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LÓPEZ SORS O EL PREJUICIO QUE NOS CONDUJO AL DESASTRE

  • Derecho marítimo
  • Prestige

NAUCHERglobal, Juan Zamora 23/11/2012

El jueves 22 de noviembre empezó el interrogatorio de José Luis López Sors ex director general de la Marina Mercante, en la vista oral del proceso sobre el naufragio del PRESTIGE, una declaración que se prevé larga y espesa, pues a diferencia de los interrogatorios de Mangouras y Argyropoulos, en el caso del ingeniero López, o del señor Sors, que de ambas formas puede llamarse, sobra materia para preguntar sin perderse por los cerros de Úbeda.

El fiscal y los abogados del estado, acusadores del capitán y defensores del Estado, se las vieron y desearon para que el interrogatorio a los marinos del Prestige tuviera algún parecido con un interrogatorio judicial a unos acusados de supuestos delitos. Una y otra vez efectuaban preguntas ajenas al proceso, o preguntas obvias cuya respuesta era del todo innecesaria. En definitiva, interrogatorios chirriantes, entre grotescos y absurdos, agravados por una traducción simultánea plagada de errores.

El interrogatorio del acusado López, o Sors, es otra cosa. A las preguntas del abogado Trepat, de Nunca Mais, respondió el acusado con una serie de balbuceos entre los que quedó meridianamente claro que el director general sabía desde el primer momento, desde antes de conocer qué le pasaba al buque, mucho antes de saber el alcance de las averías del PRESTIGE, lo que había que hacer. Muy sencillo, alejar el buque y hundirlo.

Consecuente con su decisión, López Sors confiesa, con el desparpajo de los fanáticos prejuiciosos, que él no habló con el capitán del PRESTIGE, ni con los armadores, ni había que formar órgano técnico alguno para dirigir la emergencia porque él solo se bastaba para resolver el problema, o sea para hundir el buque. En su versión del suceso va tropezando con sucesivos escollos, que él salva con finura contradiciéndose, falseando la realidad o soltando incoherencias. Que si el rumbo de alejamiento al Prestige lo marcó el capitán del remolcador RIA DE VIGO, que si el petrolero tenía varios mamparos rotos, que si había derramado 20.000 toneladas de fuel de la carga entre el momento de la avería y el momento en que el RIA DE VIGO consigue hacer firme el remolque. Etcétera. Hubo en el impecable interrogatorio del abogado Trepat dos momentos casi sublimes. El primero, cuando justifica la misión a bordo del PRESTIGE del subinspector Díaz Regueiro con la pasmosa teoría de los técnicos funcionales, unos técnicos que no necesitan títulos ni formación específica pues les alcanza con la experiencia, vale cualquiera, y la confianza de sus superiores, la suya, por ejemplo, en el caso del señor Díaz. El otro gran momento se produjo cuando afirmó que marcó el rumbo 330 para alejar el PRESTIGE (aquí se olvida de que antes dijo que ese rumbo lo marco el patrón del remolcador, que según él era el OSC, el On Scene Comander), porque ese era el único rumbo al que el petrolero se movía, a cualquier otro rumbo el buque no andaba, una teoría de ciencia ficción que podría dar juego en una novela fantasiosa.

En los mismos o parecidos enredos se metió el ex director general cuando le tocó el turno al segundo abogado de Nunca Mais, Alejandro Martín, que llevó a cabo un interrogatorio agudo y bien preparado. Aquí se nos mostró en todo su esplendor un López Sors arrogante, con esa prepotencia que caracteriza a los prejuiciosos que van escasos de seso. Él manejó al órgano rector que sobre el papel dirigía la emergencia, un órgano rector que nada tiene que ver con el previsto en el Plan Nacional de Contingencias por Contaminación Marina Accidental (PNC), presidido por un ejemplo cabal de su teoría sobre los técnicos funcionales, el entonces delegado del Gobierno en Galicia, señor Fernández, de modo que formaban parte del tal organismo rector las personas de confianza de López Sors. Por ejemplo, una extranjera -en sus palabras- que al parecer sabía mucho de contaminación. Tal vez eso explique por qué en ningún momento formó parte de ese órgano una persona clave en aquel momento, el director general de SASEMAR, Javier Gárate, capitán de la marina mercante, el gran ausente de este siniestro, a quien el PNC otorga el papel de director de operaciones en la mar.

El abogado Martín logró sacar algunas perlas impagables al acusado López Sors. A mi juicio la más relevante fue la confesión del ex director general de que la reunión técnica del día 19, cuando el PRESTIGE, se había partido en dos y estaba a punto de desaparecer bajo las aguas, no la convocó él, pues él no necesitaba técnico alguno que le aconsejara, sino que  le vino impuesta por el ministro, Alvárez Cascos, sin que él lo supiera. Sus declaraciones sobre la anticipación, una palabra de su gusto aunque no es posible saber a qué hay que anticiparse y por qué; sobre su ignorancia de la deriva de las manchas y de las previsiones meteorológicas para la zona los dias 14 y 15 de noviembre; sus consideraciones sobre rumbos y salvadores; y sus vistosas palabras sobre puertos tolerantes, de conveniencia, como Rotterdam sin ir más lejos, quedarán sin duda en los anales de la comedia marítima.

La sesión acabó con un masaje en toda regla que el abogado de algo llamado Arco Iris tuvo a bien ofrecerle al acusado López Sors, ciertamente magullado por el severo, incluso impío interrogatorio al que le habían sometido sus inmisericordes colegas de Nunca Mais. El presidente de la sala tuvo a bien, ante el mal cariz que tomaba la sesión, interrumpir el masaje, algo impúdico, del abogado de Arco Iris y emplazarnos de nuevo para el martes próximo día 27.

En medio de la tristeza y de la indignación por un proceso inútil y disparatado, este cronista reconoce que en algunos momentos el espectáculo tiene cierta gracia. Maldita la gracia, pero gracia al fin.  

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