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NECESITAMOS HONRAR LOS REFERENTES HISTÓRICOS DEL MUNDO MARÍTIMO

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JUAN ZAMORA 04/01/2018

Blog: "El barógrafo"

El próximo 6 de enero se cumplirá el 49 aniversario del fallecimiento en Madrid de Ernesto Anastasio Pascual, capitán de la marina mercante, práctico del puerto de Barcelona entre el 2 de junio de 1907 y el 1 de julio de 1917, “figura máxima de la Marina Mercante española y persona descollante en la alta dirección de empresas señeras de nuestra economía”, como escribió en “El Vigía” el 3 de mayo de 1960 el capitán de la marina mercante Julián Amich Bert, fundador de la revista “Navegación” en 1917 y del diario “El Vigía” en 1955. Julián Amich se refería a la Compañía Trasmediterránea, a Unión Naval de Levante y a La Unión y el Fénix Español, entre otras muchas empresas relevantes cuyos consejos de administración presidía con éxito Ernesto Anastasio.

Una de las costumbres más deplorables de nuestra sociedad es la capacidad de olvidar a quienes con su esfuerzo, su talento y su tesón fueron capaces de mejorar la vida de los ciudadanos. Probablemente ello sea debido a la flojera del músculo cívico, un defecto que nos lleva a desdeñar la participación en las decisiones que afectan a la sociedad. Los marinos -maquinistas, ingenieros y náuticos- constituimos un cuerpo profesional singularmente desmemoriado con quienes abrieron caminos y alcanzaron la excelencia. Carentes de referencias históricas, nuestra profesión está condenada a vagar en el adanismo más estéril, el que cree inventar la sopa de ajo en cada generación.

Concretemos con un par de ejemplos. Resulta difícil entender por qué en la Facultad de Náutica de Barcelona, sucesora de la Escuela de Náutica, no hay nada, ni una cátedra ni una sala o un aula que recuerde a dos profesores ejemplares, luminosos, que dignificaron sus clases y las enseñanzas náuticas. Me refiero a José Ricart y Giralt y a José Pérez del Río. Y podría hablar también de Ernesto Anastasio, quien también impartió docencia en la vieja Escuela. La galería de retratos de directores y decanos que decora la sala multiusos de la primera planta no llena ni de lejos ese vacío.

El caso de Ernesto Anastasio resulta clamoroso. No hablaré hoy de Trasmediterránea ni de Anave ni de la Asociación Española de Derecho Marítimo, empresas a las que Anastasio dio brillo y grandeza. Los prácticos le deben su Federación, la unidad del practicaje, y le deben el cuerpo teórico, el relato en lenguaje de hoy, que afirmó su actividad tal como la conocemos en la actualidad. Una deuda gigantesca. Sin embargo, la magnífica torre que alberga la Corporación de Prácticos del puerto de Barcelona, donde ejerció, carece de algún detalle -una placa, un pequeño monumento, algo- que recuerde a quien sin duda fue el práctico más grande que en España ha ejercido. Ni siquiera el Colegio Oficial Nacional de Prácticos ofrece en su página en red, ni por supuesto en su sede, alguna muestra de consideración a la memoria histórica del servicio de practicaje.

Las sociedades, las organizaciones y las profesiones que olvidan de donde vienen están condenadas a repetir errores y fracasos. Necesitamos modelos que nos sirvan de ejemplo y de estímulo para que el futuro mejore al pasado. Podemos y debemos corregir ese olvido. 

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