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LOS TRIPULANTES DEL ‘PENELOPE’ ABANDONADOS Y SIN COBRAR

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NAUCHERglobal, Ricardo Enebros 06/12/2013

La desastrosa situación de la economía griega es bien conocida. Todos los medios de comunicación han informado sobre los sucesivos rescates de los bancos y de las finanzas públicas por parte de la Unión Europea. Muy pocos de esos medios han intentado, siquiera de forma sucinta, explicar las causas, algunas al menos, de esa bancarrota. La más comentada fue la alta tasa de fraude fiscal existente en el país, un paraíso para las grandes fortunas.

Las principales víctimaS del desastre económico griego, a tenor de lo publicado en España, son los empleados públicos, que han sufrido despidos masivos y significativos recortes de sueldos, y los pensionistas, que han visto reducidas su ya de por sí paupérrimas pensiones. Poco, muy poco se ha hablado de lo que ocurre en el sector privado.

Se calcula que en estos momentos hay un millón de trabajadores griegos que llevan varios meses, más de un año en muchos casos, sin recibir sus salarios. Pongamos dos ejemplos del sector marítimo.

El ferry PENELOPE, que hacía la ruta entre el puerto de Rafina, cerca de Atenas y las hermosas islas de Mykonos, Andros y Tinos, lleva desde el principio del verano parado y ocupado por sus tripulantes. Sin electrecidad, sin comida, con el agua racionada, los tripulantes llevan ocho meses sin cobrar sus salarios. El armador, una compañía griega, Agoudimos Lines, está desaparecido y no se tienen noticias sobre su paradero.

El nombre del ferry, PENELOPE, pertenece a la resignada y fiel esposa de Ulises, que le esperó pacientemente mientras éste luchaba en la guerra de Troya y después recorría el peligroso Mare Nostrum padeciendo mil aventuras. Lo cantó Homero en La Odisea.

También cerca de Atenas, los 1.200 trabajadores de los astilleros Hellenic son víctimas de una historia todavía peor. Llevan sin cobrar, ocupando las dársenas y gruas del astillero, desde abril de 2012. El propietario, una empresa alemana que pertenece al grupo ThyssenKrupp, se vio atrapada en un feo asunto, revelador de la corrupción de los gobiernos de Atenas.

En el año 2000 se firmó un contrato de reparación, mantenimiento y remoción de la flota de submarinos de Grecia por un valor de 3.000 millones de euros. Pero esa cantidad no constaba en los presupuestos públicos para no aumentar el déficit contable del Tesoro heleno. Con la crisis, el fraude salió a la luz. El astillero no ha cobrado el monto principal acordado y el Gobierno se justifica alegando que tampoco el trabajo ha sido completo. En medio de este vaivén de reproches y excusas, los trabajadores llevan 20 meses sin cobrar. 

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