionario Marítimo Español: “joven que se embarca en los bajeles de guerra como aspirante o mertorio para optar al primer grado en el servicio de la armada- No goza de sueldo, ni uniforme, pero sí de alguna gratificación para la mesa, y alterna con los guardiamarinas.
[16] AMN. Ms 1104, sin foliar, fecha 05.12.1789
[17] Eso de centrarse es irónico puesto que se encargará del Observatorio y además realizar las más diversas comisiones Almadén, Cartagena o Ferrol
[18] Godin había vuelto a Europa después de su permanencia en la decana universidad americana Universidad nacional mayor de San Marcos de Perú, fundada por Carlos I en 1541
[19] Lafuente Antonio y Manuel Sellés. El Observatorio de Cádiz (1753-1831). Pág. 203.
[20] AMN. Ms 1181 folio104v y 105
[21] Jose María Sánchez Carrión: La división de la Compañía de Guardias Marinas de Cádiz y la creación de las subalternas (Cartagena y Ferrol) en 1776. RHN, nº 194, año 2009
[22] La nueva organización de 1776 de las tres compañías hace doblar el número de cadetes de 138 a 276 (92 por cada compañía) manteniendo la misma estructura de capitán, teniente y alférez de la clase de jefes, 2 ayudantes, 4 brigadieres y subrigadieres (8 en la antigua de Cádiz), 1 cape 4 músicos y 2 tambores[22].
[23] AGS. Marina, Leg. 97. Minuta resumen 20.06.1773
[24] CARAN. Marina, C8/18. s/foliar
[25] AMN, Ms 1181, fol. 121º a 125 y Tesis del autor, Corpus Documental. Documento Número 6.1. Minuta del establecimiento de las tres compañías de guardiamarinas. Fecha 13.08.1776
[26] AGS, Marina, Leg. 77
[27] AMN, Ms 1181, folio 139
[28] AMN, Ms 1181, fol 132 a 138, Informe de Vicente Tofiño de San Miguel de fecha 13.03.1777
[29] AMN, Ms 1563, fol 33 al 37
[30] AMN. Ms 1181, fol 121-125 y López Sánchez, Juan Francisco: Op. Cit.
[31] AMN, Ms 1072
[32] AMN. Ms 2141, folios 51 a 56v. Cipriano Vemercatí 05.02.1787

José María Sánchez Carrión
Dr. Ingeniero Naval
Socio de Honor de la Asociación de Ingenieros Navales
Académico de número de la Real Academia de la Mar
Presidente de la Fundación ingeniero Jorge Juan

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