Volver al listado de noticias

LAS PALABRAS DE LA ALCALDESA COLAU

  • Náutica de recreo
  • Puertos
  • Entorno marítimo

JUAN ZAMORA 12/07/2015

Blog: "El barógrafo"

Las palabras las carga el diablo, no son inocentes. El lenguaje que utilizan los políticos revela no sólo su nivel cultural, también y principalmente revela su inclinación ideológica. El marxismo se caracterizaba por una profusión de términos bélicos y metáforas de campo de batalla: la lucha, las trincheras (de clase), el enemigo, la batalla, la guerra, las fuerzas, la fuerza, vencer... La palabra “pueblo”, el término más manoseado del diccionario en los períodos electorales, se convierte en un totem para los partidos populistas y para cierta izquierda. Los liberales más o menos conservadores prefieren hablar de sociedad.

En general, los conservadores, de izquierda, de centro o de derechas, se cuelgan de un lenguaje técnico emparentado con la economía, la estadística y la sociología.

Además en cada época aparecen determinadas palabras que se convierten en iconos: proceso, proyecto, avance, camino (o ruta), objetivo, programa...

Buena parte de la escena pública se nos presenta ahora protagonizada por algunos políticos improvisados de carrera meteórica. La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, por ejemplo.

El pasado viernes 10 de julio, el diario Marítimas, editado en Barcelona, publicaba en páginas enfrentadas sendos textos de la alcaldesa y del presidente de la Autoridad Portuaria, Sixte Cambra, al respecto del llamado puerto/ciudad.

El lenguaje de la alcaldesa está construido con 20 euros de contracultura y algunas gotas de izquierdismo no siempre infantil. El resultado es patético, pues leyéndola se tiene la sensación de que se deja mecer por sus expresiones, campanudas y sin contenido comprensible.

Escribe la señora Colau que uno de sus objetivos es desarrollar un plan estratégico del frente marítimo, abrir todos los canales necesarios para que el puerto dialogue con la ciudad. No explica en qué ha de consistir ese diálogo, ni cómo lo logrará, ni siquiera lo que quiere decir en realidad, si es que quiere decir algo. Sucede lo mismo con la cantinela modelo de ciudad, una frase que repite con fruición sin que nadie sepa a qué se refiere, probablemente porque ni ella lo sabe. Esa ausencia de concreción constituye tal vez la característica más notable de la señora Colau. La palabrería es para ella una marca de clase.

Volvamos al texto que firma la alcaldesa de Barcelona. Hablando del patrimonio del frente marítimo, afirma que es nuestra voluntad iniciar un proceso con todos los actores que intervienen en esta zona, incluido el puerto. Obviemos el olor a rancio que despide la formula Es nuestra voluntad y pasemos por alto su condescendencia con el puerto (titular por cierto de la mayor parte de ese patrimonio), para detenernos en otra de las cantinelas de la alcaldesa: su continua invocación a una participación ideal del pueblo, ora en forma de todos los actores, ora en forma de la ciudadanía, ora en forma de los vecinos y vecinas. El pueblo es el que pide y justifica sus propuestas, sostiene la señora Colau, ella sería sólo una receptora, una medium.

Llama la atención, y sorprende, que una alcaldesa que gobierna con una sensible minoría (11 de 41), en ningún momento se digne siquiera mencionar a los partidos de la oposición (Convergencia, Unió, Ciutadans, Esquerra Republicana, CUP, Partit Popular...). Ella apela siempre al pueblo, con el que al parecer tiene hilo directo para saber de sus deseos y objetivos, una relación de la que, como es bien sabido, alardean todos los autócratas.

¿Propuestas concretas de la alcaldesa? Pocas. Que quiere mandar en buena parte del puerto; que cree necesario un plan de puertos deportivos de Barcelona con el propósito de ¡distribuir los barcos por eslora y recuperar las concesiones administrativas! -objetivos que se dan de patadas entre ellos y con la libertad de los usuarios- y que se propone trabajar con el puerto de otra manera a la que se ha estado haciendo. ¿Alguien sabe de qué otra manera?

Las palabras sonajero y esas frases pomposas suelen resultar en la agitación callejera, pero no sirven para gobernar. Confío que la señora Ada Colau lo aprenda antes de que los ciudadanos descubran que es, como en el cuento de Andersen, una simple reina desnuda.

 

Buscador

Introduzca los términos de búsqueda