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LOS EXÉGETAS

  • Prestige
  • Entorno marítimo

JUAN ZAMORA 27/11/2013

Blog: "El barógrafo"

Proliferan en toda la prensa de papel y sin papel, española y no sólo española, los artículos que comentan la reciente sentencia de la Audiencia Provincial de A Coruña sobre el PRESTIGE. Todos ellos, salvo muy contadas excepciones, se limitan a repetir las frases de la sentencia que han merecido su atención. Desconocen cómo se produjo el naufragio, ignoran lo que sucedió en el PRESTIGE la tarde del día 13 de noviembre de 2002 y lo que pasó en los seis días siguientes, no tienen una idea clara de lo que es una sociedad de clasificación o de cuál es el papel de las empresas de salvamento y, por supuesto, no saben nada del sumario.

No quiero referirme aquí a los numerosos errores de todo tipo en que incurren esos exégetas, algunos imperdonables, porque el artículo sería largo y aburrido. Y tampoco quiero entrar en las declaraciones, dimes y diretes de los políticos al uso. Pero sí quiero protestar vehementemente contra quienes se limitan a rendir pleitesía acrítica a la sentencia dando por bueno lo que el tribunal expone y confundiendo el texto de la sentencia con la realidad. Esos articulistas confirman la condena al capitán Mangouras por desobediencia aceptando la deplorable argumentación de la sentencia. Y admiten que el buque se averió a causa de su deficiente estado de mantenimiento y conservación, como dice la sentencia, sin saber lo que eso quiere decir. Y repiten que el alejamiento del buque fue una decisión prudente y que el rumbo que se le ordenó era el único posible, pues así lo establece la sentencia, una barbaridad inexcusable. Y cargan las tintas contra ABS siguiendo la incomprensible actitud del tribunal que se lanza a acusar a alguien que no pudo defenderse, ya que así lo decidió el Gobierno español que troceó el proceso y llevó a Nueva York la acusación contra ABS, con la aquiescencia de la fiscalía y de la abogacía del Estado, y la complicidad de la propia Audiencia. Esos exégetas de la sentencia nada aportan al conocimiento de la realidad, sus opiniones carecen de valor, son un simple eco, y sus comentarios sólo contribuyen a difundir una visión del accidente que nada tiene que ver con la verdad. Escribió Marx que sólo los necios confunden valor y precio. Parodiando el aserto podríamos decir hoy que sólo los exégetas confunden la verdad con lo que cuenta la sentencia. Una pena.

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