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LOS MIGRANTES POR VÍA MARÍTIMA, ¿NÁUFRAGOS O PASAJEROS?

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JUAN ZAMORA 03/01/2019

Blog: "El barógrafo"

Afirma una de las máximas periodísticas fundamentales que los hechos son sagrados y las opiniones son libres. Por decirlo finamente: “Facts are sacred, comments are free”. Tal vez deberíamos añadir una regla informativa elemental a esa máxima: analizar los hechos antes de dar por buenas las interpretaciones que nos suministran las fuentes noticiosas. Veamos un ejemplo.

El pasado 29 de diciembre, el remolcador OPEN ARMS, convertido en transporte de migrantes, llegaba a Algeciras con un número de personas (hombres, mujeres y niños) que oscilaba entre 304 y 311 según las informaciones aparecidas en los medios. La noticia se revestía de grandes dosis emocionales: esas personas habían sido rescatadas en el mar, al norte de las costas libias, tras una sucesión de sufrimientos que incluían violaciones, torturas y todo tipo de extorsiones para llegar a la costa norteafricana desde sus países de origen, mayoritariamente al sur del Sahara. Naturalmente, el buque aparecía como el gran salvador, el desinteresado humanitario dedicado a salvar vidas en el mar.

Ese relato, mirado de cerca, no encaja con los hechos. El OPEN ARMS es un viejo remolcador que carece del instrumental náutico necesario para dedicarse al salvamento de náufragos. Hallar un pequeño bote en el mar, sin que éste emita una señal que permita localizarlo, o sin que desde tierra nos den las coordenadas aproximadas de su situación, resulta tarea poco menos que imposible. Desde el bote no pudieron avisar al OPEN ARMS porque carecía de medios; desde tierra, el aviso no vino de Italia ni de Francia ni de Malta ni, por supuesto, de España. Tuvo que venir de Libia, quizás procedente de los mismos que suministran el bote a los migrantes a cambio de cantidades desorbitadas de dinero. Es un hecho conocido que tanto en Libia como en Marruecos existen “empresas” dedicadas a embarcar a quienes desean emigrar a Europa en busca de una vida mejor. La típica migración económica que la Historia ha contemplado desde antes de que inventáramos la escritura. Nada que ver con guerras, persecuciones políticas u otras historias.

El OPEN ARMS, afirman, intentó descargar el pasaje, hacinado en cubierta en penosas condiciones higiénicas y sanitarias, en Italia, en Malta, y en Francia, pero estos países les negaron la entrada. ¿Unas autoridades desalmadas, o unas autoridades bien informadas respecto a la verdad de las actividades del supuestamente benemérito OPEN ARMS?  

Las imágenes que han suministrado las cadenas de televisión del desembarco de los migrantes no se avienen con el relato de fondo de las gravísimas penurias sufridas. Los desembarcados mostraban la natural alegría por pisar tierra tras un viaje terrible, en condiciones penosas, nada más.

Desde esta plataforma informativa se ha escrito que los migrantes rescatados por las ONGs y ahora por Sasemar no son náufragos. Son migrantes transportados por mar que las “empresas” dedicadas al negocio ponen en una embarcación precaria con la esperanza de que sus avisos sean atendidos y los clientes puedan al fin desembarcar en Europa, o sea en España, donde el buenismo imperante y la falta de rigor nos ha convertido en la mejor puerta de entrada.

Seguramente es cierto que Europa necesita inmigrantes para reponer una población envejecida con pocos hijos. Y desde luego, el salvamento de vidas humanas en la mar es un deber que no admite excusas de ningún tipo. Pero cabe preguntarse si las personas que transporta el OPEN ARMS o las embarcaciones de Sasemar hasta los puertos españoles son náufragos reales. Los países de nuestro entorno, y el análisis racional de los hechos, parecen indicar que son otra cosa.

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