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UN ACTIVISTA POR LA PAZ Y LA COOPERACIÓN INTERNACIONAL, LICENCIADO EN DERECHO, DIRECTOR DE SASEMAR

  • Salvamento Marítimo
  • Administración marítima

JUAN ZAMORA 17/08/2018

Blog: "El barógrafo"

A principios del siglo pasado explicaba Max Weber en sus conferencias sobre científicos y políticos que los partidos son maquinarias instrumentales para alcanzar el poder político. Y que una vez logrado el objetivo, el partido ha de recompensar a quienes han movido la maquinaria, desde el abnegado militante que pega carteles y está siempre al lado del líder de turno, hasta el profesional que diseña campañas, redacta programas e imagina planes de un futuro gobierno.

En palabras de Max Weber: Está claro que la militancia del partido, sobre todo los funcionarios y empresarios del mismo, esperan obtener una retribución personal del triunfo de su jefe, ya sea en cargos o en privilegios de otro tipo. Y lo importante es que lo esperan de él y no de los parlamentarios, o al menos no sólo de ellos. Lo que principalmente esperan es que el efecto demagógico de la personalidad del jefe gane para su partido en la contienda electoral votos y cargos, aumentando, en consecuencia, hasta el máximo las posibilidades de sus partidarios para conseguir la ansiada retribución.

Los gobiernos de Felipe González Márquez utilizaron ese mecanismo sin recato, desde diciembre de 1982, pero a la vista de lo que ha pasado después, lo hicieron con enorme sentido común.

Aquel solemne y engolado presidente llamado Aznar López arrasó en 1996 con la obra de los gobiernos del PSOE, y algunos de sus ministros, hoy procesados por cohechos y malversaciones varias, llegaron a cambiar incluso los escalones medios, funcionarios de carrera de nivel 28 de la administración pública, para colocar a las huestes que, al fin, con el concurso fundamental del mundo de Pedro J. Ramírez, habían logrado vencer, siquiera por la mínima, a Felipe González. Sin embargo, mantuvo, aunque muy degradada, la condición que había respetado González: los colocados tenían que saber algo o tener alguna relación con el cargo.

El partido de Rodríguez Zapatero dio una vuelta de tuerca más y algunos de sus nombramientos parecían sacados del sueño de una noche de verano o de una pesadilla en Elm Street, la mayoría paracaidistas políticos que caían en el cargo como el que se cae del guindo. Una pena. Paradójicamente, el PP de Rajoy Brey mejoró la sensibilidad de Rodríguez Zapatero; y sus nombramientos, salvo excepciones, intentaban compaginar el premio al afiliado fiel con el mérito y la capacidad, como establece la constitución de 1978, imprescindible para el puesto.

Ahora tenemos a Pedro Sánchez al frente del gobierno español. Un monstruo. Ha repartido cargos y prebendas con un desparpajo y una alegría que incluso ha superado al mismísimo PSOE de Zapatero. Como el que mueve unas fichas de dominó ha decidido que éste dirija Sasemar y aquella… lo que sea, la cuestión es pagarle el esfuerzo y la lealtad. Del gobierno del señor Torra, Generalidad de Cataluña, mejor no hablemos, pues aquí algunos de los premiados están investigados o pendientes de juicio por delitos graves, y otros no saben ni contestan otra cosa que no sea la peripecia del procés. A eso le llaman nacionalismo.

Centrémonos en Sasemar. Durante la etapa Rajoy, Salvamento Marítimo ha estado dirigido por un profesional competente y hábil, Juan Luis Pedrosa, un político con carrera náutica que conocía los barcos, los convenios de la OMI y la misión del salvamento marítimo. Podía perfectamente haber seguido en su puesto, dada la precariedad del gobierno Sánchez. Hubiera sido lo lógico. Era y es un técnico. Pero Pedro Sánchez es agradecido y no olvida a los fieles que lo rescataron del pozo y lo han alzado hasta la Moncloa. No olvida, por ejemplo, que Ignacio (Nacho) López Cano, licenciado en Derecho, activista malagueño por la paz y la cooperación internacional, se fajó como los buenos frente a la presidenta andaluza, Susana Díaz, para que Pedro ganara las primarias del PSOE. López Cano, según el sitio en red del PSOE, fue “cooperante expatriado [¿?] en República Dominicana en el año 2002 y responsable de Comunicación y Sensibilización entre 2002 y 2004. Fue Presidente [sic] de esta ONG entre 2004 y 2007 y posteriormente hasta 2013 diversos puestos en su Junta Directiva [sic]. Desde el año 2005 trabaja como Técnico Jurídico del Consorcio de Transporte Metropolitano del Área de Málaga”. El premio inicial al militante fiel al pedrismo y al sanchismo fue verse aupado a la ejecutiva federal del partido, el gran trampolín, sin remuneración; y a renglón seguido, ahora con sueldo, el ministro Ábalos, secretario de organización del partido, ha tenido a bien nombrarle, a falta de algo más adecuado para el muchacho, director de la Sociedad de Salvamento y Seguridad Marítima.

Escribió el diario Sur, de Málaga que quienes conocen a Nacho López Cano coinciden en destacar que “es una persona dialogante, trabajadora, comprometida y sensible socialmente. De esto último dan fe sus discursos, donde suele hacer referencia al drama que supone el incremento de la pobreza en España debido, a su juicio, a las políticas de austeridad del Gobierno del PP, y a su compromiso con los movimientos sociales, a los que conoce muy bien por ser un miembro activo de ellos, lo que le ha servido como aval para ocupar el cargo que Pedro Sánchez le ha encomendado”.

La política está ciertamente cada día más ramplona, cada día más humillada. No me negarán que atribuir el incremento de la pobreza en España ¡a las políticas de austeridad del gobierno del PP! no merece una mención en la real academia de las necedades tóxicas. Como si las políticas anti-austeridad de Rodríguez Zapatero no hubieran aumentado el número de pobres; como si el PSOE tuviera un modelo económico distinto al PP. El sectarismo militante, el pensamiento débil y la inverdad, por si cuelan.

Si para dirigir Sasemar, los méritos son los que menciona el diario Sur, un elogio al personaje, apaga y vámonos. Es como si cuando necesitamos un cardiólogo eligieramos al ingeniero agrónomo más simpático, dialogante y comprometido con las tortugas marinas. O si una asamblea de accionistas votara para dirigir la empresa (de comunicación, por ejemplo), a un carpintero, trabajador, eso sí, especializado en agitar asambleas de barrio.

Los paracaidistas políticos, con todo respeto a las personas, constituyen un caso de corrupción cancerígena. Hacen un daño terrible a la sociedad. Han de dirigir una materia que desconocen con lo cual están a merced del primero que les caiga en gracia; y han de tomar decisiones sobre aspectos y temas que ignoran, y sobre personas de las que desconocen su misión y sus tareas. Para rematar la faena, suelen rodearse de aduladores infatigables con menos conocimientos que ellos. Salvo excepciones, emparentadas con el burro y la flauta, el resultado es catastrófico. Justificar esos nombramientos en nombre de la política es despreciar y envilecer una de las actividades humanas más nobles: la política precisamente.

Felicidades al nuevo director de Sasemar. Confío que sepa pasar por encima y superar su inicial desconocimiento (estudiar es saludable) y mantenga el salvamento marítimo español en el punto donde lo han dejado sus predecesores. Que distinga entre náufragos y migrantes embarcados; que no confunda el salvamento marítimo con el orden público; ni a la guardia civil -una policia modélica, por otra parte-, del mar, con una agencia de seguridad (safety, securité) marítima. Y que no derive del activismo por la paz y la concordia al fanatismo fiero del converso que descubre un trozo de poder. Por lo menos, para empezar.

 

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