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MARINOS DE ALTURA (5): RAFAEL RODRÍGUEZ VALERO

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  • Entorno marítimo

NAUCHERglobal, Miguel Aceytuno 19/03/2019

El oficio de la mar te impone largas horas de guardia durante las cuales sólo te ves separado por el ancho de una camisa con una persona con la que compartes todo, y a la que no te pareces en nada. Comes el mismo pan, de sus decisiones puede depender tu vida y vas a pasar más tiempo a su lado que al de aquella otra a quien diste tu corazón cuando quizás, si hubiera sido un terrícola, nada te hubiera impulsado a buscar su amistad.

Empezamos a bordo con que la máquina y el puente suelen tomar el café en tascas diferentes, no sea que se pegue algo. Luego tienes que convivir durante meses con pesados que no callan o taciturnos que no dan ni la hora, o gente bien con esas pequeñas manías tan molestas, o al borde de la camisa de fuerza.

Pero todos tienen dos cosas en común. Primero, la certeza en que no puedes confiar en una suerte que no existe. Debes aprender que todo pequeño descuido que en tierra sería venial puede ser mortal en medio del océano. Lo segundo, respeto al mando y a la responsabilidad. Como decía, en un brillante doblaje al catalán, el ilustre capitán (literario) Picard de la Enterprise: “el millor es tallar el bacallà”, es decir, lo mejor es mandar.

Nos han sido dados pocos años en este mar de lágrimas, y si tienes suerte de ser maestro en algo (la suerte no existe, quiero decir si te la has currado), lo más cómodo es dedicarte a echar panza y pontificar sobre esta juventud que no sabe hacer la o con un canuto.

Hablamos hoy de un personaje sin límites. Se licencia en máquinas marinas y con el título de Jefe de Máquinas de la Marina mercante, se convierte en uno de esos inspectores del Lloyd’s que tanto miedo nos dan a veces, pero que tan necesarios son. Gestor de empresas pesqueras, profesor universitario de máquinas y motores… y director general de Marina Mercante. Aquella gente que ya no queda, que ha tocado muchos palos.

Rafael Rodríguez Valero es un personaje a la búsqueda continua de retos. ¿Por qué se hizo marino? Y entre los caminos de la mar, ¿cuál le llevó precisamente al de las máquinas? La mar es inmensa y los siete mares son infinito; ahora que navego por hobby cada día me sorprende con algo nuevo, nunca la conoces, la mar hay que respetarla, entenderla y comprenderla, siempre te avisa de lo que va a hacer, te enseña a ser humilde, nunca la descubrirás completamente, nunca te puede quedar pequeña, tu eres el insignificante. Cuando fui a estudiar Náutica a Coruña, había tres especialidades, puente, máquinas y radiotelegrafista, escogí la rama de máquinas con pleno conocimiento, mi familia procedía del mundo técnico y con mi padre había visitado muchos barcos y el mundo de las máquinas siempre me fascinó, aquellas cámaras de máquinas con tantos aparatos y tantas instalaciones, yo lo veía todo muy complejo y a la vez muy interesante, no lo dudé ni un instante, me matriculé en la especialidad de máquinas y al pasar los años, más me congratulo de haber escogido esa especialidad.

Como todos los marinos, Rodríguez Valero lleva en su almario la experiencia de varios buques. Todos los barcos te marcan ya sea por la ruta que tengan, por los problemas técnicos que surgen durante la navegación o, por la tripulación, siempre te dejan ese recuerdo que en algún momento te va a servir para resolver el problema, o al menos para tener una similitud en que apoyarte. Quizás el recuerdo que más me viene a la mente es cuando debuté como jefe de máquinas de un barco de unas 60.000 toneladas, con rumbo a Brasil y en medio del Atlántico se produjo un black out (caída de planta, el buque se queda sin energía). era cuando empezaban los primeros barcos automáticos, tardamos unas dos horas en encontrar y reparar la avería, aquel silencio y aquellas miradas de los oficiales lo decían todo, ahí me di cuenta  de que estaba solo, que yo tenía que tomar las decisiones y que toda aquella camaradería y bromas de la cámara quedaban en un aparte. Esa soledad la volví a sentir siendo director general cuando tomé determinadas decisiones en complejos accidentes marítimos.

SI estuviera sentado ahora con alguien que le dice que quiere empezar la carrera de Náutica ¿intentaría disuadirlo para que dedicara su vida a algo más productivo y menos lleno de quebraderos de cabeza?

A estas alturas de mi vida no soy muy dado a dar consejos, pero si no me quedara más remedio le sugeriría que si quiere estudiar Náutica y le gusta el mundo marítimo ¡adelante! Las carreras y las profesiones son todas buenas, es preciso sentirlas, desearlas, amarlas y si te gustan de verdad ejercerla, lo único que hay que hacer es volcar el corazón en ello. Así conseguirás tus anhelos, pues en esta vida hay que hacer lo que a uno de verdad le gusta.

Le comento al ex director general de Marina Mercante cómo es posible que el ciudadano español sea mayoritariamente ignorante de las cosas de la mar y de sus decisivas repercusiones en la economía. Esta es la eterna canción, yo creo que España es un país que vive de espaldas al mar y los políticos actuales contribuyen a ello. ¿Como es posible, se pregunta uno, que siendo España un país eminentemente costero, con dos archipiélagos, tenga una Dirección General de Marina Mercante y no, como mínimo, una Secretaría General, teniendo el potencial marítimo que tiene? Creo que lo que incluye el mundo de la marina mercante no da satisfacciones a los políticos, o no pasa nada y entonces todo sigue igual, o si pasa algo, entonces mancha y de eso los políticos huyen como gato escaldado, mientras que inaugurar un kilómetro de AVE o de autopista son todo loas. Por otro lado, los armadores españoles, carecen de un grupo de presión con influencia dentro del mundo político y eso, entre otras cuestiones, provoca que se vean con una cierta lejanía los temas marítimos tanto política como socialmente. Lo marítimo solo interesa para dar noticias sensacionalistas sobre los naufragios.

Hablamos de los cambios profundos que estamos viviendo, la invasión de la informática y la inteligencia artificial en todos los terrenos y la transformación de los hábitos sociales, laborales y económicos. Una revolución como la que vivieron nuestros antepasados desde mediados del siglo XIX con el paso de la vela al vapor. ¿Cómo será el marino del mañana? O mejor dicho ¿tendremos marinos mañana? Se pasó de la vela al vapor, luego al motor diesel, de los cascos de madera a los buques de hierro y acero, de los remaches a las planchas soldadas, ahora vienen los nuevos combustibles, menos contaminantes… En realidad, el mundo marítimo es una constante evolución, tanto desde un punto de vista técnico como normativo, no hay un medio de transporte, en mi opinión, que evolucione tan rápido. Marinos siempre habrá, tal vez, con otro perfil a bordo, yo creo que se irá a la polivalencia, con barcos muy automatizados, con el control del buque desde tierra, y los oficiales polivalentes a bordo ejercerán una vigilancia de los sistemas de seguridad y resolverán los problemas puntuales, pero siempre dirigidos desde tierra. También habrá muchos cambios en el Derecho Marítimo.

Dice el cancionero que “abogacía, boga y cía”. Sin embargo, ser marino y jurista constituye un ejemplo frecuente a lo largo de la Historia. Le pregunto: ¿se están cuidando bien las leyes que escribieron aquellos sabios marinos para que se enfrenten a los retos de un mundo que gira muy deprisa? Yo creo que la esencia del Derecho Marítimo sigue vigente, lo que sucede es que la globalización afectó a todos los campos económicos y al marítimo no podría ser menos, hoy casi todos los barcos navegan bajo pabellones de conveniencia, las tripulaciones son multiculturales, el sistema de pólizas, fletes, la figura del capitán, etc. han sufrido variaciones, tanto de responsabilidades como de cometidos.

Rafael Rodríguez Valero es un hombre alto, bien conservado a pesar de su años (frisa los setenta), el pelo bien peinado, el vestir correcto, sin afectación, el hablar pausado y convincente. De la Dirección General pasó en junio del pasado año a la presidencia del puerto de Ceuta, cargo del que dimitió en enero de forma sorprendente. Llegué a Ceuta cargado de ideas, de ilusiones, con unas enormes ganas de trabajar, de desarrollar el puerto y de abrirlo a nuevos tráficos. Lo primero que me llamó la atención fue que el puerto carecía de grúas para las operaciones de carga y descarga. A su vez, todo estaba basado en el tráfico cautivo entre Algeciras y Ceuta y en el bunkering, nadie en veinte años se preocupó de buscar nuevas líneas de navegación. La gestión del puerto estaba basada prácticamente en los contratos menores, gastándose elevadas sumas de dinero al año en reparaciones de los interiores de las viviendas del puerto. También me sorprendió todo lo referente a las concesiones y que algunos de los directivos estuvieran viviendo en unos chalets ubicados dentro de una parcela enorme, perteneciente al puerto y conocida por los ceutíes como el ‘Complejo de la Moncloa, donde los ocupantes solamente abonaban el agua ya que los demás gastos corrían a cargo del puerto. Ante estas situaciones y dentro de mi mejor saber y entender traté de reorientar todo aquello, pero estaba muy enraizado y después pasó cierto episodio… a mi pesar me tuve que ir pues mi situación personal y la de mi familia era insostenible.

El Salvamento Marítimo español está de actualidad, con amargura y polémica. Quizás exigimos a nuestros gestores algo que debería enfocarse más a nivel internacional… Al ser director general de Marina Mercante, también eres el presidente de Sasemar. La idea primigenia de Salvamento Marítimo es salvar vidas humanas y luchar contra la contaminación marina; para ello se dispone de una flota de buques, helicópteros y aviones. El personal de Sasemar hace una labor importantísima que es reconocida a nivel internacional. Lo que sucede es que existe en la actualidad una presión migratoria muy grande y se están dedicando la mayoría de los recursos a salvar los migrantes, en detrimento del cometido de Sasemar. Los políticos deben saber que Sasemar no es una ONG ni los barcos ni las tripulaciones están preparadas para absorber tanta presión migratoria.

¿Qué lleva a un técnico a dedicarse a la gestión?, le pregunto. Yo dejé el Lloyd’s Register para ir de jefe de inspección a una empresa atunera que faenaba en las Islas Seychelles, y ahí empecé a llevar toda la gestión y costes de mantenimiento, así como el pertrechado de buques, a la empresa le fue muy bien y se extendió a Chile a través de una empresa mixta. Necesitaban un gerente y un hombre de confianza y me mandaron a mí, así empecé a gestionar una empresa que llegamos a facturar muchos miles de millones de pesetas (de aquella no había euros). He de reconocer que fue de los trabajos más gratificantes que tuve, pues se empezó de cero y alcanzamos cifras de negocio muy importantes.

Para aligerar una entrevista tan densa le pido a Rodríguez Valero que me cuente alguna anécdota de sus años marineros, algo cómico a ser posible. Tengo una -me responde- que demuestra la gran sensibilidad del ser humano. Después de navegar durante meses entre dos puertos de Venezuela nos salió una carga con destino a Southampton y en esa ruta teníamos que pasar por el famoso, triángulo de las Bermudas. Durante el día, en la cámara de oficiales, se empezaron a contar historias más o menos creíbles y dio la casualidad de que había un joven oficial en la guardia de 12 a 04 que al oírlas, las vivía, y recuerdo que en la cena se mostró preocupado porque le tocaba durante la guardia de noche pasar por la zona. Así que sus compañeros le prepararon una broma: sobre las 01.00 empezó a ver desde el puente y sobre cubierta un desfile de luces que se encendían y apagaban precisamente en el momento en que el timonel había ido a prepararle un café y él se hallaba solo en el puente.  El susto que se llevó, además de otras situaciones que no se deben contar, fu tan grandes que llamó al capitán todo alterado y éste dándose cuenta enseguida de lo que sucedía lo tranquilizó y montó la guardia con él. Eran aquellos capitanes que ya no quedan. Al día siguiente, claro, nadie sabía nada.

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