No tiene artículos relacionados

ALVARO MUTIS, EL HOMBRE QUE ME LLAMÓ CÓMPLICE

  • Poesía
  • Literatura

Nostromo Beach. CECILIO PINEDA RODRÍGUEZ 18/11/2013

En el año 2008 le tocó la lotería al “Premio literario Nostromo. La aventura marítima”. Había sido fundado con la premisa de dedicar cada edición a una figura de la mar: escritor o navegante; ambas cosas a poder ser. Si se trataba de un personaje actual y podía estar presente el día del fallo del jurado, tanto mejor. Ese año el acto ganó al estar arropado por un escritor excepcional: Álvaro Mutis 

Si hubiera que decir algo elogioso de él, me atrevería a resaltar lo inescrutable de sus boutades y la generosidad que resplandece a través de aquellas.

Hijo de una familia acomodada colombiana, estudió en Bruselas, capital de una monarquía parlamentaria. De ahí quizás su credo monárquico; gran boutade según sus muchos amigos republicanos, cuando no comunistas. Valoraba en alto grado la monarquía española del siglo de oro, a pesar de la leyenda negra y de su adalid Felipe II; al que, por cierto, dedicó versos laudatorios. Aseguraba también que la historia del mundo dejó de interesarle desde la caída del Imperio Bizantino. ¿Hay quien dé más 

Su generosidad quedó manifiesta cuando, en México, siendo un alto ejecutivo de la petrolera ESSO, ofició de bandido solidario al desviar fondos para que sus amigos llegaran a final de mes y pudieran seguir escribiendo. Esto le valió casi dos años en el Penal de Lecumberri, apodado Palacio Negro. Estancia de la que sacó petróleo, nunca mejor dicho, pues allí escribió el excelente “Diario de Lecumberri” amén de acuñar otra boutade: “Yo por los amigos no sé si daría la vida, pero sí la libertad”.

Aunque el cenit de su generosidad fue responder afirmativamente a la llamada de un humilde premio literario fundado en los sótanos de un Café de Barcelona, cuando ya contaba en su haber el Príncipe de Asturias, el Cervantes y estaba al caer el Rosalía de Castro. El Premio Nostromo La Aventura Marítima tocó cielo al ser presentado por un escritor grande, entrañable y de la mar, en aquella edición de 2008.

Navegó en el paquebote Santa Eulàlia del Museo Marítimo, bebió McCallan 20 años en Las Ramblas, en el Nostromo y donde hiciera falta, defendió el premio a machamartillo en entrevistas de prensa y radio, lo acercó a la Agencia Literaria Carmen Balcells, su agencia, y siempre junto a su santa esposa catalana, cuyo idioma tomaba prestado en momentos de enfado; de ahí la boutade de que el catalán es la lengua idónea para hablar enojado: ¡Prou! ¡No em fotis! ¡Cagoen Déu! Ponía como ejemplos.

El Café Nostromo ofreció una cena-concierto en honor a la obra y la figura de Mutis. Quim Solé, músico compositor, Sandra Márquez, cantante, Felipe Aranguren, poeta y rapsoda, y Cecilio Pineda, corifeo, se apretaron los machos y pusieron manos a la obra. Leyeron y estudiaron la prosa precisa del colombiano, los gritos al cielo de su poesía, bebieron de las fantasías de Macqroll el Gaviero, de Illona, de Abdul Bashur, de sus aventuras, locuras y juegos eróticos; pero, sobre todo, se enamoraron de la gran metáfora del ocaso del helenismo que es “La muerte del Estratega”. El grupo Nostromo ensayó sin escatimar tiempo ni diletancia. Querían complacer al maestro. 

MUTIS Y A LA GAVIA  se tituló el concierto homenaje a Álvaro Mutis, en el que se leyeron y cantaron poemas de Cecilio Pineda, Juan Gelman, Felipe Aranguren y, sobre todo, de Alvaro Mutis.

Uno de los poemas fue escrito ex profeso para la ocasión por Cecilio Pineda.

 

Basta leer una página

de cualquiera de tus libros

para ponerle una pátina

al robín de tus navíos.

 

Basta navegar contigo

por los mares de Babel

para ser juez y testigo

de líos y desvaríos.

 

Basta zarpar de Beirut,

de Trieste o Panamá

para que vistan de azul

aventuras y amoríos.

 

Basta escuchar a Macqroll,

a Ilona y Abdul Bashur,

para firmar en tu rol

de prostíbulos perdidos.

 

Basta tenerte en la gavia

del mástil de tu bajel,

para oler del mar la savia,

dice tu amigo Gabriel.

 

Fallecido Álvaro Mutis, le pidieron a Gabriel García Márquez que le dedicara una elegía.

El premio novel colombiano tomó un folio y, de arriba abajo, escribió con letras mayúsculas:

 

M

U

T

I

S

 

Cuando Alvaro Mutis abandonó el concierto de Nostromo, pasó junto a mí,cruzamos las miradas y, apuntándome con el dedo índice, me espetó:¡Maqroll! Tú y yo somos cómplices.

 

Buscador

Introduzca los términos de búsqueda