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JORGE JUAN Y ANTONIO ULLOA. BENDITO MERIDIANO (3). GODÍN, JUAN Y ULLOA LLEGAN A QUITO

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NAUCHERglobal, José María Sánchez Carrión 1 01/08/2018

1. Viaje a Guayaquil

La Condamine y Bouguer tenían intención de ver el eclipse de luna y por esa razón el San Cristóbal el 18 de marzo largó ancla en la desembocadura del río Tumbez, donde quedó fondeada hasta el 20. Los académicos no pudieron observar el eclipse como tampoco pudieron en Puná.

Después de este segundo intento, el San Cristóbal continuó la travesía hasta fondear en el Puerto del Caracol el 26 de marzo por la noche. Allí quedó hasta el 11 de mayo y, aunque el tráfico estaba suspendido a causa del mal tiempo para subir la Cordillera, aprovecharon para desembarcar los equipajes y poderlos reubicar para poderse transportar en mulas.

Ulloa en su Relación histórica[1] se recrea relatando las gestas que realizaron y las incomodidades que sufrieron. Relata sus trabajos habituales, tales como observaciones astronómicas[2] y el estudio de la ciudad y sus fortificaciones, su entorno, situación, gentes, costumbres y sus habitantes, riqueza, fabricación y productos que comercian. Describe la bahía, su capacidad y mareas, corrientes o vientos. Analiza la población, sus castas, origen y costumbres, así como las diferentes enfermedades que sufren los españoles, indios y chaparones. Describe con detalle los campos, plantas y árboles, animales, aves domésticas o salvajes, montes, ríos, reptiles, sabandijas o ponzoñosas, frutos y alimentos. Por último, se queja de la falta de liquidez y la precariedad que iban sufriendo. Ya en Guayaquil recibieron 500 pesos para gastos y 1.628 pesos del pasaje.

La estancia en Guayaquil se prolongó desde el 26 de marzo al 11 de mayo por dos razones: porque a finales del invierno es la época menos aconsejable para iniciar la marcha a través de la sierra hasta Quito y porque se retrasaron las mulas para el transporte de Guaranda porque esperaron al Corregidor. A pesar de que se utilizan todas las mulas disponibles[3], deben dejar casi la quinta parte de los equipajes.

2. Atravesando la Cordillera

Parten de Guayaquil navegando el Caracol río arriba y después de pasar por Guaranda, Ambato y Latacunga a través de despeñaderos, de interminables subidas, de peligrosos descensos, de calamidades climatológicas o ambientales, llegan hasta Quito[4].

A la desembocadura del Caracol llegaron el 11 de mayo, no pudieron continuar la marcha hasta el 14 porque no habían llegado las mulas. Cargadas las mulas iniciaron su caminata hasta el río de Ojibar por un trayecto que se caminaba por una laguna o por un terreno fangoso donde las bestias se enterraban hasta más arriba de las rodillas.

En estos días sufrieron “la persecución de los mosquitos”, ya que polainas, toldos, mosquiteros, ropa o guantes eran insuficientes:

“para eximirse de la mortificación porque la pasaba el aguijón, causando en la carne el ardor y escozor que introducía su picada (…) que les seguían en el toldo, fuera de él o en el campo. En fin, ninguna diligencia quedó por practicar; la humareda que se hizo allí toda la noche quemando árboles nos ahogaba por una parte y por otra no disminuía aquellos infernales avechuchos (…) pero luego que empezó a amanecer, se fue reconociendo recíprocamente de unos a otros el efecto de tales compañeros, pues las caras hinchadas y las manos ardiendo y llenas de llagas de gruesas ronchas …”

En los parajes que tenían que pernoctar, los indígenas cortaban palos y hojas de bijagua con los que construían varias chozas estancas de gran capacidad.

El 15 la jornada se transitó atravesando calumas. Sufrieron golpes en rodillas, piernas o cabeza, las mulas se enredaban con las ramas o los jinetes por los bejucos, que producían caídas difíciles de subsanar. Cruzaron precipicios, atravesaron ríos por puentes de madera largos y estrechos (de 3 pies) y sin protección que cimbraban a su paso. Varias bestias cayeron al agua y se perdieron las mulas y su correspondiente carga.

A las 6 de la mañana el termómetro marcaba 1016ºR[5] que era algo más fresco que los días anteriores y emprendieron la marcha en un pasaje como el anterior, pasando por despeñaderos de más de 116 ½ varas para llegar a un lugar que llaman Tarigagua, donde a la mañana del 17 el termómetro marcaba 1014 ½ (17,5ºC).

Tarigagua, el punto de encuentro, era un poblado construido con casas de madera. Los que bajaban de la sierra y de las bajas temperaturas lo sentían cálido y los que subían de Guayaquil frío. Por eso unos se bañan en el río y otros huían incluso de que las gotas les salpicasen.

La aspereza de la subida por la cuesta de San Antonio es mucho más angustiosa que las de los días anteriores. Su pendiente es tan pronunciada que apenas podían mantenerse las mulas. En otros puntos más angostos no cabían los bultos que portaban las mulas. Pasaron por continuos precipicios o sendas estrechas con agujeros a cada paso, de una profundidad de hasta tres cuartas. Esta última senda, a la que los indígenas llaman de los Camellones, es tan escarpada y su suelo tan resbaladizo bajo una lluvia incesante, que solo se puede transitar porque los arrieros van delante de las mulas preparando pequeñas zanjas.

Pasan por Caluma, rodeada de elevaciones montañosas como el cerro San Pablo, la reserva ecológica de Samama, La Pólvora, Pucará, Tres Cruces, Naranja Pata, entre otros.

El día 18 marca el termómetro en Cruz de Cañas 1010º R (12,5ºC) cuando empiezan la subida hasta llegar a la Puerta de la montaña[6] desde donde bajan por el monte de Chimborazo[7], provincia de Chimbo, contemplado el volcán del mismo nombre de 6.268 m. de altitud. En Guaranda permanecieron hasta el día 21 a una temperatura fija de 1004 ½ R (5,62ºC) alojados en casa del Corregidor, quien les había recibido junto al alcalde, personas principales, frailes dominicos, muchos vecinos y unas brigadas de Cholos (muchachos indios) vestidos de azul, con bandas en las cinturas y en las manos pequeñas varillas y que bailaban y de vez cuando daban, en su lengua, gritos de bienvenida. Al llegar al pueblo repicaron las campanas, sonaron las trompetas, tamboriles y pífanos en señal de regocijo, como era habitual cuando llegaba el Virrey, presidente de la Audiencia, el Obispo o alguna otra personalidad relevante.

El 22 salieron para Chimborazo por un camino sin tantos precipicios ni parajes peligrosos como los anteriores, aunque a los españoles “el frío excesivo de aquel páramo y la fuerza del viento nos eran de bastante incomodidad”.

El 23 amaneció a 1000º (0ºC) y todo el campo “blanco con la escarcha y la choza donde habíamos dormido cubierta de hielo”. Salieron a las 9 de la mañana para llegar a las 2 de la tarde al Mocha, “lugar muy corto y pobre donde se hizo mansión aquella noche”.

Con 1006º R (7,5ºC) anduvieron desde las 9 de la mañana a la 1 de la tarde, llegaron a Ambato donde permanecieron hasta el 26 con temperaturas de 1010 y 1009 ½ R (entre 12,5 y 11,20º C) y caminaron por dos puentes de madera sobre el río Ambato y el San Miguel para llegar a la Latacunga. El 27 partieron de Mula-Halò bordeando el río Alaques y con la misma temperatura 1007 R (8,70ºC) con que salieron llegaron a Chis-shinche por un camino llano y llegaron a Tiopullo donde se hospedaron.

“El 29 marcó el termómetro a las 6 de la mañana 1003 ¾ R (4,69ºC). Empezamos la jornada algo temprano por ser la última: el camino después de varios callejones y quebradas nos condujo a un llano espacioso llamado Turu-bomba, que significa Llano de Lodo, a cuya extremidad se halla la ciudad de Quito en la que entramos a las 3 de la tarde”.

Este periplo de más de 14.000 Km que había llevado a Jorge Juan y Antonio Ulloa desde Cádiz a Quito, pasando por Cartagena de Indias, Portobelo, Panamá, Mantra y Guayaquil, lo relata Ulloa en el Libro IV Capítulo I de la Relación histórica:

“Todo lo que se había conseguido en el término de un año, que tardamos en llegar a Quito, solo fue vencer las dificultades del viaje y ponernos en aquel país, donde se había de planificar la obra principal que llevábamos encargada, no pequeño logro, donde mediaba una distancia tan grande y tanta variedad de climas. Pasarónse aquellos primeros días en la correspondencia de los cortejos que el vecindario nos había hecho y si más intermisión se empezó a tratar de dar principio al trabajo porque corto tiempo después de nuestro arribo llegaron también Bouguer y de la Condamine: el primero el 10 de junio por el mismo camino de Guaranda y el segundo el 4 del propio mes, habiendo hecho su viaje por el río las Esmeraldas en el gobierno de Atacames”

Por su parte Raúl Hernández[8] dice que:

“En 1736, cuando la misión científica llega a Quito, dan comienzo las insubordinaciones de La Condamine y Bouguer frente a la tenue voz de mando de Godin. Y bajo esa tónica habrán de seguir durante todo su periplo. Más allá del impacto cultural que implica llegar a un mundo totalmente diferente, a los académicos también les toca vivir en Quito una serie de revueltas, alzamientos y conflictos motivados por una creciente animadversión de los quiteños frente a los europeos. Ellos mismos son causa de múltiples recelos de unos frente a otros e incluso de choques con las autoridades coloniales. Es este orden de cosas comienzan los trabajos con no pocos recelos de unos frente a otros, contingencias y demás problemas que la misión debe afrontar incluyendo el más acuciante: el económico”

Añade, también, los siguientes comentarios:

1. Los académicos franceses fueron homenajeados por los nobles, aunque los indígenas no acertaban a comprender a qué habían llegado a Quito, pero esto no impedía que se llevasen las señales.

2. Soportaron, españoles y franceses, las incomodidades de los vientos que, además, destruían las señales que iban colocando.

3. Sufrieron las inconveniencias de los malos caminos, de la vida solitaria en los páramos; pero no fue óbice para que Bouguer terminara su Tratado del Navío, lo que aprovecha Larrie D. Ferreiro para comentar “cuando la construcción naval bajó de los Andes”.

 

José María Sánchez Carrión

Dr. Ingeniero Naval      

Socio de Honor de la Asociación de Ingenieros Navales

Académico de número de la Real Academia de la Mar

Presidente de la Fundación ingeniero Jorge Juan

 

[1] Aquí hay una gran diferencia en la Relation abrégée d'un voyage fait dans l'interieur de  l'Amérique Méridionale de La Condomine que dice justamente lo contrario a ser unos relatos cuando describe su expedición por el Amazonas.

[2] Entre ellas la observación de los astros con el instrumento novedoso de Hadley que se fundaba en la reflexión de la luz.

[3] Godín conocía que sus compatriotas no han llegado y dadas las malas relaciones entre ellos no es raro suponer que su decisión de no dejar Guayaquil sin mulas transportadoras tuviese como objetivo alejarlos de Quito el mayor tiempo posible.

[4] Las peripecias de este viaje están sacadas de la Relación histórica, tantas veces mencionada, de los “Viajes de Jorge Juan y Santacilia” de Emilio Soler Pascual y de “Los tenientes de navío Jorge Juan y Santacilia y Antonio Ulloa y de la Torre-Guiral y la medición del meridiano”.

[5] Parece estar en grados Reumer y corresponderían a 20ºC. Lo que es fresquito para los acostumbrados a climas tropicales.

[6] En peruano se dice Pucarà final de la cuesta y que significa fortaleza o lugar fortificado.

[7] Desde este lugar Ulloa describe los cerros de la cordillera “tránsito de dos leguas con corta distancia, era terreno limpio sin monte, ni árboles; mezclados los llanos y lomas entre sí y unos y los otros sembrados de trigo, cebada, maíz y otras simientes con cuyo verdor distinto a la de la montaña se alegraba la vista como cosa nueva para ella, después de casi un año que había estado preocupada en los verdores de países cálidos y húmedos, distintos en todo de estos otros semejantes a los de Europa”

[8] El matemático, impaciente, La Condamine, las pirámides de Quito y la ciencia ilustrada 1740-1751

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