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LAS EMPRESAS DE REMOLCADORES DEL PUERTO DE BARCELONA, LA CODICIA Y LA SEGURIDAD

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NAUCHERglobal, Ricardo Enebros 13/05/2014

Desde hace más de cuarenta años, el servicio de remolque en el puerto de Barcelona lo realizan dos empresas. Una de ellas, Rebarsa, fundada en 1886, estuvo vinculada a la corporación de prácticos hasta que, por imperativo legal, a principios de los años noventa del pasado siglo XX, éstos tuvieron que desprenderse de su participación societaria. El comprador fue la constructora ACS.

La crisis de la construcción en España ha obligado a las grandes empresas del sector a desprenderse de determinados activos que no forman parte nuclear de su gestión, de modo que en 2011, ACS vendió sus acciones en Rebarsa a una empresa creada el día antes, diríase que ex profeso para hacerse con el negocio del servicio de remolque del puerto de Barcelona, la Compañía Ibérica de Barcos Remolcadores, SL, constituida en mayo de 2011, con Juan Fierro March de administrador mancomunado y Álvaro Pérez Maura como miembro del consejo, presencia ésta última que permitía inferir la presencia de Pérez y Cía en la jugada. La Ibérica está participada por Remolcadores Unidos (RUSA), un holding que abraza diversas empresas de remolques y servicios portuarios. En junio de 2011, un mes después de la constitución de la Ibérica, la Autoridad Portuaria de Barcelona (APB), aprobaba la subrogación de los derechos de ACS en Rebarsa a favor de la nueva compañía.

Desde su desembarco en Cataluña, la Ibérica, escoltada por la Sociedad Anónima de Remolcadores (la empresa que comparte con Rebarsa la UTE concesionaria del servicio de remolque del puerto del Barcelona), ha centrado sus objetivos en ganar más dinero, a toda costa y caiga quien caiga.  Nada original o innovador. La moda impuesta por banqueros y sedicentes financieros, sólo atentos a desorbitar su fortuna personal, en aras de cuyo incremento sacrifican los derechos laborales de los trabajadores y la seguridad de sus actividades, campa por sus respetos bajo la atenta mirada al horizonte de las autoridades de turno.

Como con los bancos y sus intereses y comisiones no pueden, y tampoco les es permitido regatear tasas, impuestos, primas de seguros y precios del combustible, las empresas de remolcadores han optado por la vía que menos peaje paga, palo a los trabajadores, y han puesto encima de la mesa un abanico de propuestas para abaratar los costes salariales: reducir aún más las tripulaciones; aumentar los días de guardia; variar el sistema de turnos de trabajo con el propósito de disminuir la nómina de personal; etc. Entre medias, algún despido y algunas jubilaciones sin reposición de personal. Nada nuevo, insisto. De tanto repetirse nos parece normal que las fortunas sean cada día más grandes y el trabajo más escuálido. El dato cierto es que las desigualdades sociales están disparadas, un negro presagio para el futuro.

Pero en el caso de los remolcadores, el motivo de mayor preocupación que suscita el empeño empresarial tiene que ver con la seguridad (safety no security) marítima y portuaria. Pensar que un remolcador con dos tripulantes puede desempeñar su función con garantías es ignorar los riesgos severos que ésta comporta. Pretender que en el puerto de Barcelona una tripulación aguante una jornada continuada de doce días de veinticuatro horas significa desconocer que la fatiga es la causa de la mayoría de accidentes laborales y marítimos atribuidos por la literatura servicial a un abstracto “factor humano”.

Hemos visto no pocos accidentes en maniobras portuarias, menores, sólo con daños económicos, que un análisis algo riguroso hubiera detectado que se debió a un fallo del remolcador (menos personal, menos mantenimiento; menos tripulación, menos capacidad de hacer frente a un problema imprevisto). Hemos contemplado buques dando vueltas frente a la entrada del puerto porque no había remolcadores o/y práctico disponible (menos personal, más beneficio).

Es de necios creer que los beneficios empresariales han de crecer cada año, todos los años. Necio, inmoral y ruinoso a largo plazo. Y no es admisible que la cuenta de resultados, más dinero a quienes más dinero tienen, cabalgue desbocada a lomos de la seguridad de los trabajadores y de los ciudadanos. El ejemplo del ferry coreano SEWOL, un caso típico de avaricia empresarial y desidia de las autoridades, más de trescientos muertos, debería servirnos de lección.

 

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