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MARINOS DE ALTURA (4): FELIPE LOUZÁN

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NAUCHERglobal, Juan Zamora 15/03/2019

Felipe Louzán Lago es el marino legendario que esconde un auténtico tesoro en su casa. No lo consiguió pirateando ni cuando navegaba por esos mares lejanos con la naviera Santa, de Perú, o la famosa Conoco, norteamericana, aunque es cierto que allí nació su inclinación. Bien es verdad que tuvo que viajar mucho y navegar horas y horas por los incontables mercados de internet hasta hallar ese instrumento codiciado, esa pieza maravillosa y bien conservada que usaron los marinos del siglo XVIII. Felipe Louzán atesora una impresionante colección de instrumentos náuticos antiguos, con algunas piezas de extraordinario valor histórico, octantes de caoba y marfil, cronómetros de primera hora y teodolitos de orfebre para uso náutico, por ejemplo.

Nacido en Fisterra, noviembre de 1952, Louzán estudió Náutica en La Coruña, de donde egresó con el certificado de Alumno de Náutica en 1973; con el título de Piloto de 2ª clase, y número 1 de la promoción, en 1975; y como Capitán de la Marina Mercante en 1978. Su primer buque fue el añorado DELFÍN DEL TIRRENO, de la Naviera del Atlántico, un barco pintado de amarillo, de bella estampa, destinado a la ruta del Mediterráneo/Canarias con carga general hacia las islas y plátanos de regreso. Acabó las prácticas en el MARIA DE COVADONGA, tras pasar por el BENIMAR y por el ALCÁNTARA. Ya como piloto recuerda el largo año que mareó los Grandes Lagos (excepto el Superior) a bordo del portacontenedores MANCHESTER MERCURIO de la naviera Santa Catalina.

Impresionantes los viajes por la Seaway del San Lorenzo y sus mil islas, me explica. Y continúa. Desembarqué del POLA DE LENA en julio de 1978 para negociar el Convenio como representante sindical por el SLMM. Posteriormente, tras pasar por el CIMADEVILLA, decidí marcharme a extranjeros, a los petroleros de la Conoco, hasta que en 1982 la crisis del petróleo obligó a la compañía a amarrar sus VLCCs en los fiordos noruegos.

Volvió a los españoles el tiempo justo para embarcar en el ARAO, uno de esos buques que pomposamente llamaban polivalentes, en el que efectuó dos viajes con grano de Amberes para Etiopia (ayuda de la ONU), grano de Argentina para Chile pasando por Magallanes y los canales patagónicos, y carga de concentrado de cobre de Chile para Canadá vía Canal de Panamá. Después regresé de primer oficial a los petroleros SOLVA y ARTIC STAR.

Así explica su primer mando: El 9 de Julio de 1985 me enviaron a Mihara, Hiroshima, como capitán-supervisor durante la reparación del B/T BURMAH EXCELSIOR, con oficiales japoneses y tripulantes surcoreanos, hasta que el 19 de agosto de 1985, después de cambiarle la bandera a Panamá y el nombre a LUNAMAR II (Naviera Santa de Perú), me nombraron capitán. Nos dedicamos al transporte de crudo y refinados pesados, generalmente fueloil de Perú para Puerto Rico y USA (New York, Los Angeles...) y crudo y gasoil de Venezuela para Chile a través del Canal de Panamá.

No fue esa la única vez que el capitán Felipe Louzán protagonizó un cambio de bandera, una experiencia que repitió con el petrolero EASTER RANGER, embargado en Jacksonville (Florida), comprado por la Naviera Santa. Hicimos consumo de gasoil y fueloil, tripulación nueva y salimos rio abajo. Después de algún viaje fuimos a cargar a Callao y allí nos cambiaron la bandera a peruana, hubo una gran fiesta a bordo con unos 200 invitados, entre ellos el alcalde de Lima, Jorge del Castillo (el presidente Alán García no pudo acudir por cuestiones de agenda). Por cierto, tan sólo una mujer, periodista.

Volvió a la Conoco en 1993, compañía de la cual ha mandado una colección de petroleros que ya son Historia: INDEPENDENCE, SENTINEL, CONSTITUTION y PATRIOT.  Felipe Louzán es, pues, experto en operaciones con buques petroleros, un conocimiento que le valió su participación como perito de una de las acusaciones populares personadas en el largo procedimiento penal sobre el naufragio del PRESTIGE que se vió en La Coruña.

En el año 2000, el azar y el deseo de quedarse en tierra le llevaron a la docencia en la Escuela Superior de Náutica y Máquinas de La Coruña, su escuela, donde en el otoño de 2005 leyó la tesis doctoral Génesis y evolución de los instrumentos de altura usados en navegación: análisis de los errores cometidos durante las observaciones, una tesis histórica caracterizada por su originalidad y construida con un amor desaforado por la profesión de navegante. Una tesis brillante, dirigida por su amigo Santiago Iglesias Barniela, y defendida con tanta convicción que, lógicamente, obtuvo el cum laude por unanimidad del tribunal.

En estos diecinueve años, o casi, de profesor, primero asociado y luego titular, Felipe Louzán Lago ha sido secretario y director del Departamento de Ciencias de la Navegación, y ahora es director de la Escuela. Ha publicado dos grandes obras. La primera, con Santiago Iglesias, Manual de Comunicaciones Marítimas; la segunda, en solitario, Estiba de cargas sólidas. Y está a punto de publicar una tercera dedicada a las operaciones en buques petroleros. Además, ha escrito para NAUCHERglobal algunos artículos de gran influencia e impacto sobre el naufragio del PRESTIGE y el proceso judicial contra el capitán Mangouras y el ex director general de Marina Mercante, José Luis López Sors.

Se declara galleguista, digamos contrario al centralismo madrileño, amigo de sus amigos, la amistad es un grandísimo don, trabajador infatigable y comprometido con la mejora profesional y personal, y el progreso social y económico de quienes comparten profesión y patria.

 

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