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MARINOS DE ALTURA (7): JOAN ROIG I CARCELLER

  • Gente del mar
  • Comunidad portuaria

NAUCHERglobal, Juan Zamora 17/07/2019

Oculta en un rostro jovial, protege Joan Roig i Carceller la seriedad indispensable del presidente del Colegio Oficial Nacional de Prácticos (CONP). Y no sólo el rostro, también los gestos, un vestir despreocupado y moderno, y la voz grave y sensible de quien acostumbra a utilizar el idioma catalán, todo suma para que Joan Roig aparezca como un personaje cercano, amable, alejado de los convencionalismos al uso que la tradición atribuye al representante máximo del practicaje español, el servicio portuario técnico náutico que garantiza la seguridad de la navegación y las maniobras en aguas portuarias.

Ese contraste entre el marino de mirada clara y directa, y el mandatario que defiende con convicción y firmeza la misión del servicio de practicaje y los intereses de sus miembros contra las insidias y los estólidos ataques de la soberbia portuaria, causa primero sorpresa y luego admiración.

En sus años mozos, Joan Roig, que había nacido en Sant Carlos de la Rápita en marzo de 1956, apuntaba a arquitecto, una profesión con gran predicamento en Cataluña desde la época del modernismo, principios del siglo pasado, y la explosión del genio de Antonio Gaudí. Pero en el Instituto de Enseñanza Media “Roger de Lauria” conoció a unos cuantos marinos que le cambiaron el horizonte, de modo que superado el bachillerato se vino a Barcelona a estudiar en la Escuela de Náutica.

Empezó sus prácticas de agregado en la naviera Cementos del Mar (Cemenmar) y luego en un buque inolvidable, el SANTA ANA de Naviera Ibarra, donde coincidió con un joven marino con quien también yo tuve la suerte y la satisfacción de estudiar y navegar, Eduardo Feijoo, el Paisa, un gallego inteligente de una personalidad arrolladora. Se hicieron amigos, claro. Feijoo mandó barco muy joven en Cemenmar y falleció hace muchos años ejerciendo de capitán.

Con el título de piloto, Joan Roig embarcó en Elcano, la naviera estatal creada dentro del INI por el todopoderoso ministro y amigo de Franco, el ferrolano José Antonio Suances. Y en Elcano conoció a un capitán modélico: culto, con talento, y un don de mando que combinaba sabiamente la autoridad con la tolerancia, Antonio Molinero, a quien años más tarde le propuso la gerencia del Colegio de Prácticos. Un acierto en todos los sentidos. Esa intuición para detectar la excelencia constituye sin duda una de las mejores virtudes de Joan Roig como político, directivo y hombre de empresa. Una virtud excepcional.

Obtuvo su título de capitán en 1983 y mandó diversos remolcadores en el puerto de San Carlos de la Rápita, su ciudad natal, una bella localidad en el extremo sur de Cataluña, donde ejerció de práctico desde 1986 y donde tiene su residencia familiar. En 1992 se presentó para formar parte de la Corporación de Prácticos de Barcelona, a la que consiguió acceder en 1995.

- Ya eras práctico en Barcelona, con sólidos proyectos empresariales en Sant Carles, ¿qué te llevó a la dirección del colegio profesional?

En 2008, me explica, le propusieron sustituir a Rafael Cabal -actual presidente de la Corporación de Barcelona- como vicepresidente del CONP, con Francisco Mosquera de presidente. En 2012 fue elegido presidente y sus compañeros volvieron a elegirle en 2016. “Es un cargo que exige mucho esfuerzo y cuya única recompensa es la satisfacción del deber cumplido. El próximo año acaba mi último mandato. Confieso que estoy cansado y que dejo el cargo con alivio y con la esperanza de encontrar un nuevo presidente que sepa defender lo mucho que significa el servicio de practicaje para la seguridad marítima y para la economía del país”.

La presidencia de Joan Roig ha sido una época de apertura del colegio, de transparencia ante la sociedad y de asunción de que los prácticos representan el único colectivo de marinos bien organizado, la punta de lanza de la profesión. Y sobre todo, Joan Roig ha sido un presidente que ha pugnado con tenacidad, mesura y éxito por preservar el servicio de practicaje ante las acometidas de determinados intereses económicos y de burócratas sin ideas y sin escrúpulos. Un presidente a quien no le ha temblado la voz ni el ánimo. Un gran presidente.

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