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LA VERGÜENZA DE LOS BARCOS RUSOS ABANDONADOS EN CEUTA Y AVILÉS

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NAUCHERglobal, Juan Zamora 13/08/2018

El granelero ZAPOLYARYE, de bandera rusa, propiedad de Murmanks Shipping Company (antigua Murmansk State Dry-cargo and Passenger Shipping Company), llegó a Ceuta a principios de julio con 23.000 toneladas de sal cagadas en Tarragona con destino al puerto británico de Teesport. Su intención era hacer combustible, pero sigue allí, fondeado, sin combustible y sin consignatario, con el armador que no sabe, no contesta. Construido en 2008 con 23.645 toneladas de peso muerto, 190,5 metros de eslora y 22,9 metros de manga, forma parte de una serie de cinco buques gemelos, serie llamada GRAMONT, construidos en China entre agosto de 2006 y mayo de 2009.

En parecida situación se halla otro bulkcarrier de la serie GRAMONT, el SEVERNAYA ZEMLYA, construido en 2009, atracado en Avilés desde mayo y embargado por una deuda de combustible. Ambos buques tienen a bordo 20 tripulantes en una situación de incertidumbre angustiosa. Además, la dotación del ZAPOLYARYE, en Ceuta, ha tenido que ser asistida por la Cruz Roja para que les suministraran provisiones y el combustible imprescindible. La mayoría de ellos ya han cumplido el periodo de embarque reglamentario y han pedido el relevo a la compañía, que ni siquiera ha respondido, que se sepa.

En los dos casos está actuando la ITF, cuya delegada en España, Luz Baz, en contacto con los tripulantes, ha movido cielos y tierra, sobre todo en el caso del ZAPOLYARYE, para conseguir que la naviera se responsabilice de la situación y, al menos, dé salida a los tripulantes. Llamadas y faxes a la naviera, al seguro P&I, a la embajada rusa y a todas las autoridades marítimas y portuarias españolas que pueden contribuir a paliar el problema. La respuesta más efectiva la ha hallado en el capitán marítimo de Ceuta, Ángel Fernández Lera, un marino con sensibilidad y amplia experiencia sindical, pues fue dirigente del Sindicato Libre de la Marina Mercante a finales de los años setenta.

A pesar del avance considerable que siguió a la entrada en vigor del Convenio OIT sobre el trabajo marítimo (Maritime Labour Convention, MLC), todavía demasiados armadores consideran que el buque es un número, una inversión, una estadística y un activo de la sociedad. Ignoran que todo eso valdría muy poco más de cero, nada, sino hubiera a bordo unos/as tripulantes que convierten los hierros flotantes en transporte marítimo y riqueza comercial. Maldita ignorancia.

Puede ser el caso de Murmanks Shipping, que ha comprometido cuantiosas inversiones en buques nuevos en los últimos diez años y ahora se halla metida en problemas por el bajo nivel de los fletes de la carga seca. El director general de la naviera, Alexander M. Bryntsev, debería saber que son más o menos comprensibles los problemas económicos y de tesorería -problemas compartidos con otros muchos armadores- pero resulta inadmisible que deje abandonados a los tripulantes con cuyo trabajo se ha hecho grande la empresa. Y si no lo sabe o mira hacia otro lado, las autoridades rusas, las autoridades españolas y las compañías de seguros deberían hacérselo saber. La indignidad de abandonar a los/las tripulantes en puerto extranjero constituye un delito que, más allá del Derecho positivo, avergüenza a la sociedad.

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