EL CEMENTERIO DE BARCOS EN UNA CATEDRAL LÍTICA (1)

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NAUCHERglobal, Juan Zamora 1 16/08/2018

Tras cubrir la información del proyecto de centro cultural marítimo en Es Castell, una localidad menorquina situada junto a Mahón que hasta la guerra civil fue conocida como Villa Carlos, NAUCHERglobal recibió, a través de Joan Alemany, la invitación de Amics de la Mar de Mahón para visitar la cantera de piedra de marés abandonada donde están depositadas las embarcaciones tradicionales que la asociación ha rescatado del desguace e intenta rescatar ahora del olvido. Esta cantera, cuyos terrenos son propiedad del conocido general Luis Alejandre, un hombre extraordinario, que consiguió con éxito movilizar a la sociedad menorquina para rehabilitar la Isla del Rey, en la ensenada del puerto de Mahón, y el hospital militar allí ubicado, es distinta de las canteras donde se instalará el centro Thalassa.

En sí misma, una cantera de piedra de marés constituye un gran espectáculo. Una montaña excavada de la que se extraen grandes bloques cúbicos cortados con los lados rectos y los ángulos de noventa grados. El resultado es una catedral lítica con enormes columnas de entre 10 y 15 metros de altura, paredes rectas y un microclima en el interior que tiene la propiedad de conservar la madera, de forma natural, en el mejor estado posible. La primera imagen que recibe el visitante resulta impactante, por inesperada y por grandiosa.

Nos esperaba en la entrada de la cantera Tófol Mus Reynés, un hombre de mar que lleva sobre sus espaldas una amplia experiencia como marino y unos conocimientos profundos sobre la historia marítima de Menorca. Conocimientos en muy escasa medida aprendidos en los libros. Conocimientos directos, vividos, de los que no están todavía escritos. Tófol, miembro de una familia de armadores y navegantes, representa a la Asociación de Amics de la Mar de Mahón y conoce todas y cada una de las embarcaciones tradicionales depositadas en la cantera, un centenar largo.

Con alguna excepción, se trata de pequeñas embarcaciones de madera de las listas 3, 4, 5 y 7, algunas con más de un siglo de vida, que durante muchos años se dedicaron a transportar los víveres indispensables a los habitantes de la Mola y en general a quienes residían en lo que hoy se conoce como Cala Llonga; pesqueros con palangres y con trasmallos; alguna embarcación de recreo que en su día, en 1916 por ejemplo, constituía una extraordinaria novedad. El mar, lugar de trabajo, pesca y transporte, podía ser también un lugar de ocio, un deporte. También hay un antigua embarcación de prácticos y, como curiosidad, el puente minúsculo de una “golondrina” que paseó ciudadanos barceloneses por el puerto muchos años antes de la guerra civil

Tòfol Mus explica al visitante las vicisitudes de la barca, cuando fue motorizada o como se pescaba al trasmallo, o para que sirve tal apéndice que sobresale del casco, o como trabaja un modelo determinado de ancla, informaciones que suelen despertar la curiosidad de los oyentes, al principio de la visita, tímidos y callados, y al final preguntones y dicharacheros.

 

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