JZT, abril 2015, New York

EN EL CORAZÓN DEL MAR

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JUAN ZAMORA 28/06/2016

Ya me lo había advertido Gregorio Darias, práctico de Las Palmas: “Se trata de un libro impresionante”. Tenía razón. “En el corazón del mar”, de Nathaniel Philbrick, Seix Barral, Barcelona 2015, no constituye sólo un tratado riguroso sobre la caza de ballenas en la primera mitad del siglo XIX; es además una crónica completa del naufragio del ballenero ESSEX, de Nantucket, el 20 de noviembre de 1820, embestido en medio del Pacífico por un gigantesco cachalote; y de la odisea de sus 20 tripulantes, que vagaron por el ancho mar durante más de tres meses a bordo de tres botes de seis metros de eslora.

De los 20 tripulantes al mando del capitán George Pollard sólo 7 lograron sobrevivir, dos en el bote que lideraba el primer oficial, Owen Chase; otros dos en el bote que mandaba Pollard; y los tres marineros que prefirieron esperar a la muerte en la pequeña isla volcánica, conocida como isla de Henderson, a morir de hambre y sed en el bote tras sufrir las peores penalidades. El viaje de los tres botes hacia las costas de Sudamérica, una travesía de varios miles de millas, contiene todos los horrores que un ser humano puede soportar antes de fallecer. Por supuesto, se acaban comiendo a los muertos y echando suertes para decidir a quién hay que sacrificar para mantener con vida a los sobrevivientes.

La tragedia del ESSEX, escribe Philbrick en el prólogo, proporcionó a Herman Melville mucho más que el final de una de las novelas norteamericanas más grandes que jamás se hayan escrito. Figuraban en él los mismos temas que trataría en “Moby Dick”: la clase social, la raza, la dominación y la relación del hombre con la naturaleza. Coherente con ese análisis, Nathaniel Philbrick, construye un cuadro minucioso de los prejuicios y supersticiones que lastraban la sociedad de la isla de Nantucket, Massasuchetts, en la costa nordeste de los Estados Unidos, y viciaban la vida a bordo de los balleneros. Un negro valía menos que un blanco; un natural de Nantucket estaba por encima de un blanco nacido en otra parte.

Como Melville al describir al capitán Achab, treinta años después del hundimiento del ESSEX, el autor de “En el corazón del mar” profundiza en el papel del capitán del barco que navega por alta mar, su función como director técnico de la navegación y, sobre todo, su forma de ejercer el liderazgo para llevar a buen fin el viaje, sea matando ballenas o transportando mercancías de un puerto a otro.

Confieso que he leído el libro con placer, he disfrutado y he aprendido; y con asombro por la extraordinaria erudición que contienen sus páginas, hasta el punto de que las notas al final del libro, mucho más que una mera bibliografía, constituyen el fondo documental de una perfecta tesis doctoral. Hay una lectura de “En el corazón del mar” paralela a lectura de “Moby Dick” para descubrir cómo el genio de Melville transformó la tragedia real del ESSEX y de su tripulación en una historia de venganza épica contra el mal. Una venganza imposible.

Tengo anotadas también algunas faltas en la traducción, imperdonables en una obra de tanta calidad: calificar de larga en vez de estrecha la parte del beneficio de la pesca (el quiñón) que corresponde a un tripulante; escribir a nivel de la cubierta y más arriba, en vez de por encima de la cubierta (página 42); repetir una y otra vez el término soga en vez de hablar de cabos, drizas o escotas; o hablar de carga bien sujeta en vez de bien trincada (página 59). Duelen esos defectos de traducción, tan sencillos de corregir con una lectura profesional. 

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