AMOR POR LAS PALABRAS: WWW.LEXICMARINER.INFO

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MIGUEL ACEYTUNO 03/07/2019

El típico perfil de garrulo unicejular cien por cien músculo y el resto todo cerebro viene a necesitar unas mil quinientas palabras para comunicarse, la mayoría relacionadas con el fútbol. Una persona culta, por el contrario, emplea 20.000 palabras activamente y conoce unas 40.000. El diccionario de la RAE contiene 88.000, y deja fuera alrededor de 30.000 que se usan pero no pasan el listón, como por ejemplo “muda” en su acepción de “movimiento o cosa innecesaria”. Ya ve, ha aprendido una nueva palabra y andará usted entonces por las 40.001. Pero sigamos.

Quería darle la referencia anterior para que se haga una idea del valor de la obra de Washington García. Al llegar a la jubilación la mayoría de la población suele repartir su tiempo entre lidiar con esas bestezuelas salvajes que reciben el nombre de nietos, ver la televisión, y ocasionalmente bajar al bar de la esquina a compartir un quinto con los amigos y hablar mal del gobierno o comentar la liga de fútbol.

A pocos se nos hubiera ocurrido… comenzar un diccionario. Y a muy pocos, por no decir únicamente a Washington, perseverar en la obra durante veinte años hasta reunir más de 90.000 conceptos en catalán relacionados de una u otra forma con la mar. Y no solo eso: Como si esta obra no fuera lo bastante maravillosa, la pone gratuitamente al servicio de todos en su página www.lexicmariner.info.

No es un trabajo simplemente lexicográfico, sino enciclopédico. Personajes relacionados con la mar, objetos, fórmulas matemáticas tienen cabida en una página que une lo sencillo y lo útil. Le animo a que chusmee (otra palabra que no está en la RAE pero se empela en su acepción de “curiosear sin un método ordenado”, ya ve, que maravilla, ya tiene usted 40.002) en la página. O qué caramba, que la use como herramienta de trabajo. Ahí está la obra, al servicio de todos.

Que quieren que les diga. Esto es una carta de amor a la cultura. El autor me decía triste que a pesar de su trabajo hay palabras que ya hemos perdido. Hay objetos que emplearon nuestros abuelos y sabemos cómo eran, pero no que bella palabra tenían para referirse a ellos. Este mundo se mueve muy deprisa. No tenemos la certeza de que nuestros nietos sabrán navegar, en barcos que ya van solos. Ni si sabrán levantar un sextante. Pero mucho de ese conocimiento queda gracias a esta obra ahí, escrito, fijado. Palabras como “gambussa”, órdenes como “a baix tots!” no serán ya olvidadas.

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