Volver al listado de noticias

MARINOS DE ALTURA (8): CRISTÓBAL GARCÍA BRAVO

  • Gente del mar

MIGUEL ACEYTUNO 14/08/2019

Blog: "El grumete de la cofa"

NOTA DEL EDITOR. Encargamos a Miguel Aceytuno la entrevista al práctico jubilado Cristóbal García Bravo, autor de diversos libros sobre la historia de los prácticos de puerto, para la sección "Marinos de altura". Miguel Aceytuno, alma de escritor, redactó un magnífico reportaje histórico completo sobre el personaje, imposible de encajar en la sección. Lo que sigue es una síntesis de ese reportaje, que el lector puede seguir pues lo publicamos, por su extraordinario interés, anexo en formato pdf.

Me fascina cuan deprisa gira el mundo. Cuando yo era un niño no había otra manera de guardar el conocimiento que en papel, y como éramos muy listos teníamos a los teléfonos atados a la pared para que no nos persiguieran. Ahora los barcos navegan y atracan solos, y cualquier día nos dirán que ya no nos necesitan para surcar la mar, y comprenderemos que hemos hecho algo muy mal.

-Te va a interesar –dijo el capitán Montori, señalándome un texto mecanografiado que corría por la redacción de NAUCHERglobal. Eran los viajes de un pailebote de cabotaje, guiado solo por las estrellas, impulsado solo por el viento. Le respondí que parecía haber sido escrito en la época de Conrad.

-Es autobiográfico, real y el autor aún vive. Quizás querrías tomarte algo con él.

Tan pronto como conseguí recoger mi mandíbula del suelo asentí, y al cabo de unos días estaba sentado ante Cristóbal García, capitán y práctico, y Ana, su amada, compañera, secretaria, y estrella polar.

Me fascina. Me fascina pensar que hemos pasado en menos de un siglo de barcos en los que Roger de Lluria se hubiera sentido bastante orientado, a catedrales de acero movidas por fuego en las entrañas y dirigidas por estrellas de metal fabricadas por el hombre. Y estaba sentado delante de un marino que había vivido ambos mundos.

Don Cristóbal comienza su carrera antes de la Guerra Estúpida entre Hermanos, también conocida en algunos textos como Civil Española. Marinero en un pailebote hermano del Santa Eulalia que podemos contemplar en Barcelona, me habla de los cigarros de cemento que estibaban uno a uno en Vallcarca, o de las naranjas valencianas que descargaban en Francia aquellas chicas tan guapas. Me explica el rumbo correcto para cruzar el golfo de San Jorge a vela aprovechando el abanico del viento, que pasa de NW a picar a poniente. Orza al ver la Ametlla, y viento en la aleta hasta Barcelona. ¿Ayudas de navegación? ¡Una oración al Santo Cristo de Lepanto era la única que había!

* * *

El niño se hace un hombre y recién terminada la guerra viene a Barcelona a estudiar en una Facultad de Náutica que en aquellos tiempos dirigía don Francisco Condeminas. No se trataba a los chavales entre pañales, así que nada más ser nombrado agregado, en 1942, se ve en medio del Atlántico esquivando submarinos alemanes. Esto es un Erasmus y lo demás tonterías.

Me he permitido poner en blanco sobre negro estas charlas maravillosas que he tenido con don Cristóbal. Por si quieren leerlas no les voy a hacer lo que hoy en día se llama “spoiler” y en mis tiempos era “chafar la guitarra”. SI así lo hacen se enterarán el por qué don Cristóbal me pidió que le acompañara a visitar la farmacia Arrasate, que fue fundada por el capitán del mismo nombre y adquirida con lo ganado al mando del ARGENTONA, trayendo azúcar a España en medio de la segunda guerra mundial. Digna de mención fue la expresión de la farmacéutica, nieta del capitán Arrasate, cuando don Cristóbal entró por la puerta diciendo: “¡Yo estoy aquí porque su abuelo me salvó la vida!”, para seguir contando aquel día en que tuvieron que elegir entre morir por un cañonazo americano o un torpedo alemán, y fue la sangre fría de un capitán de los de la vieja escuela lo que permite que yo esté pudiendo gozar de la charla de don Cristóbal.

* * *

El agregado pasa a oficial, a capitán. No le falta faena y está contento, pero se da cuenta que esta cosa tan cortita que llamamos vida le está pasando lejos de su bella Ana. Presenta los papeles para alférez de navío de la Reserva Naval y al poco se ve a bordo del crucero MIGUEL DE CERVANTES. Tampoco es vida fácil. Recuerda doña Ana que los muebles estaban hechos pedazos de tantas mudanzas. Segundo comandante del petrolero PLUTÓN, comandante del auxiliar hidrográfico H2 y el aljibe A10. No serían los barcos que salen en las películas, pero don Cristóbal te habla de ellos y ves que no te mira a los ojos, sino que los está viendo.

* * *

Ya decía Fernando VII aquello de “marina poca y mal pagada”. El sueldo de un teniente de navío –a don Cristóbal le han ido saliendo galones- tampoco es una barbaridad, así que decide opositar a práctico de Cartagena. Se requería en aquellos tiempos ser capitán, haber pasado por la Armada, y ante el tribunal, a la vez, tener gracia y caer en gracia, es decir, conocer vientos y fondeadero como el pasillo de casa y que las fuerzas vivas del puerto local estuvieran de acuerdo en que fuera elegido. Dos son los llamados al aprobar el examen y él se lleva el gato al agua (del fondeadero), siendo la razón haber generado menos enemistad que su rival.

Don Cristóbal recuerda perfectamente el quince de marzo de 1973. Llega desde Ras Tanura e buquel tanque BARCELONA, con 223.500 toneladas de crudo, 330 metros de eslora y 20,15 de calado. Siete pisos bajo el agua.

Hoy en día tenemos remolcadores de cinco mil caballos. En aquellos tiempos no pasaban de dos mil. La primera vez que se hacía en España un practicaje de semejante tamaño. Orgulloso me cuenta como lo consiguieron. O el radio que puso el capitán de otro petrolero de 370.000 toneladas al verse atracado: “Milagrosamente hemos entrado”.

* * *

Don Cristóbal pasa a la jubilación en abril de 1988, tras cincuenta años de mar. Yo estoy acostumbrado a rascar en legajos polvorientos para que marinos que hace mucho ya que zarparon por siempre me hablen de una mar que amaron y ya no existe. Pero el constatar con estos ojos que aun caminan la tierra patrones cuya única forma de orientarse era la polar en la cruceta, su único motor una vela y su única radio los berridos del patrón, me maravilla tanto como recordar como de niño asaltaba la biblioteca del pueblo y ahora llevo en el bolsillo, dentro de mi móvil, toda la biblioteca de Alejandría.

Cuando tras visitar la farmacia Arrasate dejé a don Cristóbal y su bella Ana, tan enamorados como hace décadas, vagué largo rato sin rumbo por las calles de mi ciudad. No soy un romántico que piensa que todo tiempo pasado fue mejor. Precisamente son máquinas las que traen el pan a mi casa. Pero aún quedan entre nosotros quienes levantaron un sextante o perdían todo contacto con la costa a pocas millas. Eran hombres que sabían que ahí fuera estaban solos, con un capitán que en el mando sólo está por debajo de un Dios que a veces juega al escondite, sobre todo cuando has sido descuidado al preparar tu navegación.

Podemos olvidar como funciona un sextante. Podemos no saber trimar una vela. Pero como olvidemos la lección de responsabilidad y valor de nuestros mayores nada tendremos que aventaje a unos barcos que navegan solos. Solo podemos ofrecer nuestro mayor tesoro: esa forma de hacer las cosas que nos enseñaron nuestros mayores, y se llama ser buen capitán. Que no se pierda la cadena del conocimiento. Si nuestros hijos han de aprender solo una cosa, que sea esta.

Buscador

Introduzca los términos de búsqueda