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REFLEXIONES ANTE LA AMENAZA DE PAROS DE LOS REMOLCADORES

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JUAN ZAMORA 07/12/2014

Blog: "El barógrafo"

La noticia que NAUCHERglobal, Ricardo Enebros, publicaba el pasado viernes día 5 sobre la amenaza de paros de los trabajadores de remolcadores, emitida por el sindicato Confederación General del Trabajo (CGT), merece algunas reflexiones.

  • Los motivos invocados en el comunicado de la CGT para justificar la amenaza carecen de actualidad y la mayoría son más que discutibles (ver artículo). De modo que la única conclusión posible es que la amenaza de paros obedezca al disgusto de la CGT por el contenido de la decisión arbitral sobre la jornada de los remolcadores de Barcelona que en su momento acordaron. Aunque no ha sido dado a conocer el texto completo, oficiosamente sabemos, y saben los sindicatos, que el laudo arbitral está más cerca de las razones de las empresas que de los postulados de los trabajadores. La amenaza de huelga como reacción a una decisión entendida como contraria a sus intereses. Dos comentarios: mal está que se oculte la verdadera causa de la amenaza y peor aún que ésta sea la respuesta a una decisión arbitral acordada por los trabajadores. ¿Con qué autoridad moral se pide “cumplimiento y respeto de los convenios colectivos”?

  • El fondo del conflicto descansa en la defensa de los trabajadores de sus actuales condiciones de trabajo. Una defensa que a primera vista parece lógica y legítima. La pretensión de las empresas por reducir lo que consideran unas condiciones muy superiores a las que ofrece la situación actual está basada en la necesidad de ganar competitividad ante un futuro probable en que hayan de lidiar con un mercado abierto. Pide la CGT en su comunicado de amenaza que el remolque quede excluido de la directiva europea sobre liberalización de servicios portuarios, una petición insolidaria e insostenible cuyo propósito es perpetuar una situación de privilegio. La historia no es una foto fija y los trabajadores lo saben, o deberían saberlo, mejor que nadie. Quienes hayan seguido en los foros internacionales el arduo debate sobre las banderas de conveniencia seguramente habrán acabado preguntándose si la postura contra esos pabellones no supone un portazo a los deseos de progreso de los trabajadores de países pobres (o empobrecidos, pero eso es otro debate). O dicho de otra manera, si la lucha contra las banderas de conveniencia no es otra cosa que la defensa del castillo de los privilegiados del mundo, refugiados tras los muros de una situación favorable, como los ricos y semirricos de muchas ciudades sudamericanas que viven en fortalezas amuralladas, con personal armado en las entradas, rodeados de un mar de pobreza. ¿Quieren de verdad los trabajadores perpetuar el monopolio que les permite vivir bien a costa de la miseria de la mayoría?

  • La pretensión de las empresas de remolcadores conduce a un aumento de los beneficios, al menos durante un tiempo. Que las desigualdades aumenten, que la masa salarial pierda y ganen los accionistas y sus ejecutivos, constituye una noticia alarmante para la sociedad. Las recetas para resolver la contradicción entre lo expuesto en el punto anterior y la evidencia de que empeorar las condiciones de trabajo con el pretexto de la competencia tiene como resultado un aumento de la desigualdad que augura un mal futuro a las sociedades democráticas, las recetas que se barajan, repito,.no resuelven ni iluminan los casos concretos, como mucho permiten otear un horizonte con menos nubarrones. Puede que tuviera razón Umberto Eco cuando alertaba sobre la feudalización de las sociedades modernas (“Entramos en la Edad Media”, Triunfo, 4 de marzo de 1972): mayor desigualdad, mayor inseguridad, solidaridad exclusivamente tribal, etc. En el caso de las empresas de remolcadores del puerto de Barcelona, la propuesta de acudir a un arbitraje consensuado para salir del atasco de las negociaciones del convenio de una manera civilizada se veía por todos los interesados como una fórmula eficaz y razonable. Nadie, ni empresas ni sindicatos, pueden ahora bajarse de ese tren porque nos les gusta el resultado.

  • Las amenazas son una pésima forma de relación personal y social. Matan el diálogo, pues nada se puede dialogar con amenazas, y conducen a decisiones extremas que hubieran podido evitarse. Tal vez la CGT necesite con urgencia demostrar que es un sindicato musculoso y aguerrido que no se arredra ante nada ni ante nadie. Tal vez sus dirigentes, empachados de la vieja épica cenetista, de victoria en victoria hasta la derrota final, precisen de los gestos y aspavientos con que suelen las personas inseguras ocultar sus frustraciones. Quizá piensen que basta con la sombra del palo para amilanar a los adversarios. Quizás. Lo cierto es que se están cubriendo de gloria arrastrando a los trabajadores a un callejón con pocas salidas. Lo cierto es que no han valorado en serio el efecto de las amenazas ni mucho menos han analizado el final de la acción. ¿Cuantos trabajadores seguirán la derrota que les propone la CGT? ¿Cómo reaccionarán los valientes cegetistas ante la prescripción de unos servicios mínimos que impidan convertir los paros en un daño muy gravoso para la economía general del país? ¿Soportarán el peso de una opinión pública contraria a una huelga por la defensa de unas condiciones laborales privilegiadas en los tiempos que corren?

  • Todavía es pronto para conocer las reacciones de los trabajadores no afiliados o militantes de la CGT ante la huida hacia el vacío de los dirigentes cegetistas. Sin duda, reaccionarán. Los trabajadores de las empresas de remolcadores de Barcelona tienen una inteligencia histórica de muchos años y una larga experiencia en convenios colectivos. Sus actuales condiciones laborales, muy por encima de la media, han sido fruto de horas interminables de aguda negociación. En la actual situación política y económica, las amenazas y las huelgas para mantener sueldos y horarios que cualquier trabajador consideraría envidiables, son un arma contraria a sus intereses, una espoleta que puede precipitar el final menos deseable.

     

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