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ESTANCIA Y FORMACIÓN DE JORGE JUAN EN MALTA

  • Historia

NAUCHERglobal, José María Sánchez Carrión 04/04/2018

Después de su estancia en Alicante y Zaragoza, su tío Cipriano ve en Jorge Juan que sus capacidades prometían de marino ilustrado de nuevo cuño de los que pensaba Patiño al crear la Academia de Guardiamarinas. Quedaba atrás el niño despierto y despejado que llegó a Zaragoza y es entonces cuando Cipriano ve el momento anhelado de pedir que su sobrino sea admitido como paje del Gran Maestre. Se lo comunica a la familia el cuatro de julio de 1725 y parte en su primer viaje marítimo de tal forma, que entre los doce y dieciséis años absorbería todo lo que aquella isla le ofrecía: formación social, económica, política y marítima [1] y aprovechará la gran transformación que el mundo marítimo estaba inmerso.

La función del paje [2] del Gran Maestre se institucionalizó en el siglo anterior, cuando al imitar a las cortes reales europeas para establer la crianza de los pajes seleccionados entre los miembros de las familias católicas y notables europeas. Jorge Juan ingresa, con gran honor, en la escuela de pajes con trece años como lugarteniente al regimiento de Picardía.

Cuando Jorge Juan llega a Malta, esta seguía siendo una de las comunidades más ricas de Europa. Inmersa en un cambio de estrategia económica que, aunque seguía basada en los botines del corso (lo que garantizaba la seguridad de suministros) la convertía en una isla sin recursos naturales.

A finales del XVII unas cuatro mil personas se dedicaban al corso. La Orden, por un módico diez por ciento del botín, le cedía la patente a particulares. El primer tercio del XVIII cambia la política europea hacia los países islámicos y nace además, una nueva noción de mercado y servicio y se inicia así la gran transformación naval con la aparición del navío.

Los berberiscos habían empezado construir jabeques más rápidos, dotados de mayor artillería que las galeras. El valenciano Raimundo Perellós de Rocafull, Gran Maestre, había iniciado la construcción de navíos que portaban setenta cañones y una tripulación de cuatrocientos hombres. En 1702 la Orden tiene en servicio cuatro navíos, construidos en Toulón, y una flota entre seis y ocho galeras en una época que España en 1703, contaba con una quincena de galeras en el Mediterráneo y una docena de galeones pequeños para el Océano Atlántico. Las galeras maltesas servían para correr las caravanas donde embarcaban los caballeros para perseguir a turcos o berberiscos. Esta actividad deberían realizarla los caballeros cuatro veces en su vida.

Jorge Juan parece que no realizó ninguna de ellas durante su estancia posterior a su salida de Malta, ya que fue finalmente liberado de esta obligación a petición de Ensenada. Por la formación con qué acabó sus estudios en Malta, debió formar parte "dos muzzi" (muchachos entre catorce y dieciséis años que estudiaban en la Academia naval y que realizaban prácticas en los navíos), convertidos en academia flotante, donde aprendían la pericia de navegar con buques mucho más grandes y difíciles que las galeras. Por ello, el tiempo invertido era menor en los primeros, porque navegaban todo el año, incluso con mal tiempo, actividad más costosa e insegura si se realizaba con las galeras.

La academia era un club elitista, costoso y por tanto selectivo. Solo admitía dieciséis muchachos y el coste era de unas novecientas libras, de las cuales seiscientas era aportación a la Lengua a la que perteneciera, coste de las clases de equitación, dibujo y ejercicios militares y unas trecientas para ropa. Esto suponía un fuerte desembolso, del que se pensaba sacar una buena rentabilidad basada en un futuro esperanzador, que fue lo que debió pensar Cipriano ¿usaría parte de lo que había reservado de la herencia de su hermano para ayudar a los hijos más necesitados?

Muchos pajes llegaban con un buen nivel de conocimientos técnicos, matemáticos y científicos, porque procedían de la Academia de jesuitas del arsenal de Toulón (colegio por cierto, que estudiaría años después Francisco Gautier, ingeniero general de marina) y en dónde se explicaba geometría teórica y aplicada, trigonometría, mecánica, fortificación, hidrostática, construcción naval, artillería, navegación, armas de fuego, dibujo, danza y esgrima. No nos consta que con sus tíos, Jorge Juan recibiera esta clase de conocimientos, pero su viveza, inteligencia y constancia en los estudios se incorporaría pronto al ritmo de los demás.

Cuando llegó a la isla, se le entregó su uniforme formado por una casaca roja, calzones a juego, chaleco y camisa blanca, medias blancas sin bordar y una cruz pequeña esmaltada de ocho puntas para lucir en sus casacas. El lienzo, del que desconozco el autor, corresponde a Vilhena con dos pajes y el más a la derecha lo identifican con Jorge Juan y que de ser cierto, sería la única imagen que nos ha llegado de Jorge Juan. Dice el jesuita Bails, que no está seguro pueda escribir su Elogio ya que “no cedió a las importunidades de Mons. de Condomine para dejarse en París pintar”. [3]

A partir de la llegada a la isla y su integración como paje la conversación, la formación intelectual, espiritual o el arte, todas ellas giraban siempre alrededor de las arquitecturas naval, militar o civil y de la moral.

Cuando se incorpora a la isla, coincide con un dinamismo general comprometido al conocimiento, la arquitectura, la música, la pintura, las matemáticas, la ingeniería, la construcción y la medicina. Allí aprendió lo útil de la discusión matemática y su transformación en geometría, tensiones, fuerzas o flujos lo que supone a afrontar el sentido del mundo “en el mar y por el mar”. Dice Nuria Valderde en la obra citada, que este estilo de vida y este afronte “cuajará en su carácter: amable pero resuelto, susceptible y recto, compasivo y orgulloso”.

Como miembro de la Lengua de Aragón, asistía todos los jueves a la atención de los enfermos. El trabajo no era poco, ya que los jóvenes caballeros, bajo la vigilancia de dos novicios, cambiaban las sábanas, acompañaban a los enfermos (unos 400) al comedor, cuidaban se tomasen las medicinas, calentaban la comida, si era necesario, u ordenaban platos especiales a los enfermos que no podían con lo que servían.

Todo iba destinado al mismo fin, es decir, higiene propia, apostura y salud. Los brillantes uniformes, el gesto altivo, maneras cuidadosamente cultivadas y la barbilla alzada, eran los signos externos que identificaban a los jóvenes caballeros, a los que se les enseñaban tomar decisiones rápidas pero meditadas y bien sopesadas. De aquí su forma de actuar en su vida ante cualquier problema: analizarlo profundamente, tomar una decisión rápidamente y defenderla con vehemencia. Estas cualidades las asumió Jorge Juan tan intensamente que forjaron su carácter y forma de enfrentarse a los problemas y en su vida hay muchísimos ejemplos de esa actitud.

Cuando años después instituyera en su casa de Cádiz la Academia Amistosa Literaria y se estableciera una reunión semanal, precisamente los jueves, formada para discutir cuestiones matemáticas, higiene, medicina, astronomía o geografía, nos hacemos una pregunta ¿Tendría algo que ver con que fuesen los jueves los días que en Malta cuidaba de los enfermos?

[1] Nuria Valderde, Un mundo en equilibrio. Jorge Juan (1713-1773). Fundación Jorge Juan. Marcial Pons Historia, Madrid, 2012

[2] Lienzo pintado por Caravaggio del Gran Maestre Alof de Wignacourt con un paje

[3] Alberola Armando y Rosario Die: Jorge Juan y Santacilia: la visión de sus contemporáneos

 

José María Sánchez Carrión

Dr. Ingeniero Naval

Socio de Honor de la Asociación de Ingenieros Navales

Académico de número de la Real Academia de la Mar

Presidente de la Fundación ingeniero Jorge Juan

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