Volver al listado de noticias

LAS OCURRENCIAS DE GALA PIN Y LAS LANGOSTAS

  • Entorno marítimo

JUAN ZAMORA 21/03/2019

Blog: "El barógrafo"

La señora Pin, doña Gala, concejal del ayuntamiento de Barcelona, ha tenido una ocurrencia, nada especial, una de las suyas. Entrenándose para poeta bíblica se le ha ocurrido una metáfora: los turistas que visitan Barcelona en barcos de crucero son “una plaga de langostas que devoran el espacio público y se van”. Entrevistada por el diario “Ara” el pasado 18 de marzo, añadió que su deseo es que la autoridad portuaria deje de mandar en los espacios portuarios que a ella le interesan y le dejen decidir a ella, que sabe mucho, es muy lista y ya ha aprendido que lo de babor va a la izquierda, según se mire.

La ocurrencia de doña Gala ha sembrado el desconcierto en los ámbitos marítimos de Barcelona, mal acostumbrados a propuestas más sensatas y consistentes. No comprenden el cerebro de doña Gala, porque la doña sabe que esa metáfora es un mueble que podemos colocar donde nos plazca: son langostas todos los turistas, son langostas la mayoría de los políticos y son langostas todos los puertos y todos los comerciantes del mundo, pues de todos ellos puede predicarse que devoran el espacio público (y privado en el caso de los políticos como la doña sabe por propia experiencia), y se van cuando les conviene.

Esta evidencia nos pone en la pista de los recovecos del cerebro de la señora Gala Pin. ¿Por qué dedica la metáfora de la langosta a los cruceristas, y no a los políticos, por ejemplo, cuya acción, como ella sabe perfectamente por ser activista contra, son mucho más devastadores para la sociedad? Más en concreto, ¿por qué le duelen los barcos y el puerto la pone de los nervios?

Consta que la obsesión de la doña por los barcos y los puertos ya ha tenido serias manifestaciones en el pasado: recordemos, por ejemplo, su manía contra el Port Vell que disimulaba bajo aquel eslogan (Defensem el Port Vell), que ocultaba de manera tan vergonzante sus verdaderas intenciones, que no eran defender sino destruir. Tengamos en cuenta también que la señora suele trasladar su neurosis aversiva a cuanto tiene relación con los barcos y el puerto, cómplices necesarios de las langostas, las golondrinas y demás devoradores.

Estamos pues ante un caso patológico ante el que debemos hallar alguna solución más allá de que en las próximas elecciones la señora Pin se vea obligada a manifestar sus obsesiones desde otros ámbitos distintos a la política municipal. Y no se me ocurre ninguno mejor que inscribirla en ese grupo de nautas sabios e irreductibles dirigido por Adolf Romagosa, “Desayunos itinerantes”, donde sin duda hallará doña Gala Pin consuelo a sus manías y alivio a sus pesadillas. Y de paso aprenderá, sin ir más lejos, que estribor cae a la derecha mirando de popa a proa. 

Buscador

Introduzca los términos de búsqueda