EL VELERO 'GALATEA'

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NAUCHERglobal, Juan Zamora 25/10/2015

De vez en cuando las editoriales todavía son capaces de regalarnos algún libro profundo, importante, publicado sin codicia ni intención de figurar en la lista de los más vendidos. Esa es la impresión que he tenido al leer el libro “El velero Galatea”, de Arminio Sánchez Mora y Miguel Aceytuno Comas, editado por Nautical Union, la pequeña gran empresa cultural que dirigen, desde Sant Carles de la Ràpìta, Ángeles Riva y Juan Nicolau.

La obra recoge la vida de la bricbarca GALATEA, botada en Glasgow, Escocia, en diciembre de 1896, para la naviera Archibald&Sterling, que la bautizó con el nombre de GLENLEE. Medía casi 75 metros de eslora y 12 metros de manga, con un desplazamiento de 2.700 toneladas.

La naviera escocesa vendió el velero en 1919 a un armador genovés, la Società di Navegazioni Stella d'Italia, que, siguiendo el mandato de los tiempos, redujo la altura de la arboladura (54 metros) y le endosó dos motores diesel Ansaldo de 450 CV. Y, como es habitual, le cambió el nombre. Como CLARASTELLA nuestro buque navegó menos de 3 años. Los veleros con injertos mecánicos no podían competir con los vapores o buques a motor construidos como tales, de modo que el armador genovés vendió la bricbarca, ya bastante desfigurada, a la Armada española, que desde 1922 hasta 1980, la destinó, como buque escuela, para las prácticas de mar de cabos y contramaestres. Le cambiaron el nombre y los motores, que pasaron de 450 a 800 caballos.

Como probablemente saben muchos lectores de NAUCHERglobal, el GALATEA, condenado a acabar sus días destruido por el olvido y el salitre, fue rescatado por una institución cultural escocesa y ahora se muestra en su original esplendor en un muelle del puerto de Glasgow, a donde peregrinan, cargados de vergüenza (y quizás de indignación), muchos de los marinos que lo marearon y que no comprenden por qué el GALATEA no se exhibe en un puerto español.

La nostalgia, visible en los testimonios directos y en las historias reales de los hombres de mar que se formaron en el GALATEA, recorre buena parte de las páginas del libro de Sánchez Mora y Aceytuno Comas, una nostalgia, empero, llena de ilusión y de vida.

Como escribe, en un emotivo prólogo, el Almirante Manuel Rebollo, que embarcó en el GALATEA en 1963 como ayudante especialista de maniobra, el empleo más bajo del cuerpo de especialistas, por encima de todo, este libro es una muestra de cariño a un buque que de alguna manera marcó para siempre las vidas de los que en él embarcaron, a pesar de las dificultades pasadas. (…) Ellos y los que ahora con mucha perseverancia, ilusión y esfuerzo han sacado el libro adelante son una muestra magnífica del amor a las cosas de la mar y a la profesión marinera. Amor del que estamos muy necesitados en una nación como España, que tantas veces mira a la mar de perfil o se vuelve de espaldas a ella.

 

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