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REFLEXIONES INTEMPESTIVAS SOBRE LA DECISIÓN DE LLEVAR A LOS REMOLCADORES A LA HUELGA

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NAUCHERglobal, Ricardo Enebros 14/02/2015

Un alcalde decide construir una carretera fabulosa para unir dos puntos del municipio con muy poco tráfico. Las escasas voces que se alzan para criticar el proyecto son masacradas como enemigas del progreso, viejas resentidas contra el alcalde y defensoras de oscuros intereses. Nadie entra a debatir si la construcción de esa carretera responde a una necesidad real y si el dinero a invertir sería mucho más provechoso para la sociedad edificando una nueva escuela o un mejor ambulatorio. A los críticos con la obra se les machaca con argumentos personales y un mantra publicitario: ¿cómo se puede estar en contra de una obra pública que va a mejorar las comunicaciones del pueblo?

Así, con un silencio espantoso alrededor, se construyó un aeropuerto peatonal y se levantaron cientos de pabellones deportivos que hoy están criando malvas. A cambio de esas obras magníficas tuvimos que despedir a una enfermera del centro de salud, a dos asistentes sociales y retrasar sine die la construcción de una escuela decente.

Años más tarde, con la carretera fabulosa convertida en un erial, todo el mundo se justificaba diciendo que en realidad ellos nunca habían defendido esa obra disparatada, se limitaron a sostener la decisión del alcalde, una decisión legal y legítima. Es decir se comportaron como los necios de la historia que se limitan a mirar el dedo en vez de mirar al cielo que éste señala.

Algo parecido ha pasado con las informaciones y opiniones que este periódico ha venido publicando sobre el conflicto de los remolcadores y la decisión de convocar una huelga de 24 horas el próximo lunes, 16 de febrero. Unos pretendían que criticar esa decisión era ir contra los trabajadores, como en aquella sinécdoque franquista que condenaba la crítica al caudillo como una crítica contra España y contra los españoles. Otros se quedaban en meras coces ad personam: ni idea, mal periodista, no sabe de qué habla. Nadie se quitó de encima la pereza para intentar -intentar al menos- esgrimir alguna idea y discutir los razonamientos publicados. Bien es verdad que tampoco nadie tuvo la osadía de defender la decisión de ir a la huelga.

Una decisión errónea, pues no están claros los objetivos a alcanzar ni las razones que sustentan una acción de tanta importancia. Una cosa es lo que escriben los convocantes en la comunicación oficial al Ministerio de Empleo y Seguridad Social, reproducido en un artículo anterior (ver aquí): 1. Respetar la legislación vigente en cuanto a la jornada, la prevención y la seguridad; 2. Vulneración de la buena fe de la negociación. Otra lo que creen algunos trabajadores del sector, lectores de NAUCHERglobal: para que trabajadores españoles no pierdan su puesto de trabajo y lo ocupe en su lugar uno de otro pais. Y otra, lo que sostienen los convocantes en sus propios órganos de expresión. Para la CGT, convocante principal, se trata de que cese cualquier iniciativa que pueda derivar en una precarización del empleo y en la calidad de los servicios que se prestan, un argumento tan vago e impreciso que cuesta creer en su veracidad; en todo caso, poner la venda antes de la herida no parece muy sensato. Para Comisiones Obreras el objetivo es no romper la unidad (sic) y forzar una mesa negociadora. La OTEP habla de seguridad laboral y de horarios y jornadas. USO se adhiere y el Sindicato de Actividades Marítimas del Estado Español, pequeños pero poderosos, ni se sabe.

Los trabajadores del sector están preocupados por el futuro, como tantos y tantos trabajadores y profesionales en España y en Europa, y ven como una amenaza la política de liberalización de los servicios portuarios que sostiene la Comisión Europea. Defienden su situación actual, algo comprensible aunque tal vez poco aceptable en términos de solidaridad social. La huelga de pasado mañana, ¿servirá para algo? ¿Restará alguna preocupación a los tripulantes de los remolcadores? ¿Acaso valdrá para que la Unión Europea abandone sus compromisos internacionales y se enroque en una defensa numantina de los intereses hoy dominantes? ¿A quién sirve una huelga que carece de estrategia conocida, montada sobre secretos y mentiras? En Barcelona llevan meses negociando y pactando con las emprersas, pero los sindicatos, la CGT en particular, ocultan los acuerdos y mienten sobre los resultados. ¿Por qué no han hecho público el laudo arbitral que acordaron con la patronal para resolver el problema de los horarios y la jornada laboral de los remolcadores? ¿A qué tanta ocultación?

Sostengo por todo ello que esta huelga es un desatino y que los trabajadores nada ganarán con ella. Al tiempo.

 

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