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LEYENDO A LA CIAIM

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NAUCHERglobal, Ricardo Enebros 07/09/2015

En una tertulia radiofónica, una de tantas, en la que caí de puro agostamiento, peroraban acerca de la incompetencia instalada en las instituciones, colonizadas, decían, por unos individuos de escasa formación y pocas luces, que se agarran al cargo como las lapas a las piedras, de modo que actúan como si fueran los amos del cortijo, y como tales, a decir de los tertulianos, reaccionaban con furor ante cualquier sugerencia crítica, por nimia que fuera.

Esto último me trajo a la mente el Pleno de la Comisión de Investigación de Accidentes e Incidentes Maritimos, la CIAIM, cuyos informes, aunque de lectura clandestina, están publicados y visibles en su sitio en la red.

Abro uno al azar. Vuelco de la embarcación de pesca EL CALAFU a unas 18 millas al Este del puerto de Taliarte (Gran Canaria) y posterior hundimiento, el 25 de agosto de 2014, un título bien construido. Dice el informe que al parecer..., hay indicios..., es posible..., que la embarcación hundida no se correponda con la que figura en la documentación marítima reglamentaria. Tal sospecha debería haber llevado la investigación a explicarnos cómo se puede producir tal irregularidad, quién y cómo construyó la supuesta nueva embarcación, interrogatorio al armador y examen de la función que cumplen las cofradias de pescadores. Había muchas posibilidades que desvelar. Pero la Ciaim, su Pleno, prefirió añadir a la descripción del naufragio la consabida muleta: la culpa la tuvo la Administración Marítima que debería extremar la supervisión de los astilleros para que un cambio de embarcación como el descrito no pueda suceder. O sea, como si dijéramos que la culpa por un arma modificada la tiene la Guardia Civil, o la Dirección General de Tráfico es responsable de la existencia de coches tuneados fuera de la ley.

En el pasado, la Administración Marítima, dirigida y controlada por las Comandancias de Marina, contaba con celadores de puerto y pesca del cuerpo de suboficiales de la Armada, cuya función era entre otras, llevar a cabo labores de vigilancia del litoral bajo la dependencia de los comandantes y ayudantes de marina. En la actualidad, las Capitanías Marítimas civiles carecen de personal y competencias policiales que excedan el ámbito regulado para la Inspección Marítima. Los miembros del Pleno de la Ciaim conocen, o deberían conocer, esa situación, pero le han tomado afición a tirar contra el pianista.

Excitado por la fijación del presidente del Pleno de la Ciaim en la inalcanzable Administración Marítima, abro otro informe: Vuelco, hundimiento y desaparición de dos tripulantes del pesquero SAFRÁN a 36 millas del puerto de San Sebastián el dia 29 de noviembre de 2014, otro título de buena factura. El cuerpo del informe sugiere de forma reiterada que las normas de estabilidad aplicables a un pesquero menor de 20 TRB pudieron haber influido en el accidente. O sea, vendría a decir el informe, sería necesario cambiar esas normas (aborrezco la palabra “normativa” cuando se refieren simplemente a una norma jurídica) para mejorar la seguridad de esas embarcaciones. Sin embargo, el Pleno aporta al final del informe una frase/coletilla de redacción manifiestamente mejorable: No se han formulado recomendaciones de seguridad. Una conclusión asombrosa si tenemos en cuenta la cantidad de pesqueros que se hunden por problemas de estabilidad. Tal parece que si no hay agua para lanzarse contra la Administración Marítima, la Ciaim no considera conveniente abrir la boca. Destacable también en el informe la insinuación de que un cambio de motor, con cinco kilos de diferencia entre uno y otro, pudiera incumplir lo establecido en el Real Decreto 543/2007, una insinuación sin fundamento ni relevancia alguna para explicar el accidente del SAFRÁN.

Una lástima que una institución tan importante y necesaria para mejorar la seguridad marítima se haya convertido en un pesebre donde unos cuantos fatuos –hay excepciones- entretienen su indigencia intelectual. Con el plácet del Ministerio de Fomento, por desgracia.

 

 

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