JOSÉ MARÍA SÁNCHEZ CARRIÓN Y LOS ORÍGENES DE LA PROFESIÓN DE INGENIERO NAVAL

  • Libros
  • Historia

NAUCHERglobal, Juan Zamora 31/12/2013

José María Sánchez Carrión luce siempre una sonrisa amable bien complementada por una mirada limpia y cómplice. Por eso cuando confiesa su edad, 71 años, invita al oyente a la incredulidad. Su porte elevado, el peso medido y la agilidad de sus movimientos contribuyen al piropo consabido. En efecto, parece mucho más joven. 

Ingeniero naval, cartagenero de Portman, fue decano de la delegación en Cataluña del Colegio de Ingenieros Navales entre 2002 y 2010. Hoy es vicepresidente de la Asociación de Ingenieros Navales y Oceánicos de España.

Pero no nos hemos reunido en la redacción de NAUCHERglobal para tratar de los oropeles o del paso del tiempo, sino para hablar del libro “De constructores a ingenieros de marina. Salto tecnológico y profesional impulsado por Francisco Gautier” que Sánchez Carrión ha publicado recientemente en el Fondo Editorial de Ingeniería Naval. “La obra publicada nace de mi tesis doctoral, leída en 2010”, me confiesa. Un libro espléndido, ejercicio minucioso y exhaustivo de historia concreta y específica. La microhistoria sin cuya aportación la historia general se quedaría en mero ejercicio retórico para uso político. 

Todo empezó en 1999, cuando la revista Ingeniería Naval invitó a José María Sánchez Carrión a escribir un artículo sobre los planes de estudios de los ingenieros navales, a publicar en el número especial que preparaban para conmemorar el 70 aniversario de la revista. “Siempre he sido un lector voraz de libros de historia, un estudio que me apasiona. La redacción del artículo me llevó al siglo XVIII, empecé a manejar documentos originales y me quedé atrapado”. En ese siglo empieza a caminar en nuestro país la profesión de ingeniero o arquitecto naval que hoy que hoy conocemos, pues hasta 1770 en que el rey de las Españas Carlos III promulga las Ordenanzas de Marina y crea la Academia que había de formar a los integrantes del cuerpo militar de Ingenieros de Marina, quienes diseñaban y construían los buques eran maestros en lo que se conocía como carpintería de ribera, mestres d’axa en Catalunya. 

“Cada vez los buques de guerra se construían más grandes y habían de ser más seguros y maniobreros, de forma que se imponía formar a los profesionales capaces de diseñarlos y construirlos. Las guerras, en corso o abiertas, casi constantes entre España e Inglaterra revelaban que los barcos ingleses era mejores, más rápidos y más robustos. El marqués de Ensenada, entonces ministro principal del reino, mandó en 1750 a Jorge Juan, ya conocido como experto en cuestiones de marina, a espiar en Inglaterra cómo construían allí los barcos y, a ser posible, traerse para España a unos cuantos constructores. Se trajo 82 ingleses que introdujeron en España el llamado sistema inglés, más cuadernas y menos espesor del forro en relación al sistema francés y español, más forro y menos cuadernas. Pero en realidad, la ventaja de los barcos ingleses no residía en la construcción o el diseño, sino en la organización. Los marineros ingleses no eran chusma de leva, mal alimentados y mal dirigidos, como eran los tripulantes españoles. Las batallas se decidían por la velocidad de una virada o el intervalo de tiempo entre dos andanadas y en eso ganaban siempre los ingleses, mejor entrenados, bien vestidos y mejor alimentados”.

Sánchez Carrión disfruta hablando de su profesión, ingeniero naval, y su pasión por la historia de la profesión resulta contagiosa. “En los siglos XVIII y XIX los ingenieros navales pertenecían de una forma u otra a la Armada. La Academia donde se formaban era un organismo militar. Sólo a partir de 1929 podemos considerarnos los ingenieros navales como una profesión plenamente civil. Azaña cerró definitivamente la etapa de la vieja Academia en 1932 y creó la Escuela Especial de Ingenieros Navales, en Madrid”.

¿Qué fuentes utilizaste para la tesis?, le pregunto.  José María Sánchez Carrión me mira risueño y me revela que se ha convertido en una hormiga laboriosa, una rata de biblioteca que se ha pateado todos los archivos españoles susceptibles de guardar algún documento que tuviera relación con su objeto de estudio: El Viso del Marqués, Simancas, Cartagena (donde se creó la primera asociación de ingenieros navales de España), Museo Naval, Archivos de la Armada, y por supuesto la Biblioteca Nacional. También ha indagado en los fondos documentales de varios países, principalmente en Francia e Inglaterra. De tanto mirar, buscar y remirar ha llegado a dos conclusiones. Una: no todo lo que se encuentra en los archivos responde a la verdad. Dos: algunas historias que se tienen por indiscutibles no aguantan un análisis riguroso.

“Por ejemplo, la famosa carta que supuestamente Jorge Juan escribió a Carlos III, donde según los historiadores el personaje ya advertía de las amenazas que se cernían sobre nuestra Armada y sobre España por falta de una organización competente, no es en realidad la carta de un vasallo a su rey. En absoluto. La famosa carta es más bien el escrito a un igual y en ella, tal como se hace hoy, Jorge Juan comenta y critica de forma coloquial los males, que a su juicio, aquejan a nuestro país”. 

La figura de Jorge Juan, tan ensalzada hoy, presenta, sostiene Sánchez Carrión, no pocas sombras personales y profesionales. “Jorge Juan no fue para sus contemporáneos el gran personaje que hoy se nos ofrece. El gran personaje de la marina del siglo XVIII fue sin duda el francés Jean François Gautier. Fue Gautier, llegado a España en 1765 para hermanar la armada española con la marina francesa, quien organizó la Academia en 1770, quien elaboró los planes de estudio y quien asentó la profesión de ingeniro naval en España. Un personaje singular, Gautier, que firmaba con su nombre español, Francisco, se casó con una cartagenera y tuvo en España tres hijas. Un excelente arquitecto/ingeniero naval, hoy olvidado. Volvió a Francia con su familia en 1784, fue condenado a muerte durante los años crueles de la revolución francesa y amnistiado por Robespierre. Murió en 1800, reclamando desesperadamente a los gobiernos españoles la pensión a que tenía derecho”.

La historia es una enseñanza fundamental para comprender el presente, coincidimos antes de despedirnos.

Buscador

Introduzca los términos de búsqueda