Volver al listado de noticias

MARINOS DE ALTURA (1): MIQUEL VERDAGUER VIDAL

  • Gente del mar
  • Puertos
  • Navieras
  • Comunidad portuaria

NAUCHERglobal, Juan Zamora 26/01/2019

Aclara el diccionario de la Real Academia (DRAE) que la altura es la medida de una figura considerada verticalmente desde su base hasta su punto más elevado. Con el capitán de la marina mercante Miquel Verdaguer Vidal iniciamos esta galería de retratos y entrevistas que, desde el punto de vista periodístico, pretenden recoger el ejemplo vital de hombres y mujeres de la mar que han conquistado con trabajo e inteligencia un lugar destacado en la academia, en la empresa, en la cultura, en el mundo asociativo y sindical, e incluso en el proceloso ámbito de la política. Retratos y entrevistas sin más pretensiones que perfilar, a modo de homenaje, a quienes debemos el desarrollo de nuestra sociedad.

Miquel Verdaguer siempre ha sido un hombre elegante en el vestir, en los modales y en el trato personal. Nació el 28 de septiembre de 1932, un mes y pico después de que el general José Sanjurjo perpetrara el primer intento militar de derrocar al Gobierno de la II República española. Años convulsos. La infancia de Miquel Verdaguer conoció la dureza y la miseria de los años de la guerra civil (1936-1939), y el tiempo atroz de la posguerra: hambre, venganza y ruindad cultural. Años de pocos caprichos porque la supervivencia no admite tonterías; años de determinación y pocas dudas.

Yo hice náutica porque en la escuela donde estudiaba el bachillerato había un muchacho, Francisco Gener se llamaba, brillante y excelente compañero, determinado a estudiar para marino, una carrera rápida, afirmaba, sencilla, con la que ganar algo de dinero, o al menos no depender de tu familia, y además podías viajar al extranjero.

Las prácticas de agregado en Aldecoa Marítima y las de piloto en el CHURRUCA y el SATRÚSTEGUI, de Trasatlántica, donde navegó un tiempo con el título de capitán que había obtenido con fecha 15 de julio de 1961. Tengo de Trasatlántica un recuerdo fantástico. Se trabajaba con extraordinario rigor profesional. Se casó y tuvo una primera hija en 1962 y luego otra en 1966, de modo que para mejorar su situación decidió optar para práctico de puerto. Dejó la histórica naviera y con el objetivo de mandar barco se enroló en Castañer y Ortiz. Y desembarcó para examinarse de práctico en Valencia y ganó la plaza, pero nunca tomó posesión porque en esas recibió la llamada de su amigo (el gran amigo de mi vida), Josep Trius, también capitán de la marina mercante, que le ofreció sumarse al proyecto de crear una empresa de remolcadores en Barcelona. Así que, hasta su jubilación, en parte vencido por la erosión implacable del tiempo, Miquel Verdaguer fue el director general de Sociedad Anónima de Remolcadores (SAR).

Tomamos café en el bar del Museo Marítimo de Barcelona, un lugar amplio y cómodo. Exhibe el entrevistado una memoria todavía ágil y una movilidad en buena forma, pero la vista le falla y el oído flaquea. Tantos años. Habla con la dicción impecable de quien ha leído mucho y ha dirigido empresas sin mirar el reloj. Pasé tres meses en Amberes aprendiendo el negocio del remolque. Barcelona ha sido la pionera en los cambios y mejoras realizadas en el mundo del servicio de remolque y hemos tenido la suerte de que el puerto siempre ha estado dirigido por personas serias y sensatas. Barcelona es un puerto vivo en una ciudad viva con un activo polo industrial. Desde Barcelona, SAR abrió mercado en Libia, Marruecos y Argelia. Hicimos negocios con Ibaizabal, de Bilbao. Y con mi gran amigo Josep Trius emprendimos un buen número de aventuras empresariales, siempre relacionadas con el mundo marítimo y portuario. Trius fue un hermano para mí.

Asoma un leve temblor en la voz de Miquel Verdaguer cuando habla de Josep Trius, fallecido en abril de 2013. Y también cuando recuerda a Vicente Boluda Marí, el abuelo del actual presidente de Boluda Corporación Marítima, un hombre extraordinario con quien tuve una entrañable amistad. ¿Y con el nieto, Boluda Fos?, le pregunto. Es un joven de enorme talento, me responde, a quien admiro por su arrojo y personalidad.

Me habla de cuando constituyeron la Asociación Nacional de Remolcadores, ANARE, de la que fue fundador y secretario general durante muchos años. ¿Qué futuro le espera al remolque?, pregunto. Los buques han cambiado mucho en los últimos años y han mejorado su capacidad de maniobra, pero el remolcador seguirá siendo imprescindible para garantizar la seguridad de las instalaciones portuarias y de los propios buques. Con toda la tecnología, seguimos expuestos a ese azar imprevisto que puede originar un desastre.

Le cuento que nos conocimos en 1976, negociando el convenio colectivo de SAR, él como representante de la empresa y yo como asesor sindical de los trabajadores, y que ya entonces era un personaje de convicciones demócratas, defensor de los intereses de la empresa, como era su deber, pero abierto, dialogante, con la misma empatía que ahora, en la edad de la nostalgia, derrama cuando recuerda a quienes fueron sus colaboradores, Jorge Hernández, por ejemplo, o Luis Domingo.

Recoge su abrigo, su gorra de marino, anuda su bufanda y se va camino abajo hacia el autobús que le llevará al Club Natación Barcelona, su club de toda la vida.

 

NOTICIA RELACIONADA

En la muerte del capitán Josep Trius

Buscador

Introduzca los términos de búsqueda