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TODO ES POSIBLE EN CEUTA

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NAUCHERglobal, Juan Zamora 06/02/2019

Quienes han abandonado un lugar incómodo, irritante, rozando un entorno insufrible; quienes han podido decir adiós a una empresa con más delitos que vergüenza; y quienes han podido dejar atrás un cargo con una carga insoportable de corrupción comprenderán el alivio de Rafael Rodríguez Valero cuando el pasado uno de febrero dejó la presidencia de la Autoridad Portuaria de Ceuta.

Hay analistas políticos que asumen que cierto grado de corrupción en los poderes y organismo públicos resulta poco menos que inevitable; y que hasta cierto punto -y hasta que los mecanismos de control corrigen el problema- puede soportarse sin daños significativos en la moral. La corrupción se convierte en un desastre y una ruina para la sociedad cuando las máximas jerarquías, en el nivel que corresponda, están compinchadas con los malhechores, por acción o por omisión; y cuando los corruptos actúan alegremente, a la brava, conscientes de su impunidad y de que a los dueños del cortijo nunca les pasa nada. Añadamos a eso que, en el puerto de Ceuta, la corrupción continuada durante tantos años ha logrado involucrar a trabajadores con empleos medios y bajos, en muchos casos porque su contratación ya vino precedida de indecente nepotismo, amiguismo o simple arbitrariedad

El presidente del puerto de Ceuta durante más de veinte años, el inefable Pepe Torrado, está sentado en el banquillo de los acusados, procesado por el caso Mahersa, un delito menor, como en su día Alfonso Capone, pero todo indica que esto no ha hecho más que empezar. Publica el periódico digital Ceuta actualidad, una plataforma informativa valiente, que Torrado y el director del puerto a su servicio, López Ansorena (aunque hay quien sostiene que era Torrado quien estaba al servicio de López Ansorena), planeaban un pelotazo de cien millones con base en los 18.000 metros cuadrados que ocupan las diez mansiones de la Autoridad Portuaria, en terrenos privilegiados del puerto. Las célebres mansiones que el puerto se encargaba de mantener, reparar, y pagar todos los suministros, un escándalo que al igual que las matrioskas rusas lleva en su seno sucesivos delitos que más allá del Código Penal invaden el terreno del bochorno.

Está además la malversación de un millón de euros en el juguete que López Ansorena, el director, contrató con Navantia, ese dron marítimo indocumentado, inservible y caprichoso cuyo gasto Puertos del Estado se olvidó controlar y, claro está, anular. Y está también… etcétera, etcétera.

Han nombrado un nuevo presidente para sustituir a Rodríguez Valero, José Manuel Doncel, licenciado en Derecho, funcionario, de quien el Gobierno de la ciudad espera y confía que aguante hasta las elecciones del próximo mes de mayo sin agravar la penosa historia que cuelga de la banda Ansorena-Torrado (¿o Torrado-Ansorena?). Y a partir de mayo, tras las elecciones autonómicas y locales, que se derriben los chalets del oprobio y se encauce la regeneración del organismo público Autoridad Portuaria de Ceuta. Todo es posible.

Para entonces, Rafael Rodríguez Valero y su familia seguramente estarán ya recuperados del tormento que padecieron en las últimas semanas del mes de enero.

 

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