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SOBRE EL ACCIDENTE DEL FERRY ‘SORRENTO’ (y 2)

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JUAN ZAMORA 13/08/2015

Blog: "El barógrafo"

La señora ministra de Fomento, Ana Pastor, cuyo marido, jefe de máquinas de la marina mercante, presidente de la Autoridad Portuaria de Marín, se pasea deportivamente junto a Mariano Rajoy, según nos ha mostrado la foto de la Agencia Efe, poniendo de relieve los entrañables lazos que unen al presidente del Gobierno español con la familia de su ministra responsable de puertos y asuntos marítimos, aterrizó en Palma de Mallorca a las pocas horas de conocer el incendio del ferry SORRENTO.

La ministra, que tanto daño ha hecho a la Hacienda pública con su caprichosa y disparatada intervención en el naufragio del pesquero ruso OLEG NAYDENOV, no tuvo en este caso mayores ansias de demostrar su desconocimiento sobre buques y siniestros marítimos y dejó actuar con libertad a los técnicos de la Administración marítima, a quienes conminó a fajarse con el problema sin esperar mayor recompensa que el magro salario que perciben como funcionarios públicos. Muchas gracias, señora ministra.

Dejó hacer, la señora Pastor Julián, pero abandonó en Palma de Mallorca a su lugarteniente, la secretaria general de Transportes, Carmen Librero, en un papel análogo al de un comisario político con simples estudios de Historia en una compleja batalla naval. De todas maneras la señora Librero se limitó a ver, oír y repartir algunos comentarios, inocuos la mayoría, que colmaron, según parece, su vanidad de alto cargo del Gobierno Rajoy.

Muchas veces nos hemos preguntado por esa extraordinaria preocupación de la ministra, una auténtica obsesión, ante cualquier accidente marítimo, da igual cuan nimio sea. La respuesta está en la triste y doliente historia del naufragio del PRESTIGE, cuya sola mención es capaz de desquiciar la legendaria pachorra del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, quien habría conminado a la ministra a cumplir un solo mandato: que lo del PRESTIGE no vuelva a repetirse. Haz lo que quieras, Ana, pero evítame el sofoco de los hilillos de plastilina en estiramiento vertical.

Dejó hacer la ministra Ana Pastor, insisto, pero antes ordenó la movilización de todos los medios de salvamento y seguridad marítima disponibles. Para eso es ministra, para movilizar a quien le dé la gana, al coste que sea, contratando si es preciso a exóticas –y caras, muy caras- empresas extranjeras. Lo dejó claro el presidente del Gobierno: lo que sea, Anita, lo que sea.

Yo no oí la voz lisa y blanda de la ministra cuando mandaba a su séquito ejecutar su ministerial voluntad ni ví el temblor nervioso de su rostro –¡Hay que cuidar el estrés, ministra!-, pero muchas veces he imaginado al impostor Vasco Moscoso de Aragâo, que se las daba de capitâo de longo curso, sin saber qué hacer cuando sus oficiales le piden instrucciones de los cabos a dar a tierra para atracar el buque que accidentalmente habían puesto en sus manos. ¿Cuántos largos, capitán? Todos. ¿Cuántos traveses, cuántas coderas, capitán? Todos y todas. ¿Alambres, calabrotes? Todos. Y así, cuenta Jorge Amado en Os velhos marinheiros, Vasco Moscoso de Aragâo dejó el barco literalmente cosido al muelle, todo el mundo riéndose del pobre diablo, ridiculizado hasta la mayor vergüenza.

La  ministra ordenó que todos los medios disponibles se pusieran en marcha para lo que el SORRENTO pudiera requerir, una decisión que demuestra que España necesita con urgencia, imprescindible como respirar, que el Gobierno y el Parlamento aprueben la creación de una figura similar al Sosrep británico. Los españoles nos ahorraríamos muchísimos millones, gastados al capricho de la ignorancia, y la ministra, sus secretarias y secretarios y demás séquito se evitarían el bochorno que padeció el impostor Vasco Moscoso de Aragâo; y, de añadidura, además, limitarían los devastadores efectos del estrés. Huelga decir que hasta Mariano Rajoy podría ahuyentar al fin esos fantasmas que siguen atormentándole.

Es así de sencillo: creamos la figura del Sosrep, la dotamos de los medios adecuados y elegimos para dirigir la institución a un técnico de contrastada profesionalidad. Hay muchos donde escoger, como hemos visto en la exitosa gestión del incendio del SORRENTO.

 

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