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LAS OBSESIONES DEL GRUPO COLAU

  • Infraestructuras portuarias
  • Puertos
  • Entorno marítimo

JUAN ZAMORA 09/09/2015

Blog: "El barógrafo"

Una característica de los dirigentes mediocres es su inclinación a crear problemas donde no los hay. Unas veces se inventan el problema para dar la impresión de que están despiertos y alerta; otras, por pura necedad; y aún otras por el cálculo del rédito que obtendrán cuando den por acabado el problema que sólo existía en su magín. Pongamos que hablo de directivos de empresa -los hay, aunque no son muchos- y, por supuesto, de políticos con mando.

El grupo que dirige ahora el Ayuntamiento de Barcelona (llamarles equipo sería quizás una exageración) filtró en exclusiva a El Periodico, diario de información general, una noticia que no era noticia y que había que leer como una amenaza o al menos como un aviso a navegantes: el ayuntamiento auditará el impacto económico y la contaminación de los cruceros que llegan al puerto de Barcelona. Se publicó en portada, a toda página y arriba, el pasado 27 de agosto. En el interior se venía a decir que lo del impacto económico positivo del tráfico de cruceros (una de las joyas de la corona del puerto de Barcelona), resultaba dudoso y que la contaminación que producían los buques de crucero era una carga muy seria para la ciudad. O sea que amenazaban con meter mano.

La portada de El Periódico causó más que estupor en quienes han trabajado y trabajan por traer a Barcelona el máximo número posible de cruceros, convencidos por la evidencia del considerable beneficio que suponen para el conjunto de la ciudad. Todos los puertos del mundo batallan por atraer el tráfico de cruceros, y eso vale para los puertos españoles, incluidos los puertos catalanes.

Como demuestran los datos aportados por el estudio que la Autoridad Portuaria de Barcelona encargó a un equipo de la Universidad de Barcelona el pasado año (ver noticia relacionada), los buques de crucero dejan en la economía de la ciudad una significativa cantidad de dinero, amén de estimular y catalizar nuevas actividades económicas, a un coste medioambiental y social (congestión y contaminación) irrisorio, tanto en términos absolutos como si lo comparamos con otras actividades del sector turístico y del sector transportes. El grupo Colau seguramente ignora las reglas del Anexo VI del convenio Marpol y las normas europeas para reducir las emisiones de gases contaminantes a la atmósfera desde los buques, un conjunto normativo mucho más estricto del que está vigente en los otros modos de transporte.

Quiero creer que el grupo Colau aprenderá y que la inacción, las bobadas y los despropósitos que han jalonado estos tres meses de mando en plaza se acabarán y se dedicarán a arreglar los problemas ciudadanos de los habitantes de Barcelona en vez de inventarse historias sacadas de sus viejos prejuicios y de su desconocimiento de la realidad.

La señora Colau y su concejala del distrito de la Barceloneta, la señora Gala Pin, conservan del puerto la imagen que se forjaron como activistas del infantilismo: un territorio comanche de oscuros intereses, negocios millonarios sospechosos, lujos asiáticos y personajes malvados. Entre eso y el mal consejo de algunos freakis en busca del cargo perdido, llegaron en su día a desbarrar de lo lindo contra la reforma de Marina Port Vell: que si privatización del puerto, que si atentado a la seguridad marítima y cosas así.

Conservan todavía algunos pelos de esa dehesa y de ahí la imprudente amenaza a un organismo, el puerto, que, sin duda mejorable, muestra una gestión y un comportamiento por encima de la media de organismos y empresas públicas y privadas. Y que además funciona.

 

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