IN MEMORIAM: RAMIRO PINILLA, MARINO Y ESCRITOR

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NAUCHERglobal, Tribuna 1 24/10/2014

Ha fallecido Ramiro Pinilla, el William Faulkner de la literatura española, nuestro mejor Conrad, escritor independiente en un país donde frecuentemente los intelectuales corren detrás del canapé, del ministro o ministrable y de la correspondiente subvención y totalmente alejado de los saraos comerciales, comprometido con su obra, con su entorno y con una fidelidad a prueba de bomba con la autenticidad. Su obra y su vida son una bocanada de aire fresco en el momento actual, pocos testimonios tan ilustrativos de lo que un individuo concentrado y solitario es capaz de hacer: una obra literaria de primer nivel, en calidad y cantidad, que lo sitúa entre los grandes de los grandes de la literatura.

Maquinista naval, estudió en la Escuela de Náutica de Bilbao, navegó pocos años y una de sus primeras obras, “Las ciegas hormigas” (1960) sacó a Ramiro Pinilla del anonimato, ya que con ella ganó varios premios de renombre: Premio Nadal y el Premio de la Crítica. “Las ciegas hormigas” comienza con un buque que transporta carbón desde Inglaterra y naufraga frente a la desembocadura de la ría de Bilbao. A consecuencia del accidente, el barco se fractura y su carga comienza a salir de las bodegas y llega al barrio de Algorta, en Getxo. Habiéndose percatado de lo sucedido son muchos los vecinos de Getxo que se acercan a los acantilados y playas en busca de carbón, y entre ellos se encuentran Sebas Jáuregi y sus familiares, que necesitan el carbón para su caserío.

Su otra gran novela, “Verdes valles, colinas rojas” (1986), un retrato ambicioso sobre la historia reciente del País Vasco, resulta una obra de referencia imprescindible en la literatura vasca y española. La novela narra la historia vasca del último siglo, tomando como escenario de los acontecimientos el pueblo vizcaíno de Getxo, lugar de residencia del autor.  

Pocos autores españoles han combinado de forma tan armoniosa el realismo social con la concisión y la precisión narrativa. Una literatura limpia, valiente y muy atractiva. 

Si la muerte deja siempre un poso de melancolía, la desaparición de un espíritu  independiente nos deja más solos ante la dura realidad de cada día. Nos queda la lectura de su obra, un consuelo de gran calado.

Descanse en paz Ramón Pinilla.

Jaime Rodrigo de Larrucea

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