Alex Mestre

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EL NEGOCIO DE LA POSIDONIA EN FORMENTERA. PROTECCIÓN Y POLITIZACIÓN. AMENAZAS Y AMENAZADOS

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Hombre al agua. ALEX MESTRE 23/11/2017

Esta vez, y muy a mi pesar, no voy a escribir sobre grandes travesías,  sobre aventuras en mares lejanos o ataques  piratas... esta vez, mucho me temo que voy a tener que aburrirles con un artículo sobre el que llevo salivando demasiado tiempo por la cobardía y la hipocresía que dominan el relato sobre la rápida extinción de la  posidonia oceánica, en nombre de la cual no solo se ganan el cielo las gentes de bien, sino que también se aplican unas políticas y se generan unas controversias y unos negocios que muy poco tienen que ver con la protección de esta bendita planta, de vital importancia para el equilibrio del ecosistema de las aguas de Formentera en particular y del mar Mediterráneo en general… Este artículo lo escribe un hombre de mar, y nace por la imperiosa necesidad de explicar lo obvio: que la posidonia oceánica se extingue y que las grandes amenazas que han puesto ya en jaque mate la supervivencia de esta especie provienen de tierra y no del mar, lógica esta rebatida por algunos políticos y expertos oficialistas, que se apoyan más en intereses personales o motivaciones políticas que en la propia ciencia; relato oficial que ha conseguido, en estos tiempos de post verdad, calar entre las gentes de tierra adentro, y que supongo responde a agendas ocultas que más tienen que ver con la tan traida privatización del mar que con la protección del medio marino.Vamos por partes, que no quiero atropellarles.

La posidonia oceánica, la especie vegetal más grande y longeva del planeta, es una planta marina endémica del mar mediterráneo. El lecho marino de Formentera está habitado por inmensas praderas de posidonia que conforman una extensión de 7.650 hectáreas. Entre esta inmensidad fue casualmente descubierto en el año 2.006, un individuo de esta especie con 8 km de longitud y más de 100.000 años de vida. Un único individuo, pues los millones de tallos de esta mata analizada tenían el mismo ADN, convirtiéndolo, oficialmente, en el ser vivo más grande y anciano de la Tierra. Tan excepcional es esta inmensa pradera de posidonia que rodea el litoral de las Pitiusas que fue declarada en el año 1999 patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Poca culpa tiene la posidonia de la codicia y de los oscuros intereses que ocasiona un reconocimiento de tal magnitud y que tantísimo trastorna o agrada a políticos y empresarios, que ven un filón en las subvenciones y oportunidades de negocio que genera tal reconocimiento planetario. Son otras las culpas de esta bendita planta.

Este gigantesco y milenario ser vivo tiene la culpa de la excepcional claridad de las aguas que bañan la isla de Formentera, pues las oxigena convirtiéndolas en las más cristalinas del Mediterráneo. La posidonia, que forma el ecosistema costero dominante en este mar, es culpable de proporcionar servicios ecosistémicos tan vitales para el planeta como la captación a gran escala de CO2, gas de efecto invernadero responsable del calentamiento global, y de evitar además la erosión costera, de estabilizar el sedimento amén de incrementar la biodiversidad y los recursos vivos. Un ser ideal.

ESPECIE EN PELIGRO DE EXTINCIÓN

Desgraciadamente, la posidonia oceánica, que en España podemos encontrar además de en las Islas Baleares (donde se halla más del 50%) en todo el litoral mediterráneo, se ha unido a la interminable y dramática lista de especies en peligro de extinción. El Centro Superior de Investigaciones Científicas, entidad de referencia mundial en estudios sobre la posidonia oceánica, ha certificado el funesto panorama que le espera a esta especie. Su extensión ha disminuido entre un 13% y un 38% desde la segunda mitad del siglo XX, perdiendo el 50% de su densidad en las zonas restantes en los últimos 20 años. Globalmente, el Mediterráneo pierde una densidad de posidonia del 7% anual. Según este estudio, a mediados de este siglo la posidonia oceánica habrá perdido el 90% de su superficie, lo cual nos ayuda a comprender la dramática situación en el que se encuentra esta especie, vital para la vida y el equilibrio en el ecosistema de estas zonas del Mediterráneo.

CAUSAS DE EXTINCIÓN

Esta dramática regresión se debe, palabra del CSIC, en un 67% a la acción humana y en un 30% a causas naturales, principalmente la eutrofización de las aguas costeras, que causa un crecimiento anormal de algas epifitas, obstaculizando así la fotosíntesis de la posidonia, fundamental para su supervivencia. Del 67% achacable a la acción del hombre, la causa fundamental que provoca la irreversible extinción de la posidonia, y que se sitúa en una dimensión destructiva global, infinitamente superior al de otras amenazas que inciden en un plano mucho más local es, obviamente, el calentamiento del planeta provocado por la emisión de gases de efecto invernadero, que condenan no solo a la posidonia si no a todas las especies que habitan en la Tierra. Es una tragedia de tal magnitud, que un reciente estudio de investigadores del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA), que examina la evolución temporal de la temperatura superficial máxima esperada durante el siglo XXI en el Mediterráneo Occidental, determina que el agua superficial del mar balear en verano podría aumentar a finales de siglo en 3,4º C.

Gabriel Jordà, investigador de IMEDEA estima que a partir del año 2050 la temperatura del agua superaría cada verano los 28º C, lo cual provocaría una brutal aceleración en la extinción de la posidonia. Apocalíptico, con todas sus letras, y de imposible solución, entre otras cosas, al haberse desaprovechado la última oportunidad para tratar de contener, que no conjurar, los efectos de este proceso de calentamiento global tras la salida del Tratado de París, que limita la emisión de gases con  efecto invernadero, del país más contaminante del mundo, Estados Unidos.

Si bien el calentamiento del mar es irremediablemente el factor que determina la extinción de la posidonia oceánica,  existen otros factores que si bien no pueden alterar lo sustancial, inciden en la aceleración o ralentización de la destrucción de la posidonia,  que nos quedan más a mano al depender no de compromisos planetarios, si no de políticas locales que revelan la falta de conciencia ambiental y de compromiso para proteger la posidonia oceánica.

Me refiero a la sobreexplotación urbanística de la costa mediterránea a partir de los años 50 del siglo pasado y al vertido de aguas residuales y sustancias contaminantes al mar.

El desarrollo urbanístico de la segunda mitad del siglo XX en el levante español, con la construcción indiscriminada de puertos y espigones, ha tenido mucha incidencia al haber modificado las vitales corrientes marinas que requiere la posidonia para nutrirse, aislando inmensas praderas y extinguiéndolas rápidamente. Afortunadamente, y disculpen el cinismo, esta amenaza ha quedado desactivada por sí misma, pues lo único bueno que trajo la epidemia del ladrillo, es que tras tanto exceso apenas queda costa por infectar.  

PLANTAS DEPURADORAS Y EMISARIOS

El vertido de aguas residuales y sustancias contaminantes al mar es por recorrido (presente, pasado y me temo que futuro), por toxicidad y por su naturaleza expansiva mucho más dañina que la destrucción a ladrillazo limpio del litoral levantino. En Formentera este problema lo ilustra el vertido al mar, vía emisario, de aguas fecales sin el grado mínimo de saneamiento requerido en una Zona de Especial Conservación (ZEC), como es Caló de s'Oli. Así como suena. Escandaloso.

Este terrible y vergonzoso crimen ecológico que se perpetúa en el tiempo es el resultado de dos factores que coincidiendo, crean la tormenta perfecta. El primero la insuficiente capacidad de la Estación Depuradora de Aguas Residuales (EDAR) de Formentera, que ha quedado desfasada por el incremento de la presión demográfica que sufre la isla, especialmente en la temporada de verano. En Ibiza el panorama es muy parecido. El conjunto de estaciones depuradoras de aguas residuales de Ibiza y Formentera, recibieron en 2015 un total de 13.746.890 m3 de aguas residuales, de los que 8.690.317 m3, el 63,2% recibieron un tratamiento deficiente.  Mientras Formentera cuenta con una población residente de 13.000 personas, la EDAR tiene capacidad para depurar las aguas residuales de 14.000 habitantes. Si a la población residente se le suman los miles y miles de turistas que arriban a la pitiusa menor, la población durante el periodo estival se dispara hasta los 40.000 habitantes. Echen cuentas... Para más inri el tratamiento que se aplica en la depuración de las aguas residuales que efectivamente se tratan (el 37% del total) es secundario y no terciario, que es para entendernos el tratamiento de depuración requerido cuando las aguas tratadas vuelven al mar, como es el caso.

A la insuficiente capacidad estructural del EDAR en Formentera, se une el calamitoso estado de los emisarios de la isla. Los emisarios son las grandes tuberías por las que se evacuan las aguas residuales previamente tratadas (o no) en la depuradora. La isla cuenta con un solo emisario activo, en La Savina. Su recorrido, va en paralelo a Punta Pedrera, desembocando inexplicablemente en  Calo de s'Oli, una zona que forma parte del parque natural de Ses Salines, calificado de zona de máxima protección, Lugar de Interés Comunitario (LIC) de la Unión Europea por sus fondos de posidonia oceánica. Lejos de los 1.000 metros de distancia a la costa y 50 metros de profundidad en los que, según los expertos, se debe situar la desembocadura de los emisarios, este emisario desemboca a 400 metros y a 21 metros de profundidad, justo sobre la pradera de posidonia. Pero es que además, su deficiente estado de conservación hace que el vertido de aguas fecales no llegue al dispersor que se encuentra al final del emisario, ya que la mayoría de las aguas fecales se evacuan por alguno de los 6 puntos de fuga que se han detectado en el mismo. Vergonzoso, con todas sus letras.

Un reciente estudio de la Universidad de las Islas Baleares (UIB) en la bahía de Palma ha demostrado lo extremadamente nocivas para cualquier ecosistema que son las aguas fecales sin el grado de depuración exigido, el terciario, pues sus partículas propician la aparición y la proliferación de spirulina, una bacteria que si bien no es nociva en sí misma vive únicamente en medios carentes de oxígeno, lo cual es muy sintomático sobre la calidad de las aguas en las que se detecta. Donde hay aguas fecales hay spirulina, y donde hay spirulina no hay posidonia ni ninguna forma de vida que precise oxígeno para sobrevivir. Así que entre semejante arma, un cañón de 400 metros de longitud,  como el emisario de Formentera, y la munición que supone esos cientos de miles de toneladas de aguas fecales sin depurar, se está librando en pleno parque natural una guerra bacteriológica para el exterminio de la posidonia y cualquier ser vivo que habite en esta zona de especial protección.  Así de claro, así de crudo.

FONDEO DE EMBARCACIONES

Por último, y he aquí la madre de este cordero, quiero analizar el factor que, pese a quien pese, menos incidencia tiene en la destrucción de la posidonia, pero que más alarma, negocio y escándalo ha generado. Me refiero a la destrucción de posidonia por el efecto que sobre las praderas tienen las anclas de las embarcaciones que fondean. Si bien es un método de destrucción muy violento por el antagonismo material que existe entre el acero de las anclas y el tallo de la planta, tiene un alcance muy limitado y localizado, pues únicamente afecta a la pradera que se sitúa bajo el hierro. Sería tan necio negar su efecto, como lo es elevarlo a la categoría de enemigo público número 1.

Resulta primordial partir de una premisa básica para un análisis justo sobre este factor de destrucción: la distinción en función del tamaño de las embarcaciones, que es directamente proporcional al tamaño de sus anclas, pues así como en tierra se distingue en cuanto a regulación un utilitario de un gran camión de transporte (en la zonas permitidas de aparcamiento o de circulación por ejemplo), poquísimo tiene que ver en el mar una embarcación de recreo de 8 metros con un megayate de 90 metros, salvo que ambas están sujetas al principio de Arquímedes.

Si bien el litoral de Formentera se ha convertido en los últimos 25 años en un auténtico avispero de embarcaciones deportivas de todo tipo, ha sido en la última década, para desgracia de los que habitamos estas aguas, cuando Formentera ha entrado en el maldito circuito del lujo en el Mediterráneo, el de los superyates, the place to be para la jet set, junto a los Montecarlo o Niza de turno. El precio que paga la isla por formar parte de este exclusivo club es demasiado alto, pues a la contaminación por los más de 800 litros/hora de gasoil que de media queman estos monstruos de entre 50 y 150 metros en las cristalinas aguas de Formentera hay que sumar el brutal impacto que sobre las praderas de posidonia tienen sus anclas, de más de una tonelada de peso. Infame fue la foto del ancla del buque de recreo TURAMA, de 117 metros de eslora, que arrasó en un sólo día, en julio del 2011, más de 10.000  m2 de pradera en el parque natural de Ses Salines. El crimen ecológico se solventó con unas disculpas del Reino Saudí (lo cual no es moco de pavo) y con un generoso donativo del príncipe Al Sawed Bin Talal  a la causa de la posidonia. Poderoso caballero…

Si de algo sirvió semejante atentado fue para que determinadas autoridades con la inestimable colaboración de algunos medios locales se quitaran la máscara, empezando una mezquina cruzada contra todo tipo de embarcaciones, poniendo injustamente en el mismo saco la letal amenaza que para la posidonia representan las anclas de 1.000 kilos, o más, que promedian estos mega yates, con las pequeñas embarcaciones de recreo que en verano fondean a lo largo del litoral de Formentera, la inmensa mayoría, cuyas anclas oscilan entre 10 y 30 kilos de peso.

MEDIDAS DE PROTECCIÓN PARA EL FONDEO

La primera gran medida que tomaron las autoridades para evitar el fondeo sobre las praderas de posidonia, data del  año 2006, cuando el Govern balear instaló campos de boyas, o  muertos ecológicos, en lugares de interés comunitario, zonas LIC, para proteger áreas de praderas de posidonia de especial valor. En Formentera se crearon 2 campos de boyas, uno en Espalmador y otro en Es Calo de s'Oli. Si bien esta medida gozó del aplauso general en un primer momento, con los años ha ido generando, y no sin razón, demasiadas sospechas y controversias. En sus primeros años, este servicio era prestado gratuitamente por el Govern balear, y se mantenía gracias no sólo a la voluntad política, sino también a las generosas subvenciones de la Comisión Europea a través del proyecto Life Posidonia, que alcanzaron los 12 millones de euros. En las condiciones del servicio se establecía, para reforzar su carácter ecologista y asistencial, el límite de fondeo en muerto ecológico a dos días correlativos por embarcación y de dos días de cada seis. Estas dos condiciones que, supongo, fueron determinantes para dar credibilidad al proyecto del campo de boyas de Life Posidonia y recibir así subvenciones europeas desaparecieron con el tiempo. Primero se privatizó el servicio, sacándose a concurso la gestión de los campos de boyas de Caló de s'Oli y de Espalmador, acabando por consiguiente con la gratuidad del servicio. El precio por día, según eslora, es de entre 15€ y 40 €, precio que no puede considerarse una tasa para el mantenimiento del servicio, ni tampoco esconder los pingues beneficios que se obtienen con la gestión de las más de 70 boyas que se gestionan sólo en Formentera.  Para más inri, el límite de 2 días correlativos y el máximo de 2 dias sobre 6 que se estableció en un principio, desapareció muy discretamente de las cláusulas de la concesión en 2013. Los compañeros de Gaceta Náutica consiguieron reservar la misma boya durante 77 días seguidos, para demostrar precisamente cuantísimo se ha pervertido la finalidad de estos campos de boyas, que empezaron como un servicio gratuito y ha terminado siendo un lucrativo negocio, puertos encubiertos que prestan más servicio a sus gestores que a sus usuarios. Ustedes mismos, echen cuentas...

La segunda medida que se adoptó para conjurar esta amenaza sobre la posidonia fue, en el año 2013, la puesta en marcha de un servicio de vigilancia para evitar que embarcaciones, de cualquier eslora, fondearan sobre praderas de posidonia. Este servicio gratuito, cristalino como el agua y libre de sospechas y suspicacias, se ha revelado como todo un éxito, y ha pasado de contar con dos motoras neumáticas en su primer año a las 10 que hay en la actualidad. El número de actuaciones , en Cala Saona, Ses Illetes, Es Caló, Espalmador y la playa de Ses Salines, en Ibiza ha sido de 4.984, contando tanto las  asistencias para el fondeo, como requerimientos para mover el lugar de fondeo, que contrastan con los 10 expedientes sancionadores abiertos este año en Formentera y pendientes de resolución.

La tercera gran medida que se ha tomado, de importancia capital aunque con años de retraso, es legislativa, con la acertada creación de un marco legal específico para la protección de la posidonia, tanto desde tierra como desde el mar. Actualmente se halla en fase de exposición pública lo que se conoce como el Decreto de la Posidonia 2017, que entrará en vigor, según lo previsto, a finales del presente año. El decreto incluye a la posidonia en el listado de especies silvestres en régimen de protección especial y «queda sometida al régimen de prohibiciones previstas en el artículo 57 de la Ley 42/2007», del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad. Mediante este decreto se prohíben «las nuevas instalaciones, entre otras la acuicultura, el vertido de salmueras procedentes de desaladoras y nuevas obras que puedan tener efectos negativos sobre la posidonia». El decreto, en cuanto a embarcaciones se refiere,  prohíbe el fondeo sobre posidonia (hasta ahora permitido fuera de zonas de especial protección), por lo que será suficiente para ser sancionado depositar el ancla sobre posidonia, sin necesidad, como hasta ahora, de demostrar el daño ocasionado. Se establece un baremo de sanciones que llega hasta los 450.000 € si se dañan, por ejemplo, más de 10 m2 de pradera de posidonia, con lo que se espera concienciar de manera más efectiva a los armadores de los grandes yates en la protección de la posidonia. En fin, un instrumento normativo imprescindible para la protección de este patrimonio natural.

A pesar de la innegable lógica que para la conservación de la posidonia tienen estas tres actuaciones, ha vuelto a quedar en el tintero la medida más reclamada tanto por la comunidad de navegantes como por las autoridades locales, que acabaría de un plumazo con la inmensa mayoría de las agresiones a la posidonia: cartografiarla en cartas náuticas y balizar las zonas especialmente sensibles, las praderas existentes, pues la inmensa mayoría de los fondeos sobre posidonia se realizan por el desconocimiento de los patrones de las embarcaciones sobre las zonas en las que se encuentran las praderas, que en muchísimas ocasiones no se pueden distinguir desde la embarcación. No hay más que ver el óptimo resultado que ha dado la cartografía y el balizamiento para proteger tanto emisarios, como en el caso de Talamanca, en  Ibiza, como también , por ejemplo, el conducto de fibra óptica que sale desde cala Jondal hasta Formentera y que año tras año era dañado por embarcaciones que dejaban a Formentera completamente desconectada en pleno mes de agosto. Si existiera la voluntad política suficiente para cartografiar las praderas de posidonia se conjuraría completamente la amenaza que representan sobre  la misma los fondeos de embarcaciones, aunque desgraciadamente, tal y como hemos analizado, no es este el factor que ha condenado esta milenaria especie a la extinción.

EL DISPARATE

El pasado mes de octubre se celebró en Formentera el Fórum Posidonia, que viene a ser un cruce entre jornadas de reflexión y convivencias escolares en el que los participantes, además de pasarlo en grande, ponen en común sus conocimientos,  aportando ocurrencias más o menos logradas, como el proyecto para apadrinar metros cuadrados de posidonia, a cambio de euros que luego no se sabe muy bien a qué se destinan. Desde el departamento de Medi Ambient del Consell de Formentera se  lanzó una propuesta tan desafortunada como irresponsable e incendiaria. Limitar el fondeo en todo el litoral de Formentera a 811 embarcaciones, haya o no posidonia. Una ocurrencia que atenta no sólo contra la libertad de una gran parte de la ciudadanía de la isla, si no especialmente contra el sentido común y los principios básicos de honestidad política, por lo inútil de la medida propuesta y el daño irreparable que su aplicación causaría en el sector náutico de Formentera, que quedaría herido de muerte. El motivo que aducen es de aúpa. Afirma que el fondeo de embarcaciones en Formentera, que en un 80% no pasan de 12 metros, aunque se realice en fondos de arena, que representan mas del 70% de la isla, mata la posidonia por el vertido de aguas fecales y el vaciado de sentinas. Hay que ser muy ignorante o muy mal intencionado para sostener semejante disparate. Ahora el problema parece que ya no son solo las anclas, sino las aguas fecales y las sentinas de pequeñas embarcaciones. Una amenaza que, fíjense, absolutamente nadie, ni siquiera el activista más obsesivo, había advertido hasta la celebración del Fórum. Un delirio. Además, por supuesto, el fondeo sería de pago, por lo que el litoral de Formentera se convertiría en el puerto más rentable del mundo.

Proponer, con esta falta de honestidad y de sentido común, una medida tan radical con un pretexto tan burdo desenmascara la agenda oculta de la conselleria, que no es otra que la privatización del mar en Formentera. Si la finalidad fuese la protección de la preciada posidonia, bien harían en focalizar sus esfuerzos en medidas efectivas y menos sospechosas, que cuentan con el apoyo unánime de la ciudadanía y la complicidad de las autoridades autonómicas y estatales; medidas como las ya mencionadas: sustitución del emisario, ampliación y modernización de la planta depuradora, inclusión de la posidonia en la cartografía náutica de la isla, o el balizamiento de sus praderas.

Si algo ha quedado claro es que el sector náutico en Formentera ha mostrado una disposición y un compromiso absoluto en la asunción y adopción de las medidas propuestas por las Administraciones públicas, a pesar de haber sido inexplicablemente ignorado en los grupos de estudio para la redacción, por ejemplo, del Decreto de la Posidonia. Por eso, este ataque a la línea de flotación del sector náutico, tanto privado como comercial, es del todo inadmisible al carecer no solo de legitimidad científica, a la vista de los factores que provocan la extinción de la posidonia analizados en este artículo, sino también de cualquier amparo legal al trascender la limitación propuesta los límites del Parque Natural de ses Salines de Ibiza y Formentera. Afortunadamente, la conselleria carece de competencias para llevar a cabo esta medida, que contraviene la Ley de Navegación Marítima, cuyo artículo 21 garantiza inequívocamente el fondeo de embarcaciones de recreo en calas o lugares de baño “siempre que no estén balizados y no pongan en peligro la seguridad de la vida humana en la mar o de la navegación”.

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