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SOBRE EL ACCIDENTE DEL FERRY ‘SORRENTO’ (1)

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JUAN ZAMORA 12/08/2015

Blog: "El barógrafo"

Me comprometí hace un tiempo con los lectores de NAUCHERglobal a tratar del accidente del ferry SORRENTO, del grupo Grimaldi, fletado por Trasmediterránea, que sufrió un incendio en la cubierta/garaje mientras navegaba desde Valencia a Palma de Mallorca el pasado 28 de abril, un siniestro que casi sucedió poco después del naufragio del OLEG NAYDENOV, el pesquero ruso incendiado en el puerto de Las Palmas de Gran Canaria, coincidencia que dio lugar a no pocas confusiones y a comparaciones bastante disparatadas.

El origen del incendio en el SORRENTO se halla en alguno de los camiones transportados como carga. Es posible que la investigación del siniestro que está llevando a cabo la Guardia Costera italiana, por la bandera del buque, con la colaboración del organismo español de investigación de accidentes marítimos, la Ciaim, logre descubrir con precisión la causa del incendio. En cualquier caso, la disposición de la cubierta de carga, ampliamente ventilada y con grandes aberturas al exterior, alimentó de oxígeno al fuego, que se extendió con rapidez e impidió su control por parte de la tripulación.

Como es habitual, las labores de Salvamento Marítimo en el rescate de las personas embarcadas en el SORRENTO fueron rápidas y eficaces. Más allá del susto, todos a salvo sin un rasguño. El ferry quedó a la deriva, con buena parte del casco a unos 400 grados centígrados, sin tripulación, a unas doce millas de la isla Dragonera, zona de especial protección medioambierntal.

La experiencia del incendio en el OLEG NAYDENOV, de la que había aprendido la autoridad marítima de Baleares –un aprendizaje que debiera ser algo normal, pero que no lo es tanto- aconsejaba no intentar apagar el incendio con agua, sino con espumógeno, de modo que en una carrera contra reloj la Capitanía Marítima de Baleares se puso a buscar espumógeno. Lo encontró y se lo ofrecieron tanto en empresas privadas como en organismos públicos como Aena. En tanto se montaba a uña de caballo la logística para acopiar y transportar el espúmógeno a los remolcadores que permanecían al costado del SORRENTO, enfriando el casco con agua, el incendio se consumió. Sencillamente el fuego devoró el combustible que encontró a su paso y cuando éste se acabó, el incendio se extinguió.

Quedó un barco con las planchas de la estructura a más de cien grados centígrados, imposible tocarlas o pisarlas, a la deriva, sin más. No había riesgo inminente de contaminación, pues los tanques del buque permanecían incólumes, y podía descartarse el naufragio, si el tiempo permanecía estable. Además, el armador propietario, los Grimaldi de Nápoles, contrató en cuanto tuvo conocimiento del suceso a una de las más reputadas empresas de salvamento marítimo, Svitzer, danesa, en la órbita de Maersk. Svitzer envió a la zona a un salvage team encabezado por el mismo capitán de salvamento, holandés por supuesto, que había actuado con enorme eficacia en el caso de los buques varados en El Saler (septiembre de 2012). Así que a la templanza, buen sentido y sabiduría del capitán marítimo de Baleares –aprobamos juntos las oposiciones al cuerpo de técnicos superiores del Ministerio de Transportes en 1992- encargado de la gestión del siniestro por el Gobierno español, se unió la experiencia y la profesionalidad del capitán de salvamento contratado por el propietario del buque siniestrado. Además, el tiempo se mantuvo bonancible.

Cuando el buque alcanzó una temperatura manejable, los salvadores y el armador decidieron remolcarlo hacia el puerto de Sagunto. Se barajaron otras posibilidades que fueron descartadas por diferentes razones. En todo momento, la autoridad marítima –con el director general de Marina Mercante en Canarias, a las órdenes de la ministra de Fomento, que estuvo permanentemente al tanto de cuanto sucedía- se mantuvo informada y sostuvo la última palabra en las numerosas decisiones que se fueron adoptando a lo largo del siniestro. Hubo discusiones, pero un gran entendimiento tanto con el armador, como con Svitzer, la empresa de salvamento. Y el resultado fue un éxito. Hubo suerte con las circunstancias, cierto; pero hubo sobre todo mucho talento y muchos conocimientos técnicos aplicados a la gestión del accidente.

Las informaciones alarmistas de cierta prensa, los comentarios desinformados de algunos marinos (Madiedo y Badell, por ejemplo) y los aspavientos de rigor de los ecologistas, siempre al quite cual lucecitas del Pardo, o del Kremlin, no lograron empañar la buena imagen que al final quedó en la sociedad española sobre la gestión del incendio del SORRENTO. El griterío que se agitó en Sagunto y alrededores cuando se hizo público el destino del buque debe atribuirse por un lado a la ignorancia y por otro a las ansias de un minuto, o un segundo, de gloria que muchos ciudadanos, asiduos de Tele5, creen posible alcanzar armando ruido y enredando.

 

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